Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Cuando estés a punto de rendirte, lee la historia de Boyd Holbrook

El agente de la serie 'Narcos' tiene uno de esos perfiles que encantan a Hollywood: belleza, talento y una oportunidad que le llegó cuando estaba a punto de olvidar su sueño

Boyd Holbrook espera a que comience la entrevista en un ático de Nueva York con un semblante tan cálido que no parece el de la misma persona que en pantalla interpreta a traficantes y drogadictos.
Boyd Holbrook espera a que comience la entrevista en un ático de Nueva York con un semblante tan cálido que no parece el de la misma persona que en pantalla interpreta a traficantes y drogadictos.

Cuando Boyd Holbrook llegó a Nueva York para intentar ganarse la vida como actor, solo había salido un par de veces de su Kentucky natal. Se dio un plazo de dos años para triunfar y, como suele pasar en todas las grandes historias, tuvo que apurar hasta el final. A pesar de algunos trabajos con directores como David Fincher, estaba a punto de tirar la toalla cuando consiguió el papel del agente de la DEA Steve Murphy en la serie Narcos. Tras ese éxito pasaría al otro lado de la ley para convertirse en el villano de Logan, donde le hacía la vida imposible al mismísimo Lobezno. Desde entonces, tiene dos casas y mil proyectos.

"Cuando me llamaron a Los Ángeles para ‘Narcos’, estaba a un mes de quedarme completamente en la bancarrota y me quedé a dormir en el sofá de mi agente. Tuve mucha suerte de que todo encajara"

Greenpoint, al norte de Brooklyn, es un barrio de clase trabajadora que la gentrificación ha conquistado. Hoy las fachadas reformadas de ladrillo esconden pequeñas tiendas de productos orgánicos. Boyd Holbrook (Prestonsburg, Kentucky, 1981) espera en un ático desde el que se ve todo el horizonte de rascacielos de Nueva York. Vaqueros, zapatos de ante marrones y una camiseta roja de manga corta arrugada, probablemente por haberla dejado apoyada en varias sillas durante la sesión de fotos para ICON. Tiene la cara despejada, como recién aseada después de desmaquillarse, y esta vez no le protege el bigote con el que ha acostumbrado a sus seguidores en la serie Narcos o la película Logan (2017), en la que interpretaba al villano que le ponía las cosas difíciles al crepúscular Lobezno de Hugh Jackman. Sonríe y da vueltas a las gafas de sol con un semblante tan cálido que no parece el de la misma persona que en pantalla interpreta a traficantes y drogadictos. Casi se agradece.

Holbrook tiene prisa por coger un avión. El rodaje de su próxima película está a punto de comenzar en Ontario, Canadá, y uno de sus asistentes carga con su maleta. Me deja caer que no le consta que vayamos a tener nuestra conversación en otro momento, pero llegado ese punto ya hemos bajado en ascensor, su publicista está abriendo la puerta y él se despide hacia su próximo destino. Se aleja por la acera de un Brooklyn por el que no hace mucho él también paseaba como un residente más. Pero ese Holbrook teledirigido por otras personas poco tiene que ver con el que, días después, me habla de su infancia en Kentucky, un actor alejado de las modas enladrilladas de Greenpoint y los flashes de Hollywood. En realidad, cuando le conocí se iba a rodar otra película. Nada más.

"En el próximo par de años probablemente me mude fuera de EE UU. Creo que sería una forma de boicotear todo lo que está pasando", explica Holbrook.

¿Puede hablarme un poco de su infancia en Kentucky? Crecí en un pequeño pueblo, en la parte central de los montes Apalaches. Era una región predominantemente minera, de carbón. Mi padre trabajó en esa industria durante unos 40 años. Es como un muro de distintos tonos verdes. Montañas colocadas unas encima de otras que se extienden a lo largo de cientos y cientos de kilómetros. En cierto sentido, fue una infancia muy mágica. Podía salir de casa de día y volver cuando oscurecía. Muchas veces me perdía en los bosques y me veía obligado a lidiar con situaciones en las que tienes que aprender a valerte solo, ya fuera abriendo caminos, persiguiendo ciervos o tropezándote con una serpiente. Estar solo y rodeado de naturaleza te da mucho tiempo libre para desarrollar tu imaginación.

Y en ese contexto, ¿cómo pasó a estar interesado en la interpretación? No lo estuve realmente hasta los 17 años. Vi una película llamada Slam [1998], en la que salía el poeta Saul Williams. Hay una escena en la que él detiene un motín en una prisión solo con poesía después de una increíble explosión de energía. Fue ver eso y decirme: “Quiero hacer eso durante el resto de mi vida”.

Cuando todavía no había dejado Kentucky, conoció al actor Michael Shannon. ¿Cómo cambió eso su perspectiva sobre lo que quería hacer más adelante? Creo que simplemente descubrí que era posible. No sé cómo fue su infancia, pero el caso es que él estaba en Lexington, Kentucky, y yo pasaba por un momento duro. Acababa de dejar la Universidad y no sabía qué hacer con mi vida. Creo que le reconocí por Vanilla sky [2001]. Reuní valor y le pregunté qué es lo que hacía. Nunca había conocido a un actor antes, así que el encuentro convirtió lo que parecía un sueño en una realidad. Él vive en la misma región, así que lo que había conseguido dejó de parecer un imposible y su ejemplo se tradujo en un estímulo. Me dijo que me metiera en teatro, así que empecé a solicitar trabajo en compañías de teatro.

"Mi trabajo es usar el ancho de banda que tengo para estrenar una película, hablar de una cuestión y empezar una conversación al respecto", afirma el que fuera el agente Murphy en 'Narcos'.

¿Cómo fue su aterrizaje en Nueva York? Imagino que debió ser un cambio muy drástico. [Risas.] Totalmente. Creo que había salido del Estado de Kentucky dos veces antes de mudarme allí, así que fue un cambio radical. No sabía qué estaba pasando a mi alrededor. Parecía un ciervo alumbrado por las luces de un coche. Empecé a absorberlo todo. Vas al East Village y ves a un travesti por primera vez [risas]. Vas a bares y conoces gente. Traté de recuperar el tiempo perdido quedándome despierto hasta tarde, saliendo mucho. Tenía 21 años cuando llegué a Nueva York y simplemente empecé a salir. Aprendí a entender cómo funciona el mundo. Nueva York es un lugar implacable. Si puedes sobrevivir allí, creo que ya puedes conseguirlo en cualquier lugar.

¿Cuándo fue la primera vez que supo que estaba yendo por el camino correcto? Es verdad que fui de un lado a otro durante mucho tiempo. Creo que, artísticamente hablando, esto sucedió cuando empecé a trabajar con algunos muy buenos directores. Primero hice dos años de escuela de interpretación y me dije: “Si no estoy ganándome la vida como actor en dos años, lo dejo”. No quería ser durante el resto de mi vida un actor con dificultades para conseguir trabajo. Ese era mi objetivo personal. Así que empecé a trabajar con Scott Frank, David Fincher, Scott Cooper…

¿Cómo consiguió el papel en Narcos? Había visto una película de José Padilha [productor y director de la serie] un par de años atrás, Tropa de élite [2007]. Dos años más tarde, fui a Los Ángeles para unas reuniones, y una de ellas era la de Narcos. Estaba a un mes de quedarme completamente en la bancarrota y me quedé a dormir en el sofá de mi agente durante el par de semanas que estuve allí. Tuve mucha suerte de que todo encajara en el sitio adecuado en ese justo momento.

"En la vida hay mucho sufrimiento. La gente piensa que la vida debería ser placentera y maravillosa todo el tiempo y está claro que no es así"

Entre la serie y Logan han sido un par de años intensos en cuestión de trabajos. ¿Cómo los ha vivido? Lo que hicimos mi familia y yo fue reducirlo todo y mudarnos a Austin, Texas. Y mira que nunca imaginé que llegaría a ser residente de Texas, pero aquí estoy. Sí, me mudé lejos de Nueva York, lejos del apartamento del tamaño de una caja de zapatos. Ahora tenemos más espacio, estamos de vuelta en la naturaleza. Eso fue lo que nos propusimos. En vez de ir con la corriente, lo que significaría ir a eventos y fiestas, nos alejamos de todo aquello. Lo que quiero ahora es que el trabajo hable por sí solo. No quiero estar de fiesta, prefiero estar en casa con mi familia y trabajar en otras cosas, como mis propios proyectos personales.

También tiene una casa al norte del Estado de Nueva York. ¿Refleja eso y su mudanza a Austin una forma de estar más cerca de su tierra natal? Sí, esa zona de Nueva York es bastante similar a Kentucky. Los valles de las montañas son un poco más anchos. En Kentucky se colapsan los unos sobre los otros. Mi amigo [el fotógrafo] David Armstrong vivía allí y un terreno cerca del suyo estaba disponible. Lo compré y a lo largo de diez años construí una casa. Si me enviaban un cheque, ponía la electricidad. Si me enviaban otro, ponía el agua, y un suelo de cemento, y una cama, y paredes… No es nada especial, es una vieja granja, pero tenemos un estanque, un arroyo, unas buenas cuatro hectáreas en las que relajarnos. Cuando estás haciendo una película, a veces no sabes ni qué día es. Simplemente te levantas y vas a trabajar. Luego te vas a dormir y vuelta a trabajar, y así de dos a seis meses. Cuando vuelvo de estar fuera trabajando, siempre quiero tener tiempo para descansar y recargar las pilas.

En su Instagram tiene fotos de sus proyectos y de su familia. ¿No ha pensado en usar esa plataforma para hablar sobre lo dividido que está su país? Puedo decir con mucha seguridad que en el próximo par de años probablemente me mude fuera de EE UU. Mi mujer es de Dinamarca y creo que sería una forma de boicotear todo lo que está pasando. Puedo permitirme el lujo de poder abandonar el país. No estoy de acuerdo con lo que está pasando y no quiero ser parte de ello. Siento que va a haber un punto de inflexión. Tiene que haberlo. Y si no lo hay, no me queda mucha más esperanza en la Humanidad.

"No quiero estar de fiesta, prefiero estar en casa con mi familia y trabajar en otras cosas, como mis propios proyectos personales", asegura el actor.

Es cierto que el momento actual es una mezcla de esperanza y desasosiego. Claro, desde el amanecer del hombre ha habido calamidades, catástrofes, dificultades, hambruna… En la vida hay una gran cantidad de sufrimiento. Creo que la desilusión de ahora mismo es que estamos en un lugar donde la gente piensa que la vida debería ser placentera y maravillosa todo el tiempo y está claro que no es así.

¿Le gusta usar su trabajo, artístico, para hablar de política? El arte es un medio excepcional para hablar de cuestiones políticas o sociales. Mi trabajo no trata de resolver nada. Mi trabajo es usar el ancho de banda que tengo para estrenar una película, hablar de una cuestión y empezar una conversación al respecto. No puedo arreglar el planeta y no planeo hacerlo, pero me gustaría ser parte de movimientos y olas de cambio.

¿Y qué hay del futuro? Estoy tratando de trabajar lo máximo posible en un proyecto personal, The thirst, para sacar adelante un borrador del guion, pero me está llevando más tiempo del que esperaba. Entre eso y preparar In the shadow of the Moon [la nueva cinta de Jim Mickle que estrenará el próximo año] he tenido mucho trabajo. Estoy mirando alguna cosa para el futuro. Quizá una serie en la que acabe metiéndome, pero no puedo decir si todavía va a salir adelante porque es un poco pronto. No estoy en la situación de hace cinco años, cuando andaba desesperado por encontrar un trabajo, así que ahora me estoy tomando mi tiempo.

Puedes seguir ICON en Facebook, Twitter, Instagram,o suscribirte aquí a la Newsletter.

Más información