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Luis Fonsi: “Con 11 años sufría un ‘bullying’ terrible por mi acento”

Antes de llegar al éxito masivo, el autor de 'Despacito' tuvo que pasar por problemas parecidos a los de muchos migrantes en EE. UU.

luis fonsi
Luis Fonsi posa para ICON con camisa hawaiana. Triunfó cantando a la lentitud. Pero ahora, como diría aquel otro, está viviendo deprisa.

Hace muchos meses que la agenda de Luis Fonsi (San Juan de Puerto Rico, 1978) parece un laberinto. Inmerso en una gira que se aparta de las escalas características para una gran estrella latina, al cantante de Despacito (¿le suena?) le echamos el lazo en Madrid casi de carambola, aprovechando justo el día antes de irrumpir como invitado estelar en la gala de Operación Triunfo en el Santiago Bernabéu. Conquistado ya cualquier rincón del orbe de habla hispana, a nuestro hombre le esperan un festival en Marruecos y el debut en el mercado ¡vietnamita! Y aún no se le ha borrado la impresión que le causó esa multitud en pleno corazón de Moscú que le esperaba entonando, con afinación pintoresca y rudo acento eslavo, aquello de “pasito a pasito, suave suavecito”. “Estoy en ese momento en que a veces mi manager me anuncia una fecha, yo asiento y, en cuanto se marcha, me meto en Google Maps a ver dónde cae el sitio que me dijo…”, sonríe. La globalización, todo un invento.

"Trump ha destapado el odio y el racismo. Por fortuna, nadie puede tapar el sol con un dedo y muchos seguimos dispuestos a darle al mundo buena 'vibra"

A Fonsi le han sentado bien sus recién cumplidas 40 primaveras. Se le ve fresco, sonriente, guapetón y con alguna que otra hora de gimnasio invertida. Pero no siempre fue así. “Con 11 años, recién mudado a Florida, sufría un bullying terrible por mi acento. Y a los 13, cuando empecé a salir con la primera chica, su mamá vio una foto mía, consideró que era demasiado morenito y le prohibió que siguiéramos juntos. La había invitado a mi senior prom, la fiesta de graduación, y me quedé sin mi date. Qué pena de gente, ¿verdad?”. Fueron vivencias de las que dejan huella. Fonsi se recuerda como un adolescente muy tímido, casi huidizo. “Aún hoy no me siento tan extrovertido como la mayoría de los artistas. Puedo ejercer de bromista, pero soy más callado”. A este hombre acostumbrado a audiencias estratosféricas se le enciende la cara de rubor si le piden, en el transcurso de una pequeña fiesta privada, que se eche unos cantecitos. “Solo se me acaba la timidez encima del escenario”.

No concretaremos aquí cuántos miles de millones de escuchas acumula su célebre oda a la lentitud: cualquier dato que plasmemos quedará desactualizado en días. Constatemos tan solo que ni el reconocimiento planetario ni el desahogo en las finanzas parecen haberle cambiado. “Mis papás me inculcaron los valores del respeto y la humildad. Ni ellos me dieron nunca más de lo que necesitaba ni yo me he despertado jamás sintiéndome superior a nadie”, resume. Y después de 20 años ha aprendido que los altibajos son consustanciales al oficio. “Ni el más sabio disquero con estudios de mercado puede pronosticar cuándo una canción va a convertirse en éxito. Como no existe esa bola de cristal, yo seguiré siempre con los pies en la tierra”, advierte.

A Luis Fonsi solo le asoma la satisfacción cuando se le advierte del papel que su música pueda estar desempeñando en la internacionalización del español. “La mezcla de culturas se ha convertido de algún modo en mi misión. Me motiva comprobar cómo de repente un yanqui de Oklahoma accede a la música latina y se predispone a salir de sus géneros tradicionales. Y eso, en estos momentos de división, es muy importante”. ¿Habla de Trump? “Bueno, ese individuo tiene mucho que ver, porque ha destapado el odio y el racismo. Por fortuna, nadie puede tapar el sol con un dedo y muchos seguimos dispuestos a darle al mundo buena vibra”.

Y después de Despacito, ¿qué? Luis Fonsi encadenó otro éxito notable con Échame la culpa y este verano ha apostado por la tórrida Calypso, con un impacto por ahora menor. Pero lo curioso es que el rey mundial del streaming aún cree en el viejo elepé. “En mi mente sigo componiendo discos. Fui estudiante de clásica y soy un fanático de la música, un melancólico de esos que agarra la carpeta y consulta quién tocó el violín, cuál fue el ingeniero de mezclas…”. Por eso mismo avisa, para quien quiera tenerlo en cuenta, que Despacito no es su mejor composición. “Me siento seguramente más orgulloso de Se supone, que ni siquiera fue single, aunque en los conciertos se ha vuelto viral”. Si la escuchan, descubrirán que sus casi siete minutos no tienen nada que ver con el ultramegahit. “¡Cierto!”, corrobora su autor. “En realidad, es más bien una canción para cortarse las venas”.

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