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MIRADOR
Columna
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Terroristas

No parece lógico convertir a los líderes de los CDR en compañeros penales de los del tiro en la nuca

Jorge M. Reverte
Detención de Tamara Carrasco, activista de los CDR, en Viladecans (Barcelona).
Detención de Tamara Carrasco, activista de los CDR, en Viladecans (Barcelona). Albert García

Un poco fuerte, ¿no? Llamar terrorismo a las condenables, y detestables acciones de los comités de defensa de la repúblicaparece excesivo. Sus métodos son más que discutibles, y sus fines merecen ser puestos en cuestión, porque pretenden instaurar en la práctica lo que una visión parcial de la realidad política les da: la república catalana. Un Estado del que, de existir alguna vez, sabemos todavía poco, pero sí algunas cosas impactantes: en la república catalana no habría peajes en las autopistas.

Por lo demás, las “propuestas” de los CDR no se diferencian mucho de las que pueden hacer los sindicatos tradicionales, que en Cataluña son los mismos que en el resto de España, cuando quieren conseguir, por ejemplo, que un paro sea general. Los piquetes informativos se vuelven resolutivos con mucha frecuencia. Pero de las incomodidades que provocan esos piquetes al terrorismo hay un largo trecho, por más que a algún responsable de Interior se le crucen los cables. La ley llamada mordaza del PP atestigua que ese cruce de cables se produce también a veces en todo un partido político.

Iba a añadir que a nadie se le ocurre tildar de terroristas a los sindicatos, pero es mejor no mentar la bicha, porque sí se le ha ocurrido.

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Hay un campo que el PP desde luego, pero no solo el PP, debería tomarse muy en serio para trabajar a largo plazo, y para eso pueden aprender de la experiencia en Euskadi, donde muchos militantes del PP, con los del PSOE, se la han jugado y han ganado.

El trabajo es cultural, político, y de largo plazo. Y no hay atajos. El secesionismo frustrado puede dar lugar a fenómenos terroristas. Y los que lo buscan tienen mucho terreno andado: ya hay en Cataluña dos comunidades, como sucedió en el País Vasco. Los biempensantes nacionalistas miran con comprensión a esos jóvenes bienintencionados de los CDR.

Unos agitarán el árbol y otros recogerán las nueces, según la desvergonzada expresión de Xabier Arzallus. Los CDR están ya agitando el árbol, y tienen la simpatía explícita del mundo nacionalista. Las primeras nueces puede dárselas el Gobierno en forma de aplicación rigurosa de los tipos penales, hecha en especial para Cataluña.

¿No hay en el Código Penal español resortes que permitan combatir la violencia callejera de los CDR sin convertir a sus líderes en compañeros penales de los jóvenes (ya menos, porque la cárcel envejece mucho) vasos del tiro en la nuca?

Es en esto en lo que deben intervenir el Gobierno y los partidos constitucionalistas en Cataluña.

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