Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Emergencia

La crisis migratoria exige más medios y un replanteamiento de las políticas

Un guardia civil reparte botellas de agua a los migrantes rescatados en Tarifa.
Un guardia civil reparte botellas de agua a los migrantes rescatados en Tarifa.JORGE GUERRERO (AFP)

Cuando no se hacen los deberes a tiempo, luego solo cabe improvisar. Hacía mucho que las entidades humanitarias y los observadores advertían de que el sellado de las rutas oriental y central del Mediterráneo provocaría un aumento de las llegadas por la ruta occidental, que tiene su epicentro en Marruecos. La presión migratoria es un fenómeno constante y las rutas son vasos comunicantes. Si no pueden llegar a Europa por una vía, lo intentarán por otra. Así ha sido. Este mes de julio España ha superado a Italia en el número total de inmigrantes llegados por mar. Frontex, la agencia europea de vigilancia de fronteras, estima que hasta el 15 de julio habían llegado a España 18.016 personas, un 114% más que en 2017 y un 170% más que en 2016.

Estas llegadas, que se han intensificado en las últimas semanas, han desbordado por completo los precarios sistemas de acogida. Las cifras no deben llevar al alarmismo, pues están muy lejos de las que provocaron la grave crisis de 2015 en Europa y son todavía manejables. Lo que hace que sean preocupantes es la falta de dispositivos para gestionar la acogida y la posterior tramitación de las posibles expulsiones. La progresión de las cifras exigía un plan que permitiera acoger a los rescatados en el mar de manera adecuada y respetuosa con los derechos humanos. Pero la falta de previsión del anterior Gobierno ha agravado las consecuencias.

Ahora es preciso destinar con urgencia los medios necesarios, tanto para una acogida humanitaria y acorde a derecho, como para la protección de la frontera. Es preciso que en el diseño de este plan el Gobierno cumpla los compromisos que adquirió: revisar la política de devoluciones en caliente y eliminar las concertinas. El asalto de 850 inmigrantes a las vallas de Ceuta, que se produjo de forma concertada y con una determinación inusitada, puso de manifiesto que la existencia de esas cuchillas no disuade a los que se mueven impulsados por la desesperación. Lo único que hace es causar daño y agravar las consecuencias del salto. Deben utilizarse otros medios para frenar esos intentos. A la vista de lo ocurrido el jueves, parece que las fuerzas de contención destinadas a la zona eran claramente insuficientes para contener una avalancha de esa magnitud.

Tan importante como reforzar la vigilancia, y habilitar espacios para dar una acogida digna a los migrantes mientras permanezcan a la espera de que se decida sobre su situación, es articular un mecanismo que permita repartir entre las diferentes comunidades autónomas el esfuerzo necesario para gestionar la emergencia. La respuesta no debe recaer únicamente sobre Andalucía. Y el mismo planteamiento cabe respecto del conjunto de la UE. Es evidente que el destino de los que llegan no es específicamente España, sino Europa. Este no es un problema de España, sino de Europa. Y el hecho de que ahora sea nuestro país el que tiene la mayor presión migratoria debe llevar al presidente del Gobierno a persistir en su política de exigir una respuesta concertada de toda la Unión. El presidente debe dar prioridad a impulsar esa acción concertada demostrando al mismo tiempo que existe una forma de gestionar el problema radicalmente distinta a como lo ha hecho Italia.

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