COLUMNA
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¡La ‘izquierda’ reaccionaria existe!

El populismo, en realidad, no tiene ideología fija, es sólo una estrategia de conquista del poder

Jean-Luc Melenchon.
Jean-Luc Melenchon. CHRISTOPHE ARCHAMBAULT (AFP)

La ideología nacionalista de derecha y extrema derecha se apodera, lenta pero segura, del pensamiento de izquierdas y sobre todo de extrema izquierda. Con la crisis de 2008, surgieron movimientos de capas sociales intermedias que constituyeron, en casi todos los países europeos, la base socio-política de populismos opuestos al sistema vigente. Fue Italia, este gran laboratorio experimental europeo, quien indicó las tendencias fundamentales del nuevo curso. El Movimiento 5 Estrellas, de Beppe Grillo, planteó, primero desde una perspectiva anticapitalista y aparentemente izquierdista, la cuestión de la lucha, tanto contra el sistema político italiano como contra la política de austeridad de la UE. Su movimiento defiende hoy, con nuevos dirigentes, una ideología claramente nacionalista y xenófoba (contra Europa y los extranjeros) en alianza con la ultraderecha lombarda, que se viene nutriendo del estiércol neofascista desde hace casi tres décadas.

En Francia, el movimiento Francia Insumisa empezó con un discurso populista progresista, comparable al de Podemos en España, pero se ha ido transformando y dando espacio en su seno a corrientes xenófobas, antinmigrantes, que difunden los prejuicios más cutres de la extrema derecha francesa. Entre las dos vueltas de las presidenciales de 2017, su dirigente-candidato, Jean Luc Melenchon, rechazó elegir entre Macron, demócrata liberal, y la neofascista antieuropea Marine Le Pen. Ahora, baja la cabeza delante de las corrientes xenófobas en su movimiento, utilizando fórmulas ambiguas para justificarlas. En Alemania, Sahra Wagenknecht, exdirigente del partido izquierdista Die Linke, acaba de crear un movimiento cuyo nombre es todo un programa: Aufstehen (De Pie) orientado, casi exclusivamente, a la lucha contra los refugiados ¡ayudados por la liberal Ángela Merkel!

Se trata de movimientos populistas que pasan sin transición de unas ideas supuestamente anticapitalistas al nacional populismo. La misma evolución que se produce en partidos social-demócratas: en Dinamarca, en Holanda y en Austria, sin hablar, por supuesto, del caldo de cultivo racista que hierve por doquier en los países del Este. Razones invocadas: los inmigrantes “roban” el empleo a los nacionales y hacen bajar los sueldos. Todos los datos demuestran que la inmigración no es una carga.

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Sabemos que los argumentos económicos contra la inmigración son falsos, pero ¡no importa!, pues estos movimientos utilizan las percepciones inmediatas para prosperar. Y la verdadera explicación de esta involución cultural es siempre la misma: las elecciones se aproximan y como nadie puede negar que la insolidaridad ha ganado terreno, para ganar unos votos hay que acudir al chivo expiatorio de turno: el inmigrante. El populismo, en realidad, no tiene ideología fija, es sólo una estrategia de conquista del poder. Y la izquierda, al utilizarlo, se vuelve inevitablemente reaccionaria.

Sobre la firma

Sami Naïr

Es politólogo, especialista en geopolítica y migraciones. Autor de varios libros en castellano: La inmigración explicada a mi hija (2000), El imperio frente a la diversidad (2005), Y vendrán. Las migraciones en tiempos hostiles (2006), Europa mestiza (2012), Refugiados (2016) y Acompañando a Simone de Beauvoir: Mujeres, hombres, igualdad (2019).

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