Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Falso

La portada se viralizó y apareció el padre de la chica, aclarando que su hija y su mujer habían sido detenidas pero no separadas

Una niña llora junto a su madre al ser detenidas en la frontera entre Estados Unidos y México.
Una niña llora junto a su madre al ser detenidas en la frontera entre Estados Unidos y México. Getty Images

Desde abril, el presidente Trump aplica una política migratoria de “tolerancia cero”: los adultos que entran ilegalmente a Estados Unidos enfrentan cargos penales y se los separa de los menores que lleguen con ellos. Así, en dos meses 2.300 chicos fueron separados de sus padres y la semana pasada se conocieron imágenes que los muestran encerrados en jaulas. Hubo repudio internacional y Trump firmó la prohibición de separar a las familias, aunque la “tolerancia cero” se mantiene. Dos días después se reunió con familiares de víctimas de crímenes cometidos por inmigrantes ilegales y subrayó la relación entre esos inmigrantes y el aumento de la criminalidad. Es una relación falsa: en su país, los inmigrantes tienen una tasa de criminalidad un 85% más baja que los nativos. Mientras todo eso sucedía, la revista Time hacía circular su próxima portada, un montaje fotográfico en el que se ve a una nena hondureña llorando bajo la mirada de Trump y la frase Welcome to America. La foto de la nena fue tomada este mes en la frontera y, según la revista, correspondía al momento en que la separaban de su madre. La portada se viralizó y apareció el padre de la chica, aclarando que su hija y su mujer habían sido detenidas pero no separadas. La nena-emblema-de-los-niños-separados-de-sus-padres no era una-nena-separada-de-sus-padres. La revista se corrigió, aclarando que había descripto erróneamente la situación. Muchos la acusaron de publicar una noticia falsa. Yo no creo que lo sea, pero se le parece. En todo caso, es emblemática de un estado de cosas: de la era Trump y de la forma en que el periodismo decide enfrentarla. Quizás convendría asegurarnos de que las herramientas que empleamos para denunciar a los miserables no se parezcan, ni siquiera lejanamente, a las que emplean los miserables denunciados.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.