Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Esto es lo que conlleva que tu hijo tenga déficit de vitamina D

Según datos de la Asociación Española de Pediatría, esto afectaría al 25% de los niños españoles

A lo largo de la historia, la luz solar ha satisfecho la mayoría de los requerimientos de Vitamina D del ser humano. Actualmente, “parece ser que la menor exposición al sol de la población en general, y de los niños en particular, ha condicionado la reaparición del déficit de Vitamina D y el raquitismo nutricional como un problema de salud mundial. Esto se ha debido a los cambios en el estilo de vida, a los movimientos migratorios y a las campañas de salud pública que aconsejan evitar el sol en los niños por el riesgo real de cáncer de piel asociado a la exposición a la luz ultravioleta”, afirma Luis Carlos Blesa Baviera, vocal del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría (CN-AEP) y presidente de la Sociedad Valenciana de Pediatría.

Un déficit, el de la vitamina D, que, según datos de la Asociación Española de Pediatría (AEP), afectaría al 25% de los niños españoles. Un porcentaje elevado teniendo en cuenta que España, dentro de los países europeos, es uno de los que disponen de más horas de luz plena al año, con una media entre 2.500 y 3.000 horas. Sobre los beneficios de la exposición a los rayos ultravioleta para sintetizar la Vitamina D (VD), existen opiniones divergentes entre los investigadores. Algunos expertos apuntan que la radiación solar parece tener algunos efectos beneficiosos para la salud independientes de la síntesis de VD y consideran que los beneficios de esta exposición a la luz UV de forma responsable, superan a los riesgos. Otros, sin embargo, opinan que no es posible conseguir VD a través de la exposición solar sin tener daños en el ADN y la inmunidad de la piel y, por tanto, riesgo de padecer cáncer cutáneo.

Con relación a la población española en general, Mª Ángeles Donoso, del Servicio de Pediatría y Endocrinología Infantil en el Hospital Ruber Internacional, comenta que “en los últimos estudios publicados, según los criterios aplicados para definir la normalidad del estado de vitamina D, en el 39,6% de las determinaciones bioquímicas realizadas el contenido orgánico de vitamina D podría considerarse como suficiente, mientras que en el 44,6 y el 15,8% restantes presentarían una insuficiencia o deficiencia de vitamina D, respectivamente. Es decir, el 60,4% de la población analizada presentaría un contenido orgánico de vitamina D por debajo de lo deseable y, por tanto, con riesgo para la salud”.

Porque el déficit de Vitamina D, una vitamina necesaria para mantener los niveles adecuados de calcio en sangre y esencial para la formación y mantenimiento de los huesos produce, entre otros efectos secundarios, la osteomalacia, una patología que se desarrolla cuando la mineralización ósea es inadecuada. Cuando esto se produce en un niño con un hueso y cartílago en crecimiento, comenta Blesa Baviera, “se produce la enfermedad infantil conocida como raquitismo. La principal causa de raquitismo es la deficiencia de Vitamina D. Además, investigaciones recientes sugieren que la Vitamina D parece estar implicada en mecanismos fisiológicos distintos del metabolismo del calcio, es decir, con efectos extraóseos. En estudios observacionales se ha relacionado su déficit con mayor riesgo de infecciones, enfermedades autoinmunes, diabetes, obesidad, asma, cáncer, esquizofrenia o autismo. Sin embargo, estudios experimentales no han logrado demostrar dicha relación, por lo menos como una relación causal directa”.

Entre los grupos que pueden estar en alto riesgo por la carencia de vitamina D se encuentran los ancianos, las personas obesas, los bebés alimentados exclusivamente con leche materna y aquellos que tengan exposición limitada al sol. También están en riesgo las personas que presentan síndromes de absorción insuficiente de grasa (por ejemplo, la fibrosis quística) o una enfermedad inflamatoria intestinal (por ejemplo, la enfermedad de Crohn).

Sobre la prevalencia de casos de hipovitaminosis D que se detectan en las consultas de pediatría, Blesa Baviera dice que hoy en día el marcador más reconocido es la determinación de la concentración sérica de 25-Hidroxi-VD y señala que “los valores más aceptados son > 20 ng/ml como suficiencia, 12 a 20 ng/ml como insuficiencia y < 10-12 ng/ml como deficiencia. Estos valores han sufrido variaciones a lo largo del tiempo y se han determinado para que exista una buena salud esquelética. No se sabe en la actualidad qué niveles son necesarios para conseguir los supuestos beneficios en la salud extraesquelética”.

La prevalencia de hipovitaminosis D en la población infanto-juvenil representa potencialmente un grave problema de salud pública, considerándose el sexo femenino, la etapa puberal, las estaciones de otoño, invierno y primavera, la residencia habitual en un entorno urbano y la obesidad severa, los principales factores asociados a esta deficiencia. Por tanto, según explica Mª Ángeles Donoso, teniendo presente la dificultad para mantener un contenido orgánico suficiente de vitamina D, “deberían estar especialmente contemplados en los Programas de Atención a la Población Infantil y Adolescente que se desarrollaran en el ámbito de la atención primaria su prevención, detección y, en su caso, tratamiento y control evolutivo. Pero, además, deberían existir programas de información a la sociedad desde diferentes ámbitos, como son los colegios, campañas de publicidad que alerten, informen y asesoren a los padres de la necesidad de cubrir posibles deficiencias de vitamina D en nuestra población”.

¿Cuáles serían las recomendaciones, asociadas a la dieta y a las horas de exposición, para cubrir las necesidades que el cuerpo necesita para mantener los niveles de Vitamina D correctos y favorecer así un correcto crecimiento? Mª Ángeles Donoso ofrece algunas pautas para ayudar a que el organismo mantenga los niveles de VD en niveles óptimos. Entre ellos, estaría la exposición al sol de mediodía (entre las 10 de la mañana y las 3 de la tarde) entre 10 y 15 min en al menos un 20% de la superficie corporal (cabeza y extremidades descubiertas) durante los meses de primavera, verano y otoño. Y si existiera alguno de los factores asociados a la hipovitaminosis D, especialmente en pacientes con riesgo de escasa exposición solar (discapacitados y/o sometidos a ingresos hospitalarios prolongados, etc.), habría que considerar la necesidad de administrar suplementos farmacológicos de vitamina D (600 UI/día) y/o ingerir mayores cantidades de sus fuentes dietéticas naturales (arenque, salmón, sardinas, atún, etc.), o bien habituarse a ingerir alimentos enriquecidos en vitamina D (lácteos, cereales, margarina, etc.) desde el otoño hasta la primavera.

¿En qué casos se recomienda la suplementación oral de Vitamina D? En opinión del doctor Blesa Baviera, se aconseja suplementar farmacológicamente con 400 UI diarias “a todos los lactantes durante el primer año de vida. A todos los niños mayores de un año, se aconseja una dieta rica en Vitamina D, actividad física al aire libre y una exposición solar sensata. También, en los mayores de un año pertenecientes a grupos de riesgo, en los que no se pueda asegurar la obtención de las necesidades de Vitamina D con las medidas anteriores, se sugiere suplementar con 600 UI diarias”.

Puedes seguir De mamas & de papas en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Más información