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Nuestro lugar en el mundo

En esta Semana Santa, un poco de melancolía 'cooltureta' sobre la religión y la vocación social.

Fotograma de la película 'Un lugar en el mundo' (1992).
Fotograma de la película 'Un lugar en el mundo' (1992).

Estos días de Semana Santa siempre evocan en mí el recuerdo de un tiempo en la que la fe y toda su épica jugaron un papel central en mi vocación personal y profesional. Era la época de las comunidades cristianas de base, de los voluntariados interminables y de la admiración por héroes improbables como los jesuitas asesinados en la UCA de El Salvador (los posters que colgaba en mi habitación desconcertaban a mi padre, cuyo ateísmo hubiese preferido con toda probabilidad un lucido Che Guevara o, al menos, una artista pop en paños menores).

La exaltación política y emocional de aquellos años produce ahora un poco de sonrojo, como el que repasa la indumentaria de su adolescencia, pero recuerdo con mucho cariño un tiempo de introspección y de rendición de cuentas. Un tiempo que fue fundacional para lo que vino más tarde, cuando llegó el momento de tomar decisiones vitales y profesionales. Y de la suerte de compartirlas con un grupo de amigos con quienes, casi treinta años después, seguimos habitando trincheras muy similares.

En mis propuestas ‘coolturetas’ de esta semana (santa) les dejo con tres iconos de mi juventud. Los tres están ligados de un modo u otro a la experiencia de la fe y a las preguntas que surgen cuando te expones a ella. Aunque hoy sigo siendo creyente, me temo que carezco del entusiasmo que tenía entonces para embarrarme en tareas como la reforma de la Iglesia católica, de la que vivo ajeno desde hace tiempo. Pero nunca podré negar la sinceridad de aquellos años y la importancia que tuvieron para mí:

- Un tal Jesús: este programa radiofónico de los años 80 fue parte de un esfuerzo de evangelización popular latinoamericano liderado por los hermanos López-Vigil. Aunque el estilo resulta claramente de otra época, su tono y sus mensajes son perfectamente contemporáneos para quienes busquen una visión menos edulcorada y más humana de Jesús (que no es la sexualización o la politización simplona del personaje que han promovido otras versiones). Todos los capítulos están ahora disponibles en pdf y las grabaciones en YouTube.

- Papeles confidenciales de su Santidad Juan Pablo III (de Francisco de Juanes): este libro, publicado en 1998, en pleno desmadre contra-reformista del Vaticano, podría acabar siendo profético. De hecho, se trata de un ejercicio de “futurismo teológico” en el que el hermano Pedro, retirado en un convento, recuerda los años de su papado como Juan Pablo III (dos por delante de Juan pablo II… ¿les suena?). Su convocatoria del Concilio Mexicano I puso patas arriba buena parte de las ataduras morales, institucionales y financieras que habían convertido a la Iglesia en una antigualla con escaso atractivo para una sociedad que la necesitaba más que nunca.

- Un lugar en el mundo: esta película de Adolfo Aristarain ganó la Concha de Oro en San Sebastián, entre otros muchos premios. Su historia –que se desarrolla en un pueblo argentino amenazado por la construcción de un presa– es un relato de vocaciones personales y compromisos más allá de lo razonable. Si no les cargan en exceso los soliloquios de Luppi o de Sacristán, apreciarán esta historia de derrotados, como casi todas las historias que merecen la pena. Porque ya hemos repetido en este blog que las transformaciones sociales verdaderas no son otra cosa que una sucesión de derrotas… hasta la victoria final.