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La disputa por el golfo Pérsico llega a los museos

La denominación geográfica es objeto de polémica entre Irán y sus vecinos árabes

Banderas de los países pertenecientes al Consejo de Cooperación del Golfo en la Cumbre del pasado diciembre.
Banderas de los países pertenecientes al Consejo de Cooperación del Golfo en la Cumbre del pasado diciembre. AFP/Getty Images

Malvinas/Faklands, Senkaku/ Diaoyu, Perejil/Tura… La lista de enclaves geográficos que cuentan con distinta denominación según los países que los reclaman es larga. Cuando no hay disputa de por medio, los vecinos suelen utilizar topónimos diferentes (canal de la Mancha/canal inglés) sin mayores consecuencias. No es así en el caso de la vía de agua que separa la costa occidental de Irán de la península Arábiga. El nombre histórico golfo Pérsico se ha convertido en un asunto de Estado, como recuerda Teherán con la celebración del Día Nacional del Golfo Pérsico.

Ni siquiera los cronistas árabes discuten que tal es el término convencional. Así lo denominaron no sólo los geógrafos griegos Estrabón y Ptolomeo, sino historiadores como Ibn Khaldun o Ibn al-Athir. Y como tal se recoge en infinidad de documentos y tratados. Pero a mediados de los sesenta del siglo pasado el auge del nacionalismo árabe difundió la alternativa golfo Arábigo, objeto de la disputa. Entre medias, el imperio otomano optó por golfo de Basora, como recuerda un globo terráqueo del siglo XVII expuesto en el Louvre Abu Dhabi.

La jornada conmemorativa se instituyó en 2004, justo cuando Irán empezó a sentir la presión internacional sobre su programa nuclear. Desde entonces, la celebración no se ha limitado a la emisión de sellos de correos, sino que ha servido al nacionalismo iraní.

Teherán incluso llevó el caso a la ONU, cuyo Grupo de Expertos en Nombres Geográficos (sí, existe tal comité) concluyó que “no se pueden prohibir los exónimos” (nombres para lugares geográficos o grupos humanos dados desde fuera de dichas comunidades). Ello no desanimó al presidente Mahmud Ahmadineyad, quien defendió ante la ONU en 2011 que golfo Pérsico era el único nombre. Su objetivo no eran sólo los países vecinos, sino EE UU, cuyos funcionarios a menudo se refieren al Golfo a secas para no herir la susceptibilidad de sus aliados árabes. Pero esto tampoco satisface a Irán, que llegó a amenazar con prohibir el sobrevuelo a las aerolíneas que en sus pantallas informativas obviaran “Pérsico”.

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