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La sorprendente ola de calor en los países donde hace frío

Los expertos alertan de que estos episodios extremos encajan en los escenarios previstos como consecuencia del cambio climático

Una mujer reparte botellas de agua en Toronto el pasado 30 de junio durante la ola de calor que afectó al este Canadá.
Una mujer reparte botellas de agua en Toronto el pasado 30 de junio durante la ola de calor que afectó al este Canadá. getty images

Potentes olas de calor han hecho saltar las alarmas alrededor del mundo en los últimos dos meses. Una de las situaciones más extremas se ha registrado en el norte de Siberia, donde el pasado mes fue el más cálido en más de un siglo, según el Centro Hidrometeorológico de Rusia. En junio, la media de temperatura de toda la región fue ocho grados más alta de lo habitual. Y el calor intenso estuvo presente de forma excepcional también en la primera semana de julio. Situaciones de calor extremo se han registrado también en los últimos 60 días en regiones frías como Escandinavia, Reino Unido, Irlanda y Canadá. Los expertos coinciden en que estos eventos climáticos encajan en los escenarios previstos por la comunidad científica como consecuencia del calentamiento global. Pero hacen falta más estudios para vincular directamente un episodio en concreto al cambio climático, según alertan.

La ola de calor en Siberia ha provocado problemas serios a los habitantes de la región, según la Organización Mundial de Meteorología (OMM). En distintas localidades se alcanzaron repetidamente los 40 grados centígrados a lo largo del mes de junio. Hubo grandes incendios, falta de energía eléctrica, disfunciones en transportes y otros servicios públicos y ahogamientos de personas que se tiraron al agua para huir del calor. El humo de los fuegos hasta llegó a alcanzar Canadá y Estados Unidos, según Copernicus, el sistema de monitoreo vía satélite de la Agencia Espacial Europea, y la NASA. Pero no son las únicas consecuencias. “Los principales efectos fueron el derretimiento del hielo marino en el mar Laptev y del permafrost [las capas de suelo o submarinas permanentemente congeladas] de la superficie terrestre y submarina”, asegura el meteorólogo estadounidense Nicholas Humphrey a EL PAÍS en un correo.

Este experto de eventos extremos y cambio climático publicó el pasado 2 de julio en su blog un post en el que explicaba con asombro lo que estaba pasando en Siberia. “Es absolutamente increíble, uno de los eventos de calor más intensos que haya visto nunca en una latitud tan septentrional”, comentó. Humphrey afirma que el descenso del volumen de hielo por la ola de calor siberiana afectó sobre todo la costa ártica rusa. Un rápido calentamiento del mar puede acelerar la emisión de gases como el CO2 y el metano desde el permafrost, considera este experto. Y estas emisiones pueden tener graves consecuencias en otras zonas del hemisferio norte, alerta Humphrey. También se producen alteraciones negativas en la corriente en chorro polar, uno de los factores principales de influencia de las condiciones meteorológicas en las latitudes medias, agrega.

Tiempo loco alrededor del mundo

La OMM dio cuenta en su último informe periódico, con fecha del 19 de julio, de muchos de los eventos extremos ocurridos en distintos puntos del planeta. La nota dominante fue el calor. A principio de mes más de 50 personas fallecieron por una importante ola de calor en el este de Canadá. En distintos puntos de California se batieron varios récords con temperaturas por encima de los 45 grados durante la primera semana de julio, según el Servicio Meteorológico Nacional de EE UU. Las olas de calor afectaron también a otras regiones del país y en zonas como Texas se prevén más emergencias en los próximos días.

Europa no es ajena a eventos como este, tal y como demuestran varias semanas seguidas de calor extremo y sequía en Reino Unido e Irlanda. Los últimos días han sido marcados en Suecia por temperaturas de récord y más de 50 grandes incendios que han obligado al Gobierno del país a pedir ayuda internacional. El 17 de julio las temperaturas superaron los 30 grados en localidades de Noruega y Finlandia ubicadas por encima del círculo polar ártico. Un verano potente embistió en la primera parte de julio a los habitantes de ciudades del Cáucaso como Tiflis (Georgia) y Ereván (Armenia).

También hubo récords más en el sur: en Quriya (Omán), el pasado 28 de junio durante 24 horas la mínima no bajó de los 42,6 grados. En Ouargla (Argelia), el pasado día 5 se midieron 51,3 grados centígrados, probablemente la temperatura más alta nunca registrada en el país, según la OMM. Muchas zonas de África del Norte sufrieron una ola de calor entre el 3 y el 10 de julio.

En el otro hemisferio ahora mismo es invierno, pero las anomalías no han faltado. En Sydney y alrededores, la temporada fría está resultando particularmente templada y así va a seguir en agosto, según prevé la Oficina de Meteorología del Gobierno australiano. Aunque el evento climático más dramático del último mes no fue una ola de calor, sino las inundaciones provocadas por diez días de intensas precipitaciones en Japón. Miles de personas tuvieron que abandonar sus viviendas y al menos 200 fallecieron por las consecuencias de las lluvias. La última semana, en cambio, ha sido caracterizada en el país por una intensa ola de calor, con temperaturas de hasta 39 grados alcanzadas el pasado lunes, que ha provocado 14 víctimas, según Reuters.

La sombra del cambio climático

Humphrey cree que la ola de calor en Siberia está directamente relacionada con el cambio climático. “Ningún evento en sí es provocado por el cambio climático, pero la acumulación de episodios meteorológicos extremos más frecuentes y de mayor magnitud es una señal de ello. Esta ola encaja en el escenario causado por el brusco calentamiento del Ártico desde los años ochenta”, afirma. Delia Gutiérrez, de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), comparte la misma opinión. “En el mundo científico está consensuado que el cambio climático, es decir, el calentamiento de la tierra, lleva asociado entre otras cosas que los episodios extremos van a ser más frecuentes”, afirma.

Pero hay que analizar la situación más a fondo, afirma la meteoróloga. “Para atribuir episodios muy recientes al cambio climático hacen falta unos estudios de atribución, que requieren su tiempo”, asegura Gutiérrez. “Estamos hablando de un sistema muy complejo, cambiante en todo momento”, agrega el experto José Miguel Viñas. El meteorólogo subraya como muchos eventos registrados en los últimos meses estén vinculados con anomalías en la circulación atmosférica (el movimiento de aire a gran escala).

También Viñas opina que es necesario realizar más estudios para vincular un solo evento con el cambio climático. Uno de los puntos claves es observar si anomalías como las de este verano tienen continuidad en el tiempo, asegura. Pero las señales del calentamiento global son cada vez más evidentes, opina el meteorólogo. "No se puede decir que nunca haya hecho calor en Alaska o en Siberia en verano, pero que ahora y de forma tan frecuente ocurran estas anomalías cálidas es sintomático de que efectivamente el planeta se está calentando y sobre todo en estas zonas más hacia el norte del mundo", afirma.

Tales fenómenos no ocurren de forma aislada, explican los meteorólogos. “En la atmósfera todo está conectado y lo que pasa en un sitio no es en absoluto independiente de lo que pasa en otro”, asegura Gutiérrez. “La circulación puede depender de muchos factores, como la diferencia de temperaturas entre el ecuador y el polo o, por ejemplo, si tenemos o no tenemos hielo en Groenlandia. Todo esto influye en cómo se mueve el aire”, agrega Maria del Carme Llasat, de la Universidad de Barcelona. “Por eso también están aumentando episodios extremos como las inundaciones. No se trata solo de que haga más calor o más frío, sino también de que puedan ocurrir episodios de lluvias muy intensas como las que hemos visto en Japón”, afirma Viñas.

Un futuro meteorológico movido

Algunos expertos ven probable que episodios extremos como los de estos días podrían darse con más frecuencia en futuro. Nicholas Humphrey asegura que si ocurren nuevas olas de calor en la región ártica, aumentará el calentamiento del hemisferio norte, ya “dos o tres veces más rápido” que en el resto del planeta. En consecuencia, habrá más eventos extremos y amenazas para la salud y la agricultura, según prevé el meteorólogo.

María del Carme Llasat, de la Universidad de Barcelona, recuerda que los efectos del cambio climático se pueden sumar a la variabilidad natural e incrementar su magnitud. La experta apunta a la situación observada en la primavera y principio de verano de este año en distintas zonas del centro y del norte de Europa, donde se han registrado temperaturas más altas y niveles de precipitaciones más bajos de lo habitual, en comparación con países de la zona mediterránea como España. “Las olas de calor están vinculadas con situaciones de alta presión. El anticiclón que se forma típicamente en verano en el centro y norte de Europa ahora podría ser más marcado”, explica Llasat.

Que dependa directamente del cambio climático o no, es probable que nos espere una época meteorológica movida. “El siglo pasado fue climáticamente tranquilo”, asegura Llasat. “Independientemente de los efectos del cambio climático, es muy probable que estemos en un siglo en el que la variabilidad sea mayor y tengamos más fenómenos extremos” prevé la experta.

Para reducir los riesgos de consecuencias dramáticas, es importante poner el foco en la prevención, argumenta. “Hay que seguir mejorando la preparación frente a todos los eventos extremos, por ejemplo las lluvias intensas, las tormentas o el oleaje vinculado al viento” asegura Llasat.

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