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“La juventud africana tiene que espabilarse para sobrevivir”

Faissol Gnonlonfil produce películas en África para mostrar la realidad del continente

El productro beninés Faissol Gnonlonfi en Tarifa durante el FCAT 2018.
El productro beninés Faissol Gnonlonfi en Tarifa durante el FCAT 2018.

“La juventud africana, al menos la de África occidental, está muy descontenta. Se inspira en la precariedad porque no tiene empleo y está obligada a esperar una vida mejor como único futuro”, afirma el beninés Faissol Gnonlonfin. Este productor de documentales en países del África francona, observa que esta es una característica común a los jóvenes de la región y por eso cada vez hay menos diferencias entre los de un país y otro; y ve esta situación como el resorte detrás de la fuerza que les mueve a querer “echar a los dirigentes corruptos que llevan años en el poder”.

Otra de las convicciones que comparten los jóvenes de África occidental es que sus gobiernos “escuchan más al colonizador que a sus ciudadanos. Por eso muchas personas se están organizando, en los distintos países, bajo la premisa de ‘o nos escucháis u os echamos y ponemos en vuestro lugar a quienes puedan poner en pie al país y cortar los puentes con el colonizador”.

Los documentales que produce Gnonlonfin, a través de su productora, Merveilles Productions, siempre tienen como trasfondo estas realidades. Tal es el caso de La colère dans le vent, de Amina Weira (2016) que denuncia la explotación del uranio en Arlit, norte de Níger, desde 1976 y la consecuente contaminación de la región que ha interrumpido por completo la vida de la población local. Francia se lleva todos los beneficios mientras que los nigerinos quedan condenados a la miseria. En Lendemains incertains (Futuros inciertos), del director burundés Eddy Munyaneza (2018), se habla de las manifestaciones en las calles de Buyumbura contra el tercer mandato del presidente Pierre Nkurunziza. Un documental censurado en Burundi. O en Vivre riche (Vivir siendo rico) primer documental del marfileño Joël Akafou (2017) que muestra la realidad de un grupo de jóvenes de entre 15 y 25 años que se limitan a realizar pequeñas estafas para poder sobrevivir. Consideran que engañar a los europeos es un poco como recuperar la deuda colonial. Estos dos últimos han sido exhibidos en el XV Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT).

“En todos estos documentales, y en otros que produzco, se muestra cómo la juventud tiene que espabilarse para poder sobrevivir”, comenta el productor, que añade: “Como se ve, esta realidad no es característica de un solo país, sino que es prácticamente la misma en toda África occidental”. A pesar de estas similitudes, estos países no dejan de ser muy diversos y diferentes entre ellos, sobre todo a nivel cultural. “Es por lo que me gusta producir estos documentales, porque en cada país aprendo un cultura distinta sea Benín, Togo, Costa de Marfil, Senegal, Burkina o Camerún”, asegura Gnonlonfin.

Quiere dejar claro que no hace las películas para que las vean los occidentales

Antes de ser productor, Gnonlonfin fue director, pero decidió abandonar esa vía para dedicarse de pleno a la producción de documentales “que me tocan, que me afectan, para mostrar la verdadera África y que ayuden a cambiar África”. Pero deja claro: “Estos documentales no están ahí para dar una lección a nadie, pero si permiten cambiar algo, mostrar lo que sucede en un país africano, eso me dará mucha satisfacción", asegura el beninés.

Gracias a los documentales de Gnonlonfin y otros como Boxing Libreville del beninés Amédée Pacôme (2018), Kinshasa Makambo del congolés Dieudo Hamani (2018) o Vote off del argelino Fayçal Hammoun (2017), el FCAT 2018 ha constatado que hay una tendencia en África a retratar la realidad de los jóvenes del continente, sus frustraciones, sus luchas diarias, los medios que tienen que inventar para sobrevivir y sus esperanzas y sueños. No es algo para lo que directores y productores africanos se hayan puesto de acuerdo, surge de manera espontánea en los distintos países.

En África casi no existen salas de cine

De hecho, “hay muy poca comunicación entre productores y directores de los distintos países africanos”, asegura Gnonlonfin. Y eso a pesar de que existen instituciones que propician el intercambio como la Federación Panafricana de Cineastas (FEPACI). Igualmente, los festivales de cine que proliferan en el continente son una ocasión para encontrarse y compartir y, sobre todo, “para mostrar nuestro cine”. Es el caso de FESPACO de Uagadugú, Ecrans noirs de Yaundé y otros que se celebran en países como Togo, Ruanda, Burundi… “Hay muchos festivales que nos permiten mostrar nuestras películas pero el verdadero problema de comercialización de las películas en África es la falta de salas de cine”.

Este es el verdadero problema cuando se quieren exhibir películas en África. Es una labor nada fácil por la falta de salas de cine. “Nosotros militamos para que se abran salas”, asegura el productor, “pero son más las salas que se cierran que las que se abren”. Por eso, él y sus colegas propician las proyecciones al aire libre, incluso en las zonas más remotas.

A pesar de estos problemas y de lo que la gente pueda pensar, Gnonlonfin quiere dejar claro que no hace las películas para que las vean los occidentales, "las hacemos para mostrarlas en África. Siempre, nuestro primer objetivo es mostrar nuestras películas al público africano; entre otras cosas porque la imagen tiene un gran poder que muestra las fuerzas y las debilidades de las personas, por eso es importante que se vean en África. Todas las películas que yo he producido en estos cinco o seis años, siempre han sido proyectadas en sus propios países y otros africanos. Si esto puede ayudar al desarrollo de los países en África será toda una satisfacción para mí y una razón más para seguir trabajando”.


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