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España se ausenta

Rajoy boicotea una cumbre europea para no coincidir con el líder de Kosovo

Mariano Rajoy dialoga con el primer ministro italiano Paolo Gentiloni, el miércoles 16 en Sofía.
Mariano Rajoy dialoga con el primer ministro italiano Paolo Gentiloni, el miércoles 16 en Sofía.

Desde que Kosovo proclamara su independencia en 2008, los sucesivos Gobiernos españoles han seguido una política contradictoria. Por un lado, han sostenido pública y reiteradamente que la singularidad del caso de Kosovo impedía considerarlo un precedente válido trasladable a otros contextos —especialmente al catalán—. Pero al tiempo, como si temieran estar equivocados y que el reconocimiento sí que constituyera un precedente, no solo se han negado a reconocer al nuevo Estado kosovar, sino que han litigado activamente en todos los foros internacionales y ante sus aliados europeos y amigos latinoamericanos, para evitar que ese reconocimiento se extendiera.

Hay que decir que la diplomacia no ha sido muy exitosa. La demanda de Serbia ante la Corte Internacional de Justicia, en la que España se personó, fracasó, pues el tribunal de La Haya dictaminó que no hubo violación del derecho internacional en la declaración de independencia kosovar. A partir de ahí, en la década transcurrida desde la independencia, 116 países han reconocido Kosovo, entre ellos todos los miembros de la UE y OTAN, excepto España, Grecia, Rumanía Eslovaquia y Chipre, además de algunas organizaciones internacionales de relieve, como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial.

El paso del tiempo ha dejado a España en una posición de creciente incomodidad internacional, al verse obligada de forma constante a desmarcarse de las iniciativas diplomáticas de sus socios europeos para la región o incluso a bloquear la adhesión de Kosovo a organismos internacionales como la Unesco.

De esas dificultades se derivan algunos absurdos, como la participación de Kosovo en los juegos del Mediterráneo, que se celebrarán en Tarragona el próximo mes de junio, lo que implica que la bandera de Kosovo ondeará en territorio español. Pero más allá de las anécdotas, hay hechos diplomáticos de mayor alcance, como la ausencia del presidente Rajoy de la cumbre UE-Balcanes que la presidencia búlgara ha organizado los días 17 y 18 de mayo en Sofía.

La ausencia de Rajoy de la segunda parte de la cumbre, a la que están invitados los seis países de los Balcanes que pugnan por acceder a la UE en un futuro más o menos inmediato, quiere representar el rechazo de la diplomacia española al hecho de que la Comisión Europea y la alta representante para la Política Exterior, Federica Mogherini, hayan incluido a Kosovo, junto con Serbia, Montenegro, Albania, Macedonia y Bosnia-Herzegovina en la lista de países candidatos a la adhesión. Pero también quiere enviar un claro mensaje político al resto de los socios comunitarios sobre el firme rechazo de España a normalizar la situación de Kosovo.

Sea por razones de política europea o de política interior, lo que es evidente es que Rajoy se equivoca. Primero porque tanto Serbia como los otros cuatro socios de la UE que tampoco reconocen a Kosovo sí que asistirán a la cumbre. Pero sobre todo porque el mensaje de su ausencia es tan ridículo como contraproducente: Kosovo, que no es miembro, participará en una cumbre europea, pero España, que sí lo es, no lo hará. Si eso no es una derrota diplomática, desde luego lo parece.

 

Fe de errores: En una versión anterior se omitía que Eslovaquia tampoco ha reconocido el Estado kosovar.

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