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Coke Bartrina, el ingeniero que se convirtió en el viajero más influyente de Instagram

Es uno de los fotógrafos jóvenes más cotizados de nuestro país y junto a su pareja profesional -y personal- Nuria Val viaja sin descanso por todo el mundo con su cámara. Pero cuando no está trabajando en Italia o Japón, se evade de dos maneras: fabricando objetos de madera y conduciendo

Una imponente explosión de lava en el volcán Estrómboli; una impactante vista aérea de una playa en la isla Reunión; un mar de dunas rojizas en Marruecos; un paisaje casi extraterrestre de rocas cubiertas por musgo en Islandia… Pasearse por el Instagram de Coke Bartrina, que funciona a modo de cuaderno de viajes, supone el sueño de cualquiera. Este joven fotógrafo catalán forma un tándem perfecto y envidiable con su pareja, la modelo y directora creativa Nuria Val. (conocida en las redes como Frecklesnur). Juntos viajan a algunos de los lugares más espectaculares del planeta para crear imágenes que desafían nuestra percepción a la vez que confirman que sí, que existen paraísos terrenales. Y ambos personifican a la perfección un modelo distinto de influencer, con talento, una depurada visión estética y un espíritu aventurero.

Encontrar un momento para hablar con Coke entre una agenda repleta de aeropuertos y trabajos para marcas no es sencillo. Poco después de regresar de Japón está en Italia, de nuevo fotografiando lugares de ensueño. “Me gusta mucho viajar, pero a la vez pienso que es infinito, nunca te da tiempo a conocer todo”, nos cuenta. “Me considero curioso, y viajar me sacia esa curiosidad”. Ese mismo empuje es el que le llevó a descubrir la fotografía a los once años, cuando se cruzó en su camino su primera cámara. “Mi padre me regaló una cámara réflex, una Canon AT-1, y me enseñó a revelar en blanco y negro. Para un chaval, ese momento en el que ves que un papel blanco se va convirtiendo poco a poco en una imagen es muy impactante”. Esa cámara acabó rompiéndose “de tanto usarla”, pero le seguirían muchas otras.

Inventar imágenes

Desde aquel momento, la curiosidad de Coke no hizo sino crecer. “Yo quería ser inventor”, explica retrotrayéndose a su infancia, “pero no había una carrera para eso, así que hice Ingeniería industrial”. Solo que no contó con un detalle: “No calculé que había tanta parte de Matemáticas y Física”, confiesa entre risas. A él lo que le atraía era la parte creativa, comprender cómo se crean las cosas. “En la casa de mi abuela ayudaba en el campo de cultivo. Intentaba entender cómo crece un tomate”, recuerda. Por eso también comenzó a interesarse por trabajar con madera. “Me gustan los procesos, me interesa mucho el camino que te lleva a la creación de un objeto, más que el producto final en sí”, explica. Así, acabó fabricándose sus propios muebles cuando se fue de casa de sus padres.

Esa búsqueda por comprender cómo funciona el mundo impulsa también su trabajo como fotógrafo. “Intento explicar la historia de la persona que hay detrás de un proceso creativo. Es un pequeño reto porque explicar esto con fotos es más complicado que, por ejemplo, en vídeo”. Eso y, por supuesto, el entorno natural del que nunca se despega del todo. “Estoy muy ligado al mar”, confiesa. “Si un proyecto tiene algo que ver con plantas y naturaleza, me interesa”, asegura. Además de imágenes y vivencias, en ese ir y venir a lo largo del mundo se guarda algo más para el recuerdo. “Cuando voy visitando diferentes países voy recogiendo flores que guardo entre dos tarjetas en mi cartera. Esa colección que voy creando es mi talismán”.

Coke Bartrina, el ingeniero que se convirtió en el viajero más influyente de Instagram

Un escapada a Cadaqués

La otra gran evasión de Coke que no implica mancharse las manos de serrín es ponerse a los mandos de un volante. “Me gusta muchísimo conducir. Viajo mucho en coche con mi novia, porque trabajamos juntos, y aunque a veces me dice que si coge ella el coche le digo que no, porque me encanta conducir”, cuenta. Y, como alguien que trabaja en el mundo de la imagen, una de las primeras cosas en las que se fija en un coche es en la estética. “Me gusta escoger bien las cosas que me gustan. También influye que estudiase ingeniería, me fijo en los detalles, en el motor...”, enumera antes de pararse en una de las características que más le atraen del automóvil.

“Lo primero en lo que me fijo siempre son las luces”, asegura. Los faros full LED del Renault Talisman son, por tanto, una de esas cosas que le hacen apreciar el valor de un buen diseño. Pero no solo aprecia lo estético. “Me gusta que las cosas sean funcionales. No me complace la estética por la estética. No me gusta la pretenciosidad, sino las cosas sencillas pero bien hechas”. Por esa razón, el Renault Talisman es su elección, que reúne líneas estéticas y cuidado por el detalle con la funcionalidad de un gran automóvil preparado tanto para la ciudad como para escaparse un fin de semana.

A la hora de hacer uno de esos viajes cortos, Coke tiene claro cuál es su destino predilecto: “Cada año mi novia y yo intentamos ir a la Costa Brava, a Cadaqués, sobre todo si no es temporada alta. Es muy inspirador”. En esas ocasiones, la conectividad es una necesidad, y por eso es sistema R-LINK 2 del Renault Talisman le hace la vida más fácil. “Me encanta que todo sea más sencillo, tener una pantalla táctil y no tener que ir con Google Maps en el móvil”. También, poder escuchar sus playlists mientras disfruta del paisaje. “Es que yo soy de los que tenía esa cinta de la que salía un cable para escuchar música cuando todavía había casetes”.

Todos esos detalles hacen del Renault Talisman un placer para los que, como a Coke, les apasiona conducir. Porque, insiste, a él le encanta ponerse al volante. “Me da igual ir a buscar a alguien a una hora y media solo por el gusto de conducir”, dice antes de resumirlo en una certera frase que acaba por definirle: “Supongo que es la idea de estar en movimiento”.

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