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Paul Dano: sí, su cara te suena

Hugh Jackman le torturaba en ‘Prisoners’; en ‘Pozos de ambición’, Daniel Day-Lewis le destrozaba el cráneo, y le mutilaban hasta las cejas en ‘Looper’. Normal que este neoyorquino se haya pasado a la dirección con ‘Wildlife’. Si recibe más palos, que sean de los críticos

Paul Dano posa durante el Festival de Cannes, con pinta de estar recién duchado. A esta distancia casi podemos sentir lo bien que huele el hombre.
Paul Dano posa durante el Festival de Cannes, con pinta de estar recién duchado. A esta distancia casi podemos sentir lo bien que huele el hombre.

Con su querencia por los personajes atormentados, vulnerables o directamente tarados y su pasmosa convicción al darles vida, Paul Dano (Nueva York, 1985) no solo ha construido algunos de los retratos más lacerantes de la última década en Pozos de ambición (2007) o Doce años de esclavitud (2013), sino también las secuencias más abrumadoras, un estimable puñado de minutos de gloria más allá del umbral entre la pericia y la magia. Y lo ha hecho a las órdenes de los que otrora fueran los outsiders más virtuosos y devastadores (Dios los cría y ellos se juntan), cuyas películas (del Incendies, de Villeneuve, al Hunger, de Steve McQueen) revelaban maneras que no pasaron desapercibidas en Hollywood. Lo difícil no es rodar con un genio (que también), sino saber reconocerlo cuando asoma la cabeza. En el caso de Dano, la confianza siempre ha sido recíproca.

No son, sin embargo, sus dotes como actor las que nos han traído a la soleada terraza del lujoso Marriott de Cannes durante el festival de cine más prestigioso del mundo. El motivo es Wildlife (en EE.UU. se estrena el 19 de octubre), su salto a la dirección, la adaptación de la novela de Richard Ford en la que Jake Gyllenhaal y Carey Mulligan interpretan a un matrimonio en crisis en los años cincuenta, y con la que el neófito realizador inauguraba la víspera la Quincena de Realizadores junto a Mulligan y Zoe Kazan, su pareja y coguionista del film.

Tras enfrentarse estoicamente a una mesa redonda de no menos de diez periodistas, cada uno de los cuales habla el triple que él, se acerca a mi sillón para nuestro cara a cara. Reservado pero cálido, de mirada penetrante y profundamente meditativo, parece la encarnación del cliché según el cual muchos se lanzan a la interpretación para superar su timidez.

Cuando diriges, los actores son casi como una extensión de ti. Es un senti-miento bonito, muy paternal. Constatar lo importantes que eran para sacar adelante la película me ha hecho volver a valorar mi trabajo de siempre”

Al hablar de su obra, su blindaje se relaja un poco. “Llevaba mucho tiempo queriendo dirigir. Adoro el cine y siempre me ha interesado ver películas de todo género, época y nacionalidad. Me familiaricé con su lenguaje y pensé que me gustaría expresarme de ese modo. Y entonces leí Wildlife [editado en España por Anagrama con el título Incendios]. Me impactó muchísimo, algo había en esa historia que me tocaba muy hondo. Durante mucho tiempo fantaseé con la idea de hacer una película sobre ella, hasta que un día me vino a la cabeza la escena final. Y me dije: ‘Puedes hacerlo”.

Afirma, como no podía ser de otra manera, que fueron los personajes lo que le atraparon. “Su carga emocional es increíble. Especialmente la cruzada de Jeanette [Mulligan]. Quería profundizar en el sentido de familia, el hacerse adulto, qué significa el matrimonio, el sueño americano… En el guion di forma a sentimientos muy dolorosos. Algunos personajes pierden la cabeza, se dicen cosas muy duras, pero en ellos sigue existiendo el amor, la pasión y la honestidad. La novela no los juzga, y yo tampoco. Esa es mi actitud, como artista y como persona”.

Pregunta obligada: ¿ahora que ha estado al otro lado ve la interpretación de forma distinta? “Un poco. Cuando diriges, los actores son casi como una extensión de ti. Es un sentimiento bonito, muy paternal. Constatar lo importante que eran para sacar adelante la cinta me ha hecho volver a valorar mi trabajo de siempre”.

Cuando toca hablar de sus fortalezas y debilidades profesionales, el Dano escurridizo reaparece: “Es difícil hablar de uno mismo. Te sientes raro, no quieres ser deshonesto contigo mismo, ni arrogante. Diría que a veces las unas y las otras son lo mismo. Yo trabajo duro, lo doy todo cuando apuesto por un proyecto, pero también es porque soy un poco obsesivo. Y eso no me gusta. A medida que pasan los años, me doy cuenta de lo importante que es equilibrar las distintas esferas de mi vida”.

¿Tiene cabida en ello dirigir de nuevo? “Estoy impaciente por hacerlo, pero también soy actor. Quiero estar abierto y embarcarme en proyectos que me emocionen, ya sea de un lado o del otro”. A punto de estrenar en Estados Unidos la miniserie Escape at Dannemora, drama carcelario junto a Benicio del Toro y Patricia Arquette, el viaje de Dano continúa.

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