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Brighton 64, Carlos Zanón y la certeza de que la edad ya no importa

La banda barcelonesa regresa con un disco doble inspirado en un relato del escritor catalán

Tino Peralbo, Jordi Fontich y Albert y Ricky Gil fundaron Brighton 64 en el otoño de 1981 y, aunque los años no han pasado en balde, siguen vistiendo casi igual.
Tino Peralbo, Jordi Fontich y Albert y Ricky Gil fundaron Brighton 64 en el otoño de 1981 y, aunque los años no han pasado en balde, siguen vistiendo casi igual.

Decía hace un tiempo en esta revista que ser mod era como el asma: la superabas en la adolescencia o la padecías en un grado u otro toda la vida. Lo mismo sucede con algunas pasiones.

Rai es el protagonista del relato de Carlos Zanón en el que se basa lo nuevo (un disco grande, de 19 temas, y un gran disco también) de los barceloneses Brighton 64: El tren de la bruja (BCore). Rai tiene mujer e hijo y casa, pero no siente nada de lo que debería sentir. Rai ya no tiene dureces en las yemas de trastear con su guitarra, quizás el blanco de sus zapatos se parezca al de la bola de billar que rompió por última vez un triángulo multicolor hace demasiado y su polo favorito esté en una inalcanzable capa geológica del armario.

Pero Rai va a implosionar de puro gris en cualquier momento, así que saca la guitarra de debajo de la cama y busca en viejas libretas el teléfono de sus compañeros de banda. "Podría dedicarse a conducir coches de carreras o la ebanistería o la poesía. Delante de una frustración límite decide volver a las fuentes. A lo que le dio la vida", explica Albert Gil, el mayor de los Hermanos Brighton. “Volver a los 17, después de vivir un siglo”, decía Violeta Parra. Comprobar si de la pared de aquella sala aún cuelga el póster de Samantha Fox y si su vida, escribe Zanón, puede volver a ser "tan intensa como una canción: que empiece y suene arriba”.

Hace tres décadas Brighton 64 cantaban en La casa de la bomba, tema inspirado en un relato de Tom Wolfe, que lo importante era la edad, que pop era igual a supernova. Brighton 64 eran entonces la gran banda mod, cuando ser mod era intuición y movimiento y no se pedía un doctorado en Cambridge para serlo. Entonces llegaron a dar conciertos ante 100.000 personas y ahora conservan una buena parroquia fiel además del estatus de leyenda viva de la música pop de mi ciudad.

“Siempre nos siguió todo tipo de gente. Y nosotros, a diferencia de Rai, nunca hemos dejado de tocar”, dice Ricky Gil, el menor de los Brighton, el grupo de los hermanos de la actriz Ariadna Gil. El tiempo, además, puede devolver cierto descaro adolescente. “Los yayos dicen lo que piensan, sin filtro”, reflexiona Albert, mientras se cala una gorra con el logo de Lambretta. Y añade: “yo aún estoy lejos de esa edad, pero a veces salgo en zapatillas a por el pan, cosa que no haría jamás a los 20 o 30 años. En los conciertos, prefiero vestir más digno". Y Ricky matiza: “Los mejores trajes son los que heredamos de nuestro abuelo. Era un dandi”.

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