_
_
_
_

‘La Reina de la noche’ tuvo la culpa

Marta Eguilior es una de las escasas directoras de escena de ópera que hay en España, ahora estrena 'Orphée et Eurydice' en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián

Marta Eguilior, directora de escena de ópera, en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián.
Marta Eguilior, directora de escena de ópera, en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián.Javier Hernández
Isabel Valdés

¿Fácil? No. Fácil no fue. A Marta Eguilior (Sevilla, 1985) estuvo a punto de comérsela la frustración de un oficio lleno de hombres, tremendamente estático y algo anclado en las formas y los fondos de siempre. Durante años se fue empujando a sí misma, una y otra vez, para meter la cabeza en ese mundo operístico que cuenta con una idiosincrasia un tanto especial. Se presentó en decenas de lugares, escribió, llamó, propuso. Y cuando estaba a punto de hastiarse y decir ciao, aparecieron Orfeo y Eurídice en su vida.

Ahora pone de largo la ópera, Orphée et Eurydice, con la revisión que Gluck le dio en 1774 para llevarla hasta París, en francés. Se estrenó el 2 de agosto de aquel año y ahora, este 1 de junio, lo hace en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián. Eguilior es directora de escena de ópera. "Una de las siete u ocho que hay en España", apunta. El viaje empezó en 2007.

Durante su último año en la escuela de Arte Dramático de Bilbao —Eguilior nació en Sevilla pero jamás vivió allí—, su profesora de canto pulsó un día el play para mostrarles un vídeo, el del aria La reina de la noche, de La flauta mágica de Mozart. En un escenario imponente y azulado, Diana Damrau llenaba todo el espacio sonoro del Royal Opera House de Londres. A Eguilior se le desencajó la mandíbula: “Vi aquella puesta en escena y me enamoré, literalmente. Durante muchas noches me puse aquel vídeo y supe que aquello era lo que quería hacer”.

No hay estudios reglados para Dirección escénica de ópera ni en España ni en Europa, así que se buscó las mañas. Pidió una beca que ofrecía la Diputación de Vizcaya y en 2008 se marchó a Buenos Aires, al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, la capital operística de Latinoamérica, cuya Fundación también la becó. Allí comenzó lo que ella llama su “cruzada”.

Pero, en realidad, esa expedición comenzó muchos años antes, cuando se enredaba en mil trapos mientras su abuela le enseñaba los versos del Tenorio para que los recitase. Dibujaba, cantaba, tocaba la guitarra, hacía manualidades, declamaba. “También pasaba una mosca y yo me entretenía. La verdad es que estaba claro que había una parte sensible muy desarrollada y enfocada al arte”.

Y de aquellas telas estos montajes. En Argentina aprendió Dirección de escena, Escenografía, Vestuario, Lenguaje musical… “Hay quien piensa que es igual que el teatro, pero no, no lo es. Hay que saber seguir una partitura, un coro, conocer las necesidades de los cantantes. La ópera es otro mundo y hay que entenderlo con todas sus aristas”. Pasó tres años yendo y viniendo a España y en 2011 decidió volver. Se mudó a Barcelona pensando que sería más fácil empezar en una ciudad con cultura de ópera. Pero no. “Por lo general se entra desde la ayudantía de dirección, pero el 98% de los directores ya tiene sus ayudantes y no hubo manera. Pasó más de un año hasta que encontré algo, pero no como ayudante, sino como directora”.

Supo que estaban buscando alguien que dirigiese L'elisir d'amore, de Donizetti. Envió el dossier y aceptaron. Estrenó en Calella durante el verano de 2012. "Fue bastante bien, pero también complicado. Yo era más joven, tenía 26 años, soy mujer y además mido 1'57 y soy bastante menuda. Y todo esto tiene que ver. Me vi delante de un coro de 50 de personas a las que les costaba aceptarme como autoridad. Esto sigue siendo así". Al coro había que sumarle personal técnico de iluminación, vestuario, figurantes, cantantes... "Al final me hice entender, les mostré la puesta y el enfoque y, aunque me costó mucho sudor y alguna lágrima, salió".

Boceto con el que la directora diseñó el primer acto de la ópera.
Boceto con el que la directora diseñó el primer acto de la ópera.Marta Eguilior

Eso sí, asegura que acabó agotada, física y mentalmente, de bregar contra los estereotipos machistas que se cruzan en cualquier profesión. En la suya quizás un poco más. Cuenta que a pesar de poner tiempo y trabajo en cualquier proyecto, al final las mujeres suelen quedar relegadas a lo que se llama "la segunda división". "Si conseguimos dirigir es ópera infantil o pedagógica, no de repertorio. Al final, el repertorio siempre se le encarga a gente de otro género, aunque tengan menos experiencia". En España, las directoras de escena en activo no llegan a la decena, y relativamente jóvenes, según Eguilior, solo hay un par. "Cuando llegas a dirigir es porque llevas años y años con un director, como ayudante, y es cuando a él no le da tiempo a coger algún proyecto, te lo pasa. Para entonces tal vez ya tienes más de 50 y llevas un par de décadas o tres trabajando. Aún así, suelen ser obras de cámara pequeña".

A los pocos meses dirigió Tosca, de Puccini, en la misma ciudad, Calella. Y después, otra vez la nada. Mientras preparaba las maletas para mudarse una vez más, contactó con una asociación de ópera y les propuso un proyecto contemporáneo, Der Kaiser Von Atlantis (El emperador de la Atlántida), de Viktor Ullmann. "Dijeron sí. Encontré a los cantantes, al compositor, monté el equipo y ensayamos en Barcelona y después montamos en el Teatro Principal de Zaragoza". Estrenó en noviembre de 2013 y después se marchó a Madrid.

Cartel de la ópera.
Cartel de la ópera.

Escribió a directores de escena, a todos los que conocía, y ninguno le contestó. "Así que contacté con José Martret y Alberto Puraenvidia, de La casa de la portera [aquel espacio único de la escena off madrileña que creó una nueva forma de ver teatro y que consistía en una representación que se movía por las distintas estancias de aquella casa de Lavapiés y que cerró en junio de 2015]. Eguilior quería montar La voz humana, una tragedia lírica con música de Francis Poulenc y libreto en francés de Jean Cocteau estrenada en 1959 y basada en su obra homónima de 1930. Martret y Puraenvidia no solo aceptaron sino que la coprodujeron.

“La adapté al castellano para que pudiese conectar de una forma más directa con el público, porque al final es lo que queremos, ¿no? Conectar hoy para tener público mañana”. Dice que hay que desestructurar la ópera, ponerla cerca del público. “Eso es algo que en los teatros grandes se pierde, por eso la experiencia en La casa de la portera fue tan maravillosa. Se hizo con 30 personas máximo como público”. Y añade: “Por cierto, con La voz humana estaremos en el Centro Botín de Santander en septiembre”.

El tiempo fue pasando y el año pasado decidió que no podía más. “Me agotaba seguir llamando a puertas que no abría nadie, impulsar proyectos, no conocía a nadie, no tenía ningún referente en el que apoyarme o reflejarme. Los hombres programan a hombres, y ya si eso meterán una mujer al año… Llevaba años proponiendo y proponiendo. Nadie nunca me llamó. Así que decidí que estaba cansada, de verdad, mucho”. Y entonces la llamaron desde San Sebastián.

“Aluciné. Había participado en una entrevista para una traviata y fui finalista, pero quedó ahí. Y casi tres años después, Ainhoa Garmendia, la mujer que capitanea la compañía Opus Lirica, me ofreció la dirección de Orphée et Eurydice”. La han montado en tiempo record. “Estrenamos el viernes”, dijo hace un par de días. El viernes es hoy, este 1 de junio.

Le ha puesto “rock and roll”. “No me he salido del protocolo, soy siempre muy fiel a la música, pero sí le he dado una relectura”, cuenta, emocionada, al otro lado del teléfono. “Un viaje que Orfeo emprende hacia el infierno para recuperar a su esposa muerta. Hay fuego y hay pasión. Es imposible encarar eso desde lo naif, le he puesto un poco de oscuridad, algo gótico. La parte real, visceral, de las historias es lo que me interesa. Y adaptarlo al presente”. En su Orphée et Eurydice, la muerte es el hilo conductor y la encarna una mujer. Sobre el escenario juega ella y juega el amor, los respectivos álter ego de Orfeo y Eurídice. Una danza que se convierte en un baile de máscaras. Eso sí, de cuero, de perro. La coreografía del amor, y de la muerte, tras una capucha de sadomaso.

'Orphée et Euridice'

Orphée et Euridice es una ópera en tres actos compuesta por Christoph Willibald von Gluck. Al Teatro Victoria Eugenia llega este 1 de junio a las 20.00 con la compañía Opus Lirica, y repetira función el próximo domingo 3 a las 19.00. Todavía quedan entradas (entre 20 euros y 70 euros) y pueden comprarse haciendo click en este enlace.

Orphée : Matteo Mezzaro

Eurydice : Ainhoa Garmendia

Amor : Alicia Amo

Muerte: Karen Juanes

Dirección musical: Lara Diloy

Dirección y diseño de puesta en escena : Marta Eguilior

Diseño vestuario : Raquel Porter

Material de escenografía y vestuario y supervisión : OCN

Iluminación y proyecciones : David Bernués

Coro ADAO, con la dirección de Jagoba Fadrique

Orquesta: Opus Lirica

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Isabel Valdés
Corresponsal de género de EL PAÍS, antes pasó por Sanidad en Madrid, donde cubrió la pandemia. Está especializada en feminismo y violencia sexual y escribió 'Violadas o muertas', sobre el caso de La Manada y el movimiento feminista. Es licenciada en Periodismo por la Complutense y Máster de Periodismo UAM-EL PAÍS. Su segundo apellido es Aragonés.

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_