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Nueve motivos para asistir al nuevo festival de electrónica de Madrid

La capital acoge Paraíso Festival. Aquí va una selección de artistas que justifican una visita

Kelly Lee Owens es una de las artistas que actuarán en Paraíso.
Kelly Lee Owens es una de las artistas que actuarán en Paraíso.

En esta tierra complicada para los festivales llamada Madrid cualquier novedad es bienvenida. Y la más llamativa de 2018 se celebra este fin de semana. Paraíso es un nuevo festival centrado en la electrónica que tendrá lugar el viernes 8 y el sábado 9 de junio en el complejo deportivo Cantarranas de la Universidad Complutense.

Paraíso reúne en tres escenarios a unos 40 artistas internacionales de la electrónica menos mediática. No hay Djs estrella, ni cabineros que hagan del espectáculo pirotécnico el centro de su sesión. El director del certamen es José Morán, un pionero de este sector que viene del indie. Junto a su hermano Miguel fundó en 1995 el Festival Internacional de Benicassim (FIB) y lo convirtió en el modelo de éxito a seguir. Los Morán vendieron el FIB y desde 2009 están desvinculados de ese certamen. Este Paraíso parece una versión en miniatura de los dos colosos barceloneses, Primavera Sound y Sónar. De hecho, se celebra el fin de semana de junio que queda libre entre ambos grandes.

Para esta primera edición han puesto a la venta 12.000 entradas, pese a que Cantarranas, el terreno que descubrió DCode, tiene un aforo de 25.000. “Queremos que la gente esté cómoda”, dijo José Moran en la rueda de prensa de presentación. “Será un poco diferente de los festivales celebrados allí anteriormente”, añadió.

Entre los artistas convocados hay desde clásicos como Larry Heard, uno de los creadores del house, que con 58 añazos, posiblemente sea el más veterano del cartel, hasta debutantes como la británica Kelly Lee Owens. Con ella comienza este breve repaso por algunos de los nombres del Festival.

 

 

Kelly Lee Owens

El debut de Kelly Lee Owens fue uno de los discos más celebrados de 2017. Y también fue una sorpresa inesperada, porque la carrera de esta galesa de 29 años ha sido de lenta maduración. Casi adolescente formó parte de un grupo de indie, The History Of Apple Pie, que no llegó a ningún sitio. Asegura en las entrevistas que entonces se preguntaba si se había equivocado dejando su carrera de enfermera. Se ganaba la vida como dependienta en tiendas de discos de Londres y así conoció a Daniel Avery, que se ha convertido en su mentor. Su estreno es un disco entre el pop y la electrónica en el que el techno suena romántico y el ambient, espiritual. Quizás porque samplea cuencos tibetanos o gongs. El año pasado estuvo en Primavera Sound, pero juraría que esta es su primera visita a Madrid.

HVOB

Habituales de festivales como Sonar, el dúo austriaco formado por Anna Müller y Paul R. Wallner tiene una capacidad asombrosa tanto para las melodías como para los ritmos. Para entendernos, suenan un poco como The XX en versión deep techno. En 2017 publicaron su tercer álbum, Silk, a medias con Winston Marshall, de Munford & Sons, que asegura que les escribió un e-mail tras flipar con esta canción de 2016 en YouTube. Contra todo pronóstico, el disco quedó bastante decente.

Yaeji

Nacida en NYC de padres coreanos. La vida de Kathy Yaeji Lee ha sido un ir y venir continuo entre EE. UU. a Seúl. Esa debe de ser la razón para que carezca de prejuicios estéticos. Lo mismo le da al rave, que al r´n´b, al house o al nu disco. Incluso se deja llevar por el folk tradicional de Corea. Según ella: si tiene ritmo, le sirve.

Floating Points

Sam Sheperd, más conocido como Floating Points, es un neurólogo que combinaba el doctorado con pinchar. Contaba que llegó a llevarse los viernes la maleta de discos al laboratorio para salir pitando al aeropuerto las noches en los que le tocaba actuar en los clubes más importantes de Europa. El doctorado le fue bien y la música también. Amigo de Four Tet, Caribou o Jon Hopkins sus producciones han dinamitado las estructuras del house. Es como si hubiera cogido el jazz fusión que hacían a principios de los ochenta bandas no demasiado añoradas (pongamos Spyro Gira) y lo hubiera convertido en ambient marciano. Y su primer disco, Elaenia, es tan intenso como fascinante. Lo último que ha publicado es una sesión con banda grabada en el desierto de Mojave.

tUnE-yArDs

"El cuarto álbum de Tune-Yards podría describirse como música de baile que indaga en las raíces de la música de baile", escribía Rafa Cervera en Babelia hace unos meses. La estadounidense Merril Garbus, que firma como tUnE-yArDs lleva una década practicado un sonido que es una excéntrica mezcla de electrónica de andar por casa, toques africanos y esencia pop. Y cuestiona desde un desenfado aparente cosas como los estereotipos de género. Sus directos son una declaración de amor a la música, así, en sentido amplio. Después de su primer concierto en Madrid, hace ya años, terminó improvisando una sesión de Dj en un bar del centro. Y fue inolvidable.

Kiasmos

Cosas que pasan en Reikavik. Un pianista clásico y compositor de música contemporánea, Ólafur Arnalds, se junta con un ingeniero de sonido y componente de un dúo de electro-pop, Janus Rasmussen. El resultado es Kiasmos, conjunción de música baile con el sonido evocador del ambient y uno de los combos más exitosos que ha dado la electrónica de autor en los últimos años.

El Búho

Dentro de esa escuela de electrónica andina que lidera Nicola Cruz han surgido personajes tan curiosos como El Búho, el alias de Robin Perkins, trabajador de Amnistía Internacional y músico de minimal, que tras un viaje a Buenos Aires en 2009 descubrió la música latinoamericana. Sus sesiones, hechas desde el máximo respeto al original, transforman el folk andino o la cumbia en un relajante house diurno.

Apparat Dj

Sascha Ring es uno de los productores alemanes que han realizado la transición del techno duro a sonidos más ambientales ganando pulso, y público, en ese camino. Aquí viene como DJ y es de esperar una de esas sesiones estilo montaña rusa con subidas, bajadas y cinco vueltas mortales.

Roisin Murphy

Murphy lleva tanto tiempo por aquí, desde que cantaba Sing it back en Moloko, allá por los noventa, que parece un milagro que esta irlandesa se las arregle para que todo sea nuevo. Pero tiene esa capacidad. Nativa del pop electrónico y el baile sensual; dueña de un sentido del humor a prueba del paso del tiempo, es una de esas divas a las que no da rabia admirar. Y Lorde o Likke Ly le deben mucho.

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