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Berlín, no Barcelona

Si quieren pedir un deseo para 2018, háganlo en alemán

Angela Merkel conversando con Martin Schulz, líder del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD).
Angela Merkel conversando con Martin Schulz, líder del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD). REUTERS

La historia interminable no termina de terminar. Ni con elecciones ni sin ellas. Ni desde el exilio ni desde el interior. Ni en Madrid ni en Barcelona. Unos hablan de “empate catastrófico”; otros, del Ulster; los más optimistas hablan de sociedades consociativas (al parecer, ahora que hemos constatado, incautos de nosotros, que nos faltan daneses para hacer un Borgen, buscamos holandeses para buscar acuerdos estables en sociedades divididas).

Lo cierto es que no hay tregua navideña de 1914, nadie ha salido de las trincheras a desentumecerse, dejar que el tibio sol de diciembre bañe la cara o jugar al fútbol en tierra de nadie mientras se intercambia whisky por cigarrillos. Al contrario, seguimos en la niebla. Y entre la niebla se entrecortan voces que dicen que “estamos ante un problema político que requiere soluciones políticas”, como si eso nos acercara a la solución. Si no se lo creen hagan una lista de los problemas políticos que no tienen solución y seguro que es tan larga que no se toman las uvas (sugiero el Sáhara, la democracia en China, la desigualdad o la unión bancaria, pero seguro que a ustedes se les ocurren ejemplos mejores).

Pero no nos hagamos un lío. La pregunta del millón de estas Navidades no es quién gobernará Cataluña sino quién gobernará Europa. Y como todo el mundo sabe, Europa no se gobierna desde su capital, Bruselas, sino desde Berlín (en París solo reside el vicepresidente —no ejecutivo, se habrán dado cuenta—). Y allí, a orillas del Spree es donde está concentrada toda la incertidumbre que nos debería importar para 2018.

Sabemos que Cataluña no va a ser independiente, solo engorrosamente interdependiente, y que Puigdemont y Junqueras no le van a doblar el brazo a la democracia española. Pero todavía no sabemos si Martin Schulz le va a doblar el brazo a Angela Merkel. Porque las dos cosas que quieren los socialdemócratas (más Europa y más solidaridad) representan justo lo contrario de lo que los alemanes acaban de cuestionar en las urnas (si acaso la misma cantidad de Europa, dicen los socios socialcristianos y liberales, ni una gota más pero en todo caso menos inmigrantes). Si quieren pedir un deseo para 2018, háganlo en alemán. @jitorreblanca

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