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Parálisis italiana

Las elecciones adelantadas que piden los partidos 'antiestablishment' no es la solución adecuada

El presidente de Italia, Sergio Mattarella.
El presidente de Italia, Sergio Mattarella. AP

La incapacidad de los partidos italianos para alcanzar un acuerdo y formar gobierno ha colocado al país en una situación sin precedentes desde la instauración de la República en 1946.

Las elecciones generales celebradas el pasado 4 de marzo dejaron a las tres principales corrientes políticas sin la mayoría necesaria para formar un gobierno en solitario. Ni la vencedora coalición de derechas —nacionalistas de la Liga Norte más el partido de Silvio Berlusconi— con 265 escaños, ni los populistas del Movimiento 5 Estrellas (M5S), con 227, ni el centro-izquierdista Partido Demócrata, con 122 asientos, alcanzan por sí mismos los 316 votos necesarios.

Las conversaciones habidas desde la fecha no han dado fruto alguno. Es más, han convertido el proceso en una precampaña electoral, abriendo el paso a una preocupante parálisis en un país que debe afrontar grandes retos. En el M5S y en la Liga Norte se ha impuesto la idea de que es mejor ir a nuevas elecciones, que se celebrarían en julio. Ambas formaciones, antiestablishment, suman mayoría absoluta. Su estrategia ha consistido en bloquear el éxito de cualquier atisbo de negociación. Hoy el presidente de la República, Sergio Mattarella, tiene previsto proponer un gobierno técnico que se prolongue al menos hasta diciembre. Para entonces deberían estar aprobados los Presupuestos Generales y una reforma de la última ley electoral, responsable en parte de la parálisis actual.

Mattarella argumenta que es la primera vez en la historia del país en que una legislatura puede concluir sin formar gobierno y que esto es ignorar la voluntad popular. Razón no le falta. Solo entre 1946 y 1992 —cuando la 1ª República se desmoronó por la corrupción— Italia tuvo 33 Gobiernos. Y desde entonces también han abundado las coaliciones. El parlamentarismo italiano siempre ha favorecido los pactos entre fuerzas políticas dispares.

La propuesta de Mattarella no es la mejor, pero tiene precedentes cercanos. El último Gobierno técnico se remonta a 2011, con Mario Monti como presidente del Ejecutivo. Duró hasta 2013. Lo ideal —y lo que ha sucedido en Italia hasta ahora— es que los partidos adopten una actitud práctica a la hora de llegar a acuerdos que permitan investir un Gobierno y evitar unas nuevas elecciones y la inestabilidad derivada de ellas, que sería tan mala para Italia como para el resto de Europa.

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