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La rocambolesca vida de la voz de una generación que decidió dar un bofetón al sistema

Lauryn Hill era la destinada a ocupar el trono de la música pop, pero se rebeló contra los que querían dirigir su arte

Los conciertos de Lauryn Hill se han convertido en una extraña mezcla de abucheos y devoción. En la imagen, la cantante actuando en el O2 Arena de Londres en abril de 2012.

Tenía 23 años, acababa de vender 19 millones de ejemplares (y ganar cinco premios Grammy) del único disco en solitario que ha editado en su carrera y su cuenta corriente exhibía 20 millones de euros. Se había quedado embarazada pocos meses antes y la compañía de discos le había recomendado que abortase, para que este hecho no frenase su meteórica carrera. Fue cuando Lauryn Hill (Nueva Jersey, 1975) dijo no y dio el bofetón más sonoro al voraz sistema, a una industria del entretenimiento acostumbrada a dominar y a tratar como súbditos a los artistas. Esta es la historia de una mujer que ha decidido vivir como una hippy cuando su destino era asumir un trono.

Su autenticidad, su integridad y sus agallas acabaron con su carrera. “Ella despreciaba en lo que Lauryn Hill se había convertido, despreciaba a esa superestrella mundial manufacturada. Así que un día dijo: 'Que os jodan”, recuerda un colaborador

Durante las entrevistas del que sería su último disco, I look to you (2009), Whitney Houston no ocultó que solo lo grabó por obligación contractual. Houston fantaseaba con retirarse y abrir un puesto de fresas en Jamaica con su hija. La que parecía destinada a ser su heredera, Lauryn Hill, sí le ha dado la espalda al sistema, y con él a su puntualidad, a su declaración de hacienda y a su contrato para lanzar un segundo disco.

Pero antes hay que hablar de su grupo, los Fugees. Eran tres. Wyclef Jean era el genio, Pras Michael su comparsa y Lauryn Hill la que daba la cara. Su pop-rap comprometido y antiviolento convirtió a los Fugees (dos discos en sus años en activo, de 1990 a 1997, con una breve resurrección en 2004) en el producto idóneo para que el hip-hop fuese asimilado por el circuito comercial blanco. “Queremos hacer algo positivo con la música, porque parece que hoy solo funciona la negatividad. Basta con una gota de pureza para limpiar un pozo”, prometía Hill, la cara amable (había aparecido en Sister Act 2, de vuelta al convento) y “una muchacha con un aspecto irresistiblemente adorable”, según Newsweek. Pero esta canonización artística quedó arruinada por algo tan mundano como el amor.

“Éramos como dos forajidos enamorados”, escribió Wyclef Jean en su autobiografía Purpose. Y añadía: “Teníamos broncas enormes en aviones, ella se me lanzaba de un asiento a otro y el resto de pasajeros se cambiaba de sitio. Nunca nos arrestaron, pero estuvieron a punto varias veces en Europa”.

Pras, Wyclef Jean y Lauryn Hill en su etapa como los Fugees.
Pras, Wyclef Jean y Lauryn Hill en su etapa como los Fugees. Getty

Lauryn Hill se quedó embaraza y, desoyendo los ejecutivos que le recomendaban abortar, dio a luz a Zion en 1997. Hasta el último momento, Hill le hizo creer a Wyclef Jean que el hijo era suyo (aunque él se había casado con su actual esposa, Marie Claudinette, seguía manteniendo relaciones con Hill), pero resultó ser descendiente de la realeza musical: el abuelo de Zion es Bob Marley. Lauryn Hill ha mantenido una relación con Rohan Marley, hijo de Bob Marley, con quien ha tenido cinco hijos: Zion, de 20 años; Selah (19), Joshua (16), John (15) y Sarah (9). El sexto hijo de Hill, Micah, tiene 6 años y la identidad de su padre nunca ha sido revelada.

Y Hill se derrumbó, entre lágrimas: "Estoy loca y desquiciada. Solía vestirme para vosotros, pero ya no hago eso. Creé aquel personaje público, aquella ilusión pública, y me convertí en su rehén"

En 1998, el disco The Miseducation Of Lauryn Hill (una referencia al ensayo The Mis-Education of the Negro, de Carter G. Woodson, sobre cómo los afroamericanos eran adoctrinados a principios del siglo XX para depender de y buscar refugio en los blancos) convirtió a su autora en la voz de su generación. Solo tenía 23 años. Un álbum que nacía del orgullo (“Lauryn quería triunfar para eclipsar a Wyclef y a los Fugees”, asegura un amigo de la cantante), pero también enraizado en el desamor, el éxito, el fracaso, la fe, la maternidad, la comunidad negra y el feminismo.

“He escrito canciones que me revuelven”, explicaba Hill, “con la integridad del reggae, el impacto del hip-hop y la instrumentación cruda del soul clásico”. Largas sesiones en el estudio de grabación con sus amigos (“es una bendición, no necesitamos firmar contratos”, contaba) forjaron una pieza musical que condensaba el pasado, el presente y el futuro de la música negra en 69 minutos.

The Miseducation Of Lauryn Hill vendió 19 millones de ejemplares, acumuló números 1 -Doo Wop (That Thing), Ex-Factor, Can't Take My Eyes Off You- y batió récords en los Grammy: Hill se convirtió en la mujer con mayor número de nominaciones en una sola edición (10) y mayor número de galardones (5, incluido Álbum del Año).

La cantante durante la 41ª edición de los premios Grammy, celebrada en 1999 en Los Ángeles, donde obtuvo el récord de 10 nominaciones. Se llevó cinco.
La cantante durante la 41ª edición de los premios Grammy, celebrada en 1999 en Los Ángeles, donde obtuvo el récord de 10 nominaciones. Se llevó cinco. Getty

Lauryn Hill embellecía portadas de revistas y denunciaba la marginación negra. Era idolatrada como icono cultural, estrella del pop y producto empresarial. O como lamentaría la revista Rolling Stone años después, “podía haber sido una especie de Jennifer Lopez con sustancia política”. Pero precisamente esa autenticidad, esa integridad y esas agallas acabaron con su carrera. “Ella despreciaba en lo que Lauryn Hill se había convertido, despreciaba a esa superestrella mundial manufacturada, despreciaba a esa chica de portada. Así que un día dijo: 'Que os jodan”, recuerda un colaborador.

En 2000 Lauryn Hill comenzó a asistir a diario a sesiones de estudio de la Biblia con un tipo que se hacía llamar Brother Anthony. “Esas clases eran una mierda enfermiza”, describe su compañero de Fugees Pras Michael, “una mierda sectaria. 'Renuncia a todo tu dinero', decían, 'el dinero no significa nada”. Hill despidió a sus managers porque, tal y como le sugería su gurú de la secta, Brother Anthony, “no le debía nada a nadie, ni a sus fans”.

“La Lauryn Hill que conocíais era solo la que me permitían ser. Me sentía incómoda sonriendo a gente que no me caía bien o ni siquiera conocía”, explicaría ella misma sobre esta reclusión. Durante ese retiro, Hill lanzó 'MTV Unplugged 2.0', un disco que, según un ejecutivo de su discográfica (Sony), “habría hecho que cualquier otro artista fuese asesinado”.

Lauryn Hill, Rohan Marley y sus hijos en el 'backstage' del musical 'Spider-Man Turn Off The Dark' en Broadway, en 2011.
Lauryn Hill, Rohan Marley y sus hijos en el 'backstage' del musical 'Spider-Man Turn Off The Dark' en Broadway, en 2011. Getty

El álbum, grabado en directo con el único acompañamiento de una guitarra que Hill todavía no dominaba (hay tres acordes en todo el repertorio), fue un fracaso comercial y una obra de culto inmediata. Se trataba de una artista derrumbándose emocionalmente sobre un escenario. “Estoy loca y desquiciada”, confesaba entre lágrimas, “solía vestirme para vosotros, pero ya no hago eso. Creé aquel personaje público, aquella ilusión pública, y me convertí en su rehén. En aquel momento, tuve que morir un poco”. Pero Lauryn Hill no solo se vio superada por su propia marca publicitaria, sino por el sistema legal estadounidense.

El triunfo de The Miseducation Of Lauryn Hill, que le reportó a Hill más de 20 millones de euros, llevó a su banda a denunciarla por los derechos intelectuales. La creación del álbum, sin contratos de por medio, había surgido de la colaboración de Hill con el grupo musical New Ark, que aparecía acreditado en funciones menores como “producción adicional”, “arreglos” o “programación”. Sony presionó a la cantante para que firmase como autora absoluta del álbum: “Compuesto, producido, arreglado e interpretado por Lauryn Hill”. Hill se negó a admitir la co-autoría de New Ark, pero Sony prefirió llegar a un acuerdo económico compensatorio para evitar ir a juicio. Ella se sintió, una vez más, traicionada por el sistema.

“A los hombres les gusta cuando cantas para ellos”, denunciaría Hill, “pero si intentas zafarte y controlar tú misma la situación, llegan las dudas. Esta industria es muy sexista. Nunca le concederán el título de 'genio' a una mujer negra”. Desde aquel incidente, Lauryn Hill apenas ha lanzado un puñado de canciones sin repercusión alguna, ha llegado tarde a todas partes y ha dado conciertos entre un extraña mezcla de abucheos y devoción.

“Miserable y acabada”, fue la definición exacta de un representante del Vaticano después de que Hill, en pleno concierto en la capital de la Iglesia católica, aclarase: “No estoy aquí para celebrar, como vosotros, el nacimiento de Cristo, sino para preguntaros por qué no estáis de luto tras la muerte de este lugar. Dios ha tenido que presenciar la corrupción de nuestros líderes y la explotación y los abusos del clero”.

Lauryn Hill a la salida de los juzgados de Nueva Jersey en abril de 2013. Fue condenada a tres meses de cárcel por impagos con Hacienda.
Lauryn Hill a la salida de los juzgados de Nueva Jersey en abril de 2013. Fue condenada a tres meses de cárcel por impagos con Hacienda. Getty

En 2006, apareció tres horas tarde en un festival en Londres. “Me cuesta mucho decidir qué ponerme, es una cosa de mujeres”, fue su única explicación. En 2009, arrancó una gira europea llegando más de dos horas tarde y actuando durante escasos 40 minutos, culpando al tráfico primero y luego: "A la dificultad para alinear mi energía con el tiempo, porque me importa profundamente el proceso artístico y soy una perfeccionista”. Aquella gira acabaría siendo cancelada tras desmayarse en el segundo concierto durante la segunda canción y negarse a devolver el dinero de la entrada.

Lauryn Hill en una actuación de mayo de 2017, en el festival de Mawazine, en Rabat (Marruecos).
Lauryn Hill en una actuación de mayo de 2017, en el festival de Mawazine, en Rabat (Marruecos). Getty

Esa costumbre de llegar tarde (o ni siquiera aparecer) acabaría frustrando un segundo disco en solitario, en el que Sony invirtió dos millones de euros (le construyeron un estudio de grabación en su casa de Miami porque Hill se negó a caminar un kilómetro) pagando vuelos y alojamientos en hoteles de lujo para productores y músicos que, tras firmar un contrato mediante el cual cedían la autoría total a Hill y esperar durante días su llamada, abandonaron toda esperanza de participar en el proyecto.

Lauryn Hill también llegó tarde a su declaración de la renta. En 2012, el fisco le reclamó 1,5 millones de euros en concepto de impuestos que se saldaron con una reposición de la deuda y tres meses de cárcel. “Rechazo el clima de hostilidad, manipulación, prejuicio racial y sexismo de la cultura pop”, justificó Hill en su Tumblr. Y añadió: “Cuando trabajaba sin parar y sin verme afectada por esas interferencias, pagaba mis impuestos. Solo dejé de hacerlo cuando sentí la necesidad de retirarme de la sociedad para garantizar mi seguridad y mi bienestar y los de mi familia”.

Lauryn Hill, quien exige a todo el mundo que se dirija a ella como Miss Lauryn Hill (y así figura en sus redes sociales y en Spotify) y cobra por conceder entrevistas, “tiende a culpar de sus problemas a aquellos que la rodean, quiere que sus empleados la teman, porque confunde el temor con el respeto”, según un amigo cercano. Reconvertida en una criatura antisistema, Hill enarbola un discurso defensivo, autoafirmante y casi conspiranoico: “He sufrido energías negativas que han bloqueado mis proyectos personales”, “vivo creando constantemente, escribo mucho, a veces guiones, me apasiona el diseño de moda”, “tuve que dominar mis demoniacos complejos de inferioridad, inseguridad y el miedo a ser negra, joven y talentosa en esta cultura Occidental que no entiende cómo los conceptos 'mujer' y 'fortaleza' pueden funcionar juntos. O 'joven' y 'sabia'. O 'negra' y 'divina'”.

Su pareja intermitente, Rohan Marley, desvela: “Lauryn escribe música en el baño, en el papel higiénico, en la pared. Escribe en el espejo cuando se llena de vaho, esa mujer no duerme”. Pero el segundo álbum no llega y han pasado 19 años desde que fue coronada como icono cultural, estrella del pop y producto empresarial: ni siquiera Lauryn Hill ha sido capaz de estar a la altura de las expectativas que el mundo creó en torno a Lauryn Hill.

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