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Trump, segundo año

El América Primero le funciona y aún no ha desempolvado sus peores ideas económicas

Donald Trump durante su discurso del estado de la Unión este martes en Washington.

La noche política más importante del año en Washington. Las dos Cámaras del Congreso reunidas en sesión conjunta para escuchar el discurso sobre el estado de la Unión, de boca del presidente más atípico que ha habitado la Casa Blanca. Donald Trump sube al estrado. Las congresistas y senadoras demócratas visten de riguroso negro, de luto profundo, para señalar su apoyo al movimiento #MeToo, y al tiempo su profunda desazón y protesta ante un presidente que ostenta el lamentable récord de soportar 19 acusaciones de acoso sexual a mujeres. Sin embargo, el 32% de las estadounidenses que acudieron a las urnas en noviembre de 2016 le votaron.

El duelo es un gesto metapolítico, refleja la más poderosa tendencia mundial al comienzo de 2018: el progresivo empoderamiento de las mujeres que alterará nuestro modo de vida. Fue para mí lo más sobresaliente de un discurso inflamado de patriotismo, que duró 80 minutos y al que le sobró una hora larga.

Conviene descifrar al 45 presidente de EE UU más allá de la caricatura para atisbar si el segundo año de Trump nos permitirá dejar de llevar luto por él, o al menos aliviarlo. Comencemos a juzgar al presidente por lo que hace, no por su carácter. Sin servirnos de la distracción, el reality show que produce en sesión continua desde la Casa Blanca. No reincidamos en el error que cometimos con Reagan, hace casi 40 años, subestimando al personaje y a su presidencia, que viví desde Washington como corresponsal de este periódico. Y Reagan, que acabó con la guerra fría y aceleró la implosión de la URSS, era un gigante político comparado con Trump.

Mantendrá este año los cimientos de su presidencia: la convicción resentida por los americanos de la clase trabajadora de que han sido laminados por la globalización y la inmigración incontrolada. El América First le está funcionando. No habrá muro con México, y es posible que Trump logre en el Congreso un acuerdo bipartidista para una reforma migratoria. Si lo logra, lanzaría un buen salvavidas a su presidencia. Trump puede enfrentar una crisis internacional inesperada, en la que será probado. No podrá destruir al pequeño hombre cohete de Corea del Norte blindado por sus misiles intercontinentales, que continuarán siendo una seria amenaza para la paz mundial. Trump ha demostrado que bordea el abismo pero sabe retirarse en última instancia. No ha desempolvado aún sus peores ideas económicas sobre el comercio mundial. La reforma fiscal, desequilibrada hacia los ricos y las grandes empresas, alimentará a corto plazo el crecimiento económico.

Las elecciones de medio mandato, en noviembre, y la eventual alteración de la doble mayoría republicana en el Senado y en la Cámara de Representantes, son el dato pendiente más importante para reforzar o deshacer la presidencia de Trump. El presidente las aguarda con la espada de Damocles de la resolución judicial del Rusiagate, en manos del fiscal especial Mueller. Mi apuesta es que Trump, a pesar de su indecente retórica, no logrará en 2018 convertir a Estados Unidos en la última superpotencia mundial. Aliviemos el luto. fgbasterra@gmail.com

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