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Qué mueve a... Dzikunu Richard Mawutor

“Creo en las mujeres y su poder”

El ghanés ha sido galardonado por su labor para reducir el embarazo adolescente y la mortalidad materna en su país

Dzikunu Richard Mawutor, ganador del Premio Acción para los Objetivos de Desarrollo Sostenible en la categoría de inclusión.
Dzikunu Richard Mawutor, ganador del Premio Acción para los Objetivos de Desarrollo Sostenible en la categoría de inclusión.

Promover la abstinencia hasta el matrimonio para evitar el embarazo adolescente no solo no es suficiente, sino contraproducente. Es lo que ocurre en Ghana, según Dzikunu Richard Mawutor. "Las estadísticas nos muestran que los chavales están manteniendo relaciones sexuales", explica. Y muchos lo hacen, añade, de manera insegura porque carecen de educación reproductiva e información sobre anticonceptivos. Los datos le dan la razón. La última encuesta nacional sobre Salud Materna en el país, de 2017, revela que el 14% de las niñas entre 15 y 19 años ya habían tenido hijos o estaban encinta en el momento del estudio. En las áreas rurales, además, el porcentaje es mayor (18%) que en las urbanas (11%). Una realidad que este joven de 26 años se ha propuesto cambiar y cuya labor para lograrlo le ha valido el Primer Premio de Acción para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en su categoría de inclusión.

"Es injusto que, primero, se prive a las chicas de formación en salud sexual y reproductiva. Y después, cuando mantienen relaciones y se quedan embarazadas, se les castiga negándoles su educación", se indigna Mawutor. Detalla este activista defensor de los derechos de las niñas y mujeres que, en Ghana, a las jóvenes encinta se las expulsa de la escuela y se les impide presentarse a los exámenes para obtener su graduado escolar. Aunque para engendrar hacen falta dos, "ellas son las que sufren las consecuencias", subraya. "Pero si les das información sobre sexo y las provees de anticonceptivos, pueden negociar sobre tener relaciones y se pueden proteger. Así no tendrán que renunciar a su educación y lo que quieran ser en el futuro", razona.

El desarrollo de Ghana, y puede que el del resto de África, depende de las mujeres. Ya vemos lo que son capaces de hacer para mantener a sus familias. ¿Qué más podrían hacer si tuvieran recursos?

El embarazo adolescente y la mortalidad materna son los principales problemas de Ghana en opinión de Mawutor. Todavía, un 31% de las residentes en zonas rurales dan a luz sin asistencia de personal cualificado. "Muchas paren en casa y si se producen complicaciones pueden perder la vida", enfatiza. El país, dice, no puede permitirse renunciar al potencial de las jóvenes formadas y las madres vivas. "Creo en las mujeres y su poder. El desarrollo de Ghana, y puede que el del resto de África, depende de ellas. Ya vemos de lo que son capaces de hacer para mantener a sus familias. ¿Qué más podrían hacer si tuvieran acceso a recursos? Han demostrado durante años que, si se les da la oportunidad y alcanzan posiciones de liderazgo, ayudan a que la sociedad crezca. El dominio de los hombres ha ido demasiado lejos", sostiene.

Con este diagnóstico, Mawutor tiene claro el remedio: invertir en educación sobre salud sexual y reproductiva, especialmente entre las jóvenes y las embarazadas. Así, cuando entró en contacto con la organización británica Restless Development, tuvo muy clara la respuesta a la pregunta que llevaba años realizándose: ¿qué puedo hacer yo para ayudar a mi país? Gracias al apoyo de esta entidad, ha formado en materia de relaciones seguras mediante el concomiendo de su cuerpo y el uso de contraconceptivos a más de 1.000 adolescentes; y ha creado un grupo de 40 madres rurales que se han convertido en consejeras en cuestiones de salud prenatal en sus comunidades. 

De las innumerables visitas a cada una de las escuelas, encuentros con las mujeres, charlas o debates, Mawutor ha recabado cientos de historias reales. "Los datos están ahí, pero muchas veces la gente no ve que hay seres humanos detrás de los números", lamenta. "Un informe de la ONU puede decir que 5.000 o 20.000 mujeres mueren durante el parto cada año, la gente lo ve y lo entiende, pero solo una historia real puede cambiarlo todo", añade. Tan convencido está de ello que, cuando tiene la oportunidad de reunirse con políticos u otras autoridades, les relata lo que ha visto y escuchado en sus encuentros. "Les digo: 'Mira, esto es lo que está pasando, hay mujeres que mueren durante el parto. ¿Qué estás haciendo tú al respecto?'. Y tienen que actuar", asegura.

Una de esas historias con nombre, rostro y sentimientos que Mawutor comparte con los dirigentes de su país, y de las Naciones Unidas si se tercia, es la de una embarazada discapacitada que, cansada del periplo que suponía acudir a consulta desde su comunidad al hospital —que para colmo no era accesible—, decidió no volver. "Puedes imaginar lo que era para una embarazada con muletas subir las escaleras. Muy difícil. Después de dos visitas, decidió no ir más porque era un problema moverse desde su casa hasta el centro de salud sin ayuda. Dejó de recibir cuidados antenatales, dio a luz en casa, hubo complicaciones y perdió la vida", resume. "Cuando escuché esto…", se muerde el labio. Para el joven activista, esta muerte se habría evitado con una silla de ruedas y un ascensor. "¿Cómo puede ser que un hospital no esté adaptado a las necesidades de personas con discapacidad?".

Un informe de la ONU puede decir que 5.000 ó 20.000 mujeres mueren durante el parto cada año, la gente lo ve y lo entiende, pero solo una historia real puede cambiarlo todo

Por cada adolescente embarazada a la que se le ha negado la posibilidad de examinarse o continuar en la escuela que Mawutor ha conocido, el activista fantasea con encontrarse con el ministro de Educación de su país y decirle: "Arregla este problema". El servicio de salud de Ghana, reconoce, está intentando promover una mejor educación sexual en las escuelas. "Sin embargo, si a un estudiante le encuentran un condón u otro método anticonceptivo, le echan del colegio. ¿Por qué? Dadles información, permite que se protejan y se aseguren un futuro. Eso es todo lo que pedimos", zanja.

Mawutor hace y pide hacer. Pero necesita ayuda para continuar con este reconocido y galardonado éxito. Él y todos los que le apoyan en este proyecto son voluntarios. Los premios no dan de comer ni pagan la gasolina, las facturas o los materiales necesarios para su labor. Sobre todo, si como el recibido en Bonn el pasado febrero, no están dotados económicamente. La pasión y pequeñas becas de organizaciones filantrópicas mantienen vivo el proyecto. "Si lo dejo, ¿qué pasará con las chicas y con las mujeres?", se pregunta. "Algunas personas se preocupan de ir a grandes reuniones y ganar dinero, pero ¿cuál es su contribución real? ¿Han salvado una sola vida? Hablan y elaboran documentos, pero los papeles no salvan vidas. Al menos, yo ayudo a la gente, por eso necesitamos apoyo. Los ODS van de eso. Así que no se olviden de las organizaciones de base, de los que estamos trabajando en el terreno porque somos los que de verdad queremos cambiar las cosas". Su objetivo final: que las mujeres tengan el poder.

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