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LA PUNTA DE LA LENGUA

Los padres que casan a los hijos

Esa expresión suena cada vez más anacrónica, sobre todo si se ve en los titulares de los diarios

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Boda del hijo de Alberto Ruiz Gallardón en 2012 en Santiago de Compostela. Europa Press/Europa Press via Getty Images

En algunas noticias, casarse es cosa de tres: un padre o una madre explícitos, un hijo o una hija mencionados y un contrayente tácito. El oficiante queda suplantado.

La oración “se casa la hija del empresario Tal” deja paso a “el empresario Tal casa a su hija”.

Los titulares de las informaciones sobre asuntillos sociales lo demuestran a cada rato. “El magnate Donald Trump casa a su hijo Eric en una boda de perfil bajo” (2014), “Sánchez Galán casa a su hijo Nacho en Ciudad Rodrigo” (2014), “Michel González casa a su hijo pequeño” (2017), “Ruiz Gallardón casa a su hijo cineasta” (2017).

El padre puede casar a un hijo pero también a una hija: “Jesús Posada casa este sábado a su hija ante la plana mayor del PP” (2014), “Ancelotti casa a su hija Katia en Nápoles a un mes de su boda en Canadá” (2014), “Jaume Matas casa a su hija en Mallorca en una boda de unos 60.000 euros” (2016), “Ángel Acebes casa a su hija Ana en la iglesia de San Pedro de Ávila” (2016), “El presidente Erdogan casa a su hija ante 6.000 invitados” (2016), “Ignacio González casa a su hija ocho meses después” (2018).

En cambio, las madres casan en la prensa sobre todo a sus hijos varones: “Ana Botín casa a su hijo mayor, Felipe Morenés, en Cantabria” (2016). “Una orgullosa Ana Rosa Quintana casa a su hijo Álvaro con total discreción” (2016). “Mari Luz Barreiros casa a su hijo en la finca que compartió con Jesús Polanco” (2014). “Beatriz de Orleans casa a su hijo con una princesa bávara” (2014).

He hallado menos casos de madre casa a hija (quizás por la visión patriarcal que predomina en la crónica rosa): “Helen Lindes y la tierna mirada de una madre que casa a su hija” (2015) y “La florista de los royals casa a su hija..., con Tamara Falcó como invitada” (2017). (Añado ahí la coma que faltaba).

Sólo encontré dos ejemplos desde 2014 en los que padre y madre actúan por igual: “Al Bano y Romina Power casan a su hija Cristel Carrisi con el millonario Davor Luksic” (2016) y “Ana Rosa Quintana y Alfonso Rojo casan a su hijo este verano” (2016).

Hoy en día, los hijos eligen con libertad a sus parejas, y, como mucho, ya sólo dejan a los padres la financiación del banquete nupcial. Pero hubo un tiempo en que los progenitores concertaban o propiciaban los matrimonios por razones sociales o económicas. Y eso encaja con la acepción que incorporó la Academia en 1843 en la entrada “casar”: “Disponer un padre o superior el casamiento de una hija u otra persona que está bajo su dominio” (la referencia concreta a la hija desapareció en 1925).

Por su parte, el Diccionario del Español Actual (Seco, Andrés y Ramos, 2011) recoge también esa definición, pero añade un significado deducible de los ejemplos reseñados: “Asistir al casamiento de alguien o verlo realizado”. Y cita textos periodísticos de 1975 y 1997. De ese modo, se ve cómo la expresión se ha fosilizado en el lenguaje aunque su formulación literal choque con nuestras costumbres de hoy.

El problema de la insistencia en este uso radica en que se muestra a los novios en las noticias como meros comparsas de un acto social de los padres, quienes usurpan en el titular el protagonismo de los contrayentes, al convertirse en el sujeto de la oración. Y no se trata tanto de una incorrección o de un anacronismo formal como de una falta de sensibilidad que reproduce por vía subliminal, inconsciente, unos esquemas mentales ya caducos.

 

 

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