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La brújula de Casado

En las cuestiones de impuestos y gasto público hay poco espacio para opciones radicales en la opinión pública española

Pablo Casado durante su primer discurso como presidente del Partido Popular.

La elección de Pablo Casado como nuevo líder del PP representa para muchos un giro del partido hacia la derecha y una paradoja: si los datos del CIS muestran que los ciudadanos que se sitúan más allá del 6 en la escala ideológica apenas llegan al 12%, ¿por qué querría Casado lanzarse a por un sector del electorado que le aleja de las mayorías?

Una primera respuesta es que el giro de Casado es transitorio: termina donde acaba la necesidad de diferenciarse de Santamaría. Una vez ganado el congreso del partido, se espera que el perfil ideológico del PP se difumine en la moderación que impongan su paso por la oposición y las alianzas parlamentarias. Este argumento es plausible, pero la capacidad de maniobra no es ilimitada: afecta a la credibilidad del partido y topa con el espacio electoral de su competidor a la izquierda, Ciudadanos.

Una segunda explicación, alternativa a la anterior, pasa por matizar que el giro a la derecha de Casado no es total sino selectivo, ceñido sobre todo a las cuestiones morales como el aborto y la eutanasia. En las cuestiones de impuestos y gasto público hay poco espacio para opciones radicales en la opinión pública española. Y en la cuestión territorial, la posición del partido pretende conectar con un centralismo que se ha convertido en una opción ideológicamente más transversal desde 2012.

Una tercera respuesta es que el giro representa la antesala de un cambio mayor. Que comienza por redefinir el contorno ideológico del partido y que ambiciona ampliar las mayorías del PP incorporando nuevos ejes de división, distintos de los tradicionales de la derecha en España, que radicalicen a su electorado.

Más allá de su contenido, el discurso de Casado cala por el mismo motivo que calan otros en Europa: porque toma la forma de respuesta ideológica en un escenario político polarizado y volátil. Un contexto donde triunfan los discursos asertivos de ideas sencillas pero rotundas, donde la determinación se muestra incompatible con los matices. Un discurso-brújula para quienes necesiten orientarse en tiempos de incertidumbre. @sandraleon_

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