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Tierra trágame: 30 confesiones bochornosas de la cena de Navidad de empresa

Una treintena de trabajadores cuenta en qué momento se torció aquella fiesta que parecía de confraternización. Y lo peor no fue eso: lo peor llegó el día siguiente

cenas de empresa navidad
En la imagen, una fiesta que se va de madre en la serie 'Los Goldberg' (2013). Cordon

Es tiempo de celebraciones, pero Salvador Prado (42 años), que trabaja de comercial en una compañía, tiene claro que ya no asistirá a ninguna cena de empresa por Navidad. Bajo la manga guarda la excusa para el jefe: necesita quedarse en casa con los niños porque su mujer tiene turno de noche. Salvador confiesa que, al igual que muchos de sus compañeros, antes acudía a estas celebraciones por: a) conseguir acumular méritos para ascender; o b) ligarse a alguna compañera simulando el capítulo Blanca Navidad de la serie británica Black Mirror. Ahora aborrece estas fiestas porque nunca consiguió sus propósitos. “Se suelen caracterizar por menús caros en relación calidad/precio que la empresa ya no paga; algún desorden etílico con o sin consecuencias posteriores; intentos imposibles o muy improbables de seducción con colegas de trabajo, e inevitables resacas al día siguiente de una noche forzada e inacabable”, retrata.

Pero, ¿Salvador está haciendo bien al desmarcarse de su cena navideña de empresa? “No conviene asistir a estas fiestas con unas expectativas muy altas. Al día siguiente, hay que asumirlo: la marcha y la gente será igual que el resto del año en el trabajo”, señala el psicólogo Jorge Barraca.

El fenómeno contrario a la actitud de Salvador está en asistir a las cenas de trabajo por temor a ser tachados de herejes en su empresa. “El alcohol suele ser la excusa para que, en lugar de contenerse, la tensión aumente y se pierdan los papeles. Pero no es por la bebida, también por el clima de imposición. Y no solo los empleados se la juegan. Los jefes ponen en riesgo su autoridad si no saben comportarse, al ser mirados también con lupa”, subraya el psicólogo Barraca.

Una vez que ya has decidido ir hay que tomar alguna precaución. Hay dos palabras clave: mesura y prudencia, tanto con las copas como en los temas de conversación. “No hay que pasarse con el alcohol. Lo normal es una cerveza como aperitivo, una copa de vino para la comida o la cena y una de champán para el brindis. Quien no esté acostumbrado a beber, mejor un refresco para el aperitivo y solo necesita mojarse los labios con el vino o el champán y tomar agua", aconseja María de la Serna, técnico en Protocolo y Relaciones Institucionales por la Escuela Internacional de Protocolo y coautora de Protocol Bloggers Point.

Pero todas las comidas o cenas de empresa tiene un gran peligro: qué pasa después de los postres. "La cena llega hasta el postre y el brindis. A partir de ahí no debería considerarse cena de empresa, por ejemplo, ir a un karaoke. Entonces hay que tener aún más cuidado que en la cena, porque seguir la juerga en otra parte hace más difícil mantener la compostura”, advierte De La Serna.

Y aquí, cuando se alarga la cena, entran en juego las historias con chicha. Unas divertidas, otras con final dramático, algunas ridículas y las más cuando es mejor olvidarlas.

Estos valientes se han atrevido a compartir sus historias. Los apellidos están omitidos por deseo de los participantes.

1. Enrique, 49 años, médico: “Trabajo en un centro de salud. Hicimos la cena de Navidad en un restaurante cercano. Todo el personal del restaurante (cocineros, camareros, servicio de limpieza...) eran pacientes nuestros. Claro, nos emborrachamos y dimos un buen espectáculo, bailando y haciendo tonterías... delante de nuestros pacientes. Al día siguiente, en la consulta, nos queríamos morir de vergüenza. Los pacientes se lo tomaron mejor y nos miraban con cara de "ya te vale, como estabas anoche, doctor".

2. Miguel, 46 años, relaciones públicas: “Las palabras del presidente de la firma durante el brindis de una cena navideña fueron míticas. Para que le atendiéramos, dio con el cuchillo en la copa y la rompió. Le saltaron unos cuantos cristales, y hubo que llevarlo de urgencias para darle puntos. Desde entonces aquella anécdota se conoce como: 'El día del discurso ensangrentado".

3. Ana, 37 años, ingeniera: "Siempre recordaré esa cena de empresa. Me enrollé con mi compañero de trabajo. Ahora ya no trabajamos en el mismo sitio. Pero llevamos siete años juntos y acabamos de tener a nuestro primer hijo".

4. Raúl, 32 años, abogado: “En la última cena de empresa me tocó sentarme al lado de una chica muy atractiva a la que no recordaba haber visto por la oficina. Como la empresa cambia de becarios cada dos por tres, pensé que sería la nueva persona en prácticas. Después de varias copas empecé a tirarle los trastos. Cuando me levanté para ir al servicio, uno de mis compañeros me avisó de que era la hija del director general. El resto de la noche no me atreví a mirar a la cara ni a ella ni al director general, que estaba sentado cerca y seguramente había oído toda la retahíla que le solté a su hija”.

5. Juan, 29 años, consultor: "Esta historia siempre será un misterio. En el edificio donde trabajamos tenemos un expositor en la planta baja. Al día siguiente de las copas de empresa la señora de la limpieza se encontró un tanga allí colgado. Nunca se ha descubierto a la dueña o el dueño".

6. Laia, 33 años, responsable de marketing: “Trabajaba la comunicación de una empresa de champán. Para las fiestas navideñas nos obsequiaron con una cata de sus champanes. La directora de cuentas, que llevaba tres semanas en la compañía, se emborrachó y continuó la fiesta con los clientes. Al día siguiente tenía reuniones de trabajo, pero no apareció por el despacho. Dos días después dijo que había estado con ellos de fiesta en un hotel y que se habían encontrado a Amancio Ortega, con quien habían salido de fiesta hasta muy tarde. Según ella, estaba haciendo relaciones públicas. Según el jefe, estaba despedida. Nunca se supo si lo de Ortega fue real o una excusa”.

7. Luisa, 32 años, comercial: “En mi departamento siempre se celebra un karaoke porque a los cuatro jefes que tenemos les encanta. Se dedican a destrozar temas de Sabina y Rocío Jurado, con los curritos haciendo los coros. Lo peor es que debemos poner dinero: 10 o 15 euros por cuatro bandejas cutres de canapés, y el alcohol aparte. Supuestamente, la empresa financia la fiesta a razón de 20 euros por persona. Lo bueno es que genera un nexo de unión con los compañeros sufrientes”.

8. Mario, 36 años, ingeniero: “Cuando trabajaba en una compañía telefónica en Escocia se celebró una megafiesta de fin de año con los compañeros con una barra libre. En Escocia el alcohol es muy caro y la gente bebe mucho. Fue un desparrame increíble: todo el mundo estaba borracho de caerse. Una de las jefas se metió en un baño con un par de empleados. Alguien los vio y lo contó. Ella cambió de departamento y a ellos, que trabajaban juntos, se les separó y cambiaron de área. No se les volvió a ver juntos”.

9. Julio, 44 años, contable: “A un compañero no se le ocurrió otra cosa que grabar un vídeo pretendidamente humorístico con otros dos compañeros. Era una patochada de musical donde criticaban lo rápido que había ascendido una chica que acababa de entrar en la empresa. Es la típica cosa que se le ocurre al macho alfa cuando está borracho. El vídeo no hizo gracia al director de la empresa y desembocó en el despido de los tres”.

10. Inés, 38 años, administrativa: “Éramos 30 y habíamos concretado el menú con dos semanas de antelación en un restaurante. Llamamos un día antes para avisar de la baja de varias personas, pero no pudimos hablar con ellos. Pensamos que se debía a que estarían liados por las fechas que eran. Cuando nos presentamos el día de la cena, el restaurante había cerrado y no nos habían avisado. Terminamos cenando en un Burger King porque fue imposible encontrar ningún otro sitio”.

11. Santiago, 39 años, informático: “Un compañero se lió en dos cenas de Navidad distintas con dos compañeras. Este año estamos esperando a ver con quien se lía... Por cierto, el tipo tiene novia”.

12. Daniel, 47 años, contable: En una de mis primeras cenas de empresa, la directora del equipo, que era una crack, se subió borracha a un escenario en un karaoke, y se insinuó a lo bestia a varios compañeros. Al día siguiente se escondió una semana en el despacho”.

13. Alejandra, 45 años, enfermera: “Una celadora llevaba nueve meses de baja por problemas de espalda y cadera. Al menos eso se suponía. Asistió a la cena de Navidad, porque nunca se pierde una fiesta. Intentaba controlarse negándose a bailar porque, decía, le dolía la espalda. Al final, bailó una canción y estuvo más de tres horas de bailoteo, con unos tacones de palmo. Fue la reina de la pista. Después de la cena, siguió de baja unos meses más...”.

14. Manuela, 52 años, ginecóloga: Una enfermera, casada con un médico de su mismo hospital, acudió sin su marido a la cena de trabajo. Allí ella y otro médico del mismo departamento que su marido comenzaron a coquetear. La cena se celebraba en un hotel, en el que este médico, que vivía en otra ciudad cercana, había reservado habitación para quedarse a dormir. Los dos tortolitos, bebidos, subieron a la habitación. Pero otro de los compañeros avisó al marido, que se presentó en el hotel y los pilló en el pasillo. Se liaron a tortas. Intervino la policía local, pero la fiesta siguió para los demás”.

15. Micaela, 48 años, secretaria: “Unos responsables de departamento presumían en una comida navideña ante el jefe de los logros de sus respectivas áreas en facturación y ventas. El presidente de la empresa interrumpió la conversación, hizo venir al de contabilidad y le pidió que diera las cifras por departamentos. Allí, en la comida de empresa. Los números no eran los mismos de los que presumían. Desde ese momento se respiró mucha tensión en la comida”.

16. Jaime, 43 años, maestro: “Era una cena navideña con la directora del colegio. Ella era un personaje peculiar, muy mandona y malhumorada. No dejaba pasar ni una. No estaba acostumbrada a beber y se emborrachó con la primera copa. Empezó a tirar los trastos a todos. Nos sorprendió mucho. Pensamos que a lo mejor le hacía falta este tipo de encuentros para convertirse en una persona normal. El primer día de clase tras las fiestas, un profesor le preguntó si había dormido bien después de la juerga. La directora, con mirada asesina, le fulminó: ‘Una cena es una cena, aquí estamos trabajando’. Volvió a ser la misma de siempre”.

17. Antonio, 54 años, marketing: “En la cena, el jefe se pasó la noche contando chistes rancios. Una de las compañeras no pudo más, se levantó y pidió permiso para irse alegando no poder seguir escuchando tanto chiste machista. Nos dio una lección a los demás”.

18. Francisco, 55 años, cajero de banco: “Uno de los jefes y una empleada, solteros ambos, mantenían una relación en secreto. Durante la cena, ella iba varias veces al baño y él salía constantemente a fumar. Unos compañeros decidieron seguirles y le pillaron besándose en el pasillo de la cocina del restaurante. Desde ese momento oficializaron su relación”.

19. Pedro, 41 años, agente inmobiliario: “Me fui de cena de empresa la noche de un viernes. Bebí más de la cuenta, pasando el punto de no retorno. Cuando me levanté a la mañana siguiente, tenía un mensaje de WhatsApp de mi mejor compañero de curro: '¡Uf, la que liamos! ¿Estás bien?'. Respondí: 'Sí. Pero, ¿qué pasó?'. Me dijo con un emoticono de risa tronchante: 'Ni idea. Suerte'. Decidí que no quería saber lo que pasó. Y así sigo. Gracias, Juan, por no contármelo”.

20. Adela, 45 años, administrativa: “Durante el baile en una discoteca después de la cena, nos habíamos quedado unos cuantos compañeros y un par de jefes. Un empleado, borracho, le pellizco el culo a una compañera y ella le devolvió un bofetón. Al día siguiente, ella se dirigió al comité de empresa y a él le echaron a la calle”.

21. Luis, 41 años, rehabilitador físico: “En una cena de empresa del hospital, el jefe se presentó con dos chicas que acaba de conocer en un bar. Así lo justificó: ‘Total, aquí hay comida para muchos y así no las tengo que invitar yo a cenar”.

22. Vicente, 39 años, publicista: “Un grupito de un departamento, hartos de los precios del bar del hotel donde se celebra la cena, cargaron el maletero de uno de los coches con neveras y bebida, en plan botellón. De tanto en tanto, salían del bar a tomarse una copa fuera. Dijeron que fue el propio hotel que, viendo las idas y venidas, llamó a la Policía Local. También había algún porro por ahí. La policía les multó a todos. Los de dentro ni se enteraron”.

23. Ángela, 43 años, directora de comunicación: “En una gran empresa de muchos empleados y diferentes departamentos, nos reunimos en una cena y empezamos a gritar 'que se besen, que se besen’ a los jefes de dos departamentos. Tenían una relación. Todos lo sabíamos, pero ellos no sabían que estábamos al tanto. Ahora ya no están juntos”.

24. Marina, 45 años, secretaria: “El presidente de mi empresa es famoso por torturar con un discurso interminable al becario de turno la noche de la cena de Navidad. Esta tradición le hace gracia a todo el mundo menos al pobre becario, que debe aguantar estoicamente la charla mientras ve cómo el resto bebe, baila y se divierte. Para evitar que el becario se escaquee de la cena ante tal panorama, evitamos mencionarle el tema del discurso y las semanas previas a la cena las dedicamos a hablar de lo bien que lo pasamos siempre en la cena de empresa”.

25. Sergio, 37 años, periodista: “Lo más surrealista que me ha ocurrido durante una cena de Navidad fue acabar sujetándole la chaqueta a mi jefe mientras vomitaba en la calle. Yo sólo pensaba en lo incomodo que iba a ser verle al día siguiente en la redacción, pero él hizo como si no hubiera pasado nada y nunca se volvió a hablar del tema”.

26. Álvaro, 35 años, ejecutivo de cuentas: "Después de la cena dos de los directores de la empresa, bastante bebidos, se liaron a tortazos limpio por una de las trabajadoras. Fue vergonzoso, a la par que divertido. Lo cierto es que el lunes aparecieron los dos con secuelas, pero como si nada. Todavía siguen trabajando en la misma empresa".

27. Mateo, 54 años, empresario: "Después de la comida de empresa, nos fuimos a un local a tomar la última. No me acuerdo de cuantas más cayeron, ni de la hora a la que llegamos finalmente. Resulta que había quedado con mi pareja para hacer algo que no recuerdo. Dormí en el jardín de casa".

28. María, 30 años, diseñadora: "Sin duda, eran las dos personas que peor se llevaban de la empresa. Siempre estaban peleándose, en plan competitivo. Creaban un ambiente raro a su alrededor. Y el día de la cena de Navidad, se sientan juntos en la mesa, se van juntos y... después de dos años, siguen juntos".

29. Sergio, 28 años, en paro: "Hace un par de años, cuando trabajaba en una tienda de deporte, me tocó sentame al lado de mi jefa en la cena de Navidad. Jamás había cruzado más de dos frases seguidas con ella, pero esa noche estaba especialmente animada y empezó a contar batallitas. Comenzó hablando de lo típico: anteriores trabajos, trifulcas entre jefes que ella había presenciado, famosos a los que había atendido en la tienda... Pero ya en los postres, mientras engullía un tiramisú que casi expulso por la nariz al escuchar lo que me dijo, soltó la bomba. Me contó con orgullo que ella había sido portada de la revista Interviú ¡como la mismísima Marisol! En ese momento me hizo gracia, al día siguiente no sabía cómo mirarla a la cara...".

30. Lorena, 37 años, diseñadora: "En la cena del año pasado, con unas cuantas copas de más, he de dedir, me pareció muy divertido comerle el cuello a uno de mis compañeros delante de todo el mundo. La gracia estaba en que mi compañero es gay y nadie más lo sabía en la oficina, por lo que se quedaron atónicos al verme lanzarme a su cuello. Como suele pasar en estos eventos, lo que te hace gracia por la noche al día siguiente te pasa factura. Me convertí en la comidilla de las siguientes semanas y ahora que estamos a punto de celebrar la Navidad de este año ha vuelto a resucitar el tema y me preguntan si repetiré el numerito".

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