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La asombrosa vida de un vividor llamado Rex Whistler

Antes de morir a los 39 años en la batalla de Normandía, el artista inglés tuvo tiempo de vivir como un romántico y de pintar murales que cortan la respiración

Rex Whistler Interiorismo
Este es el autorretrato de Rex Whistler que se custodia en el National Army Museum de Londres: ‘Autorretrato con uniforme de los Guardias Galeses’ (1940).

Sonará raro, sobre todo para los que no lo conozcan, pero descubrí a Rex Whistler (Londres, Reino Unido, 1905- Caen, Francia, 1944), el talentoso pintor, muralista, ilustrador y diseñador al que ahora tanto se reivindica, en dos lugares en los que a priori no esperarías demasiado encontrarte a un artista sensible y refinado, incluso demasiado refinado, como él, que parece salido de Retorno a Brideshead: las salas del National Army Museum (NAM) de Chelsea, en Londres, y las páginas de El Día D: la batalla de Normandía, de Antony Beevor, el célebre historiador militar.

Detalle del mural en trampantojo que el artista pintó en Plas Newydd. La habitación donde se encuentra el mural recibe hoy el nombre de The Rex Whistler Room.
Detalle del mural en trampantojo que el artista pintó en Plas Newydd. La habitación donde se encuentra el mural recibe hoy el nombre de The Rex Whistler Room.

La verdad es que en el NAM, entre arma y arma, te topas con una muy buena colección de arte: ahí está la estatua de bronce de Walter Hamilton, de los Guías del Punjab, o el famoso retrato de Lord Cardigan por Alfred Frank de Prades con el uniforme de su 11º Regimiento de Húsares (“culitos de cereza”). Recuerdo haberme quedado un día clavado ante el cuadro que mostraba a un joven y atractivo teniente de los Guardias Galeses en uniforme, sentado con elegante y mundano descuido (luego he tratado de imitar el efecto muchas veces, sin éxito: casi me caigo) en una balaustrada en un balcón con vistas sobre Regent’s Park.

El oficial posa con una copa en la mano izquierda y la derecha en el bolsillo. La ensimismada expresión del personaje, sin embargo, contrasta con la escena aparentemente tan desenfadada. Su mirada es seria y tiñe de una inexplicable tristeza toda la escena. La pintura tiene algo hipnótico. Hay en ella mucho más que el ennui del servicio que tan bien representó Tissot en su retrato del capitán Burnaby. Permanecí un largo rato ante el cuadro. El nombre de Rex Whistler en la cartela no me decía nada. La propia obra contenía una pista: en ese maravilloso autorretrato, que es lo que es, Whistler añadió sobre la misma barandilla un mazo de pinceles.

Autorretrato de 1934.
Autorretrato de 1934.

La obra es de 1940. Cuatro años después, el 18 de julio de 1944, Whistler moría en batalla contra los alemanes cerca de Caen, en Normandía. Hoy es imposible no avizorar en la mirada del cuadro un presentimiento.

Volví a encontrarme a Rex Whistler, inesperadamente, en el libro de Antony Beevor sobre Normandía, en el que el autor le dedica un espacio sorprendentemente amplio si uno no sabe del interés de Beevor por la vida cultural y que el diplomático Duff Cooper, su suegro, formaba parte del círculo de amistades de Whistler, que incluso le diseñó un ex libris.

Whistler es un artista relativamente poco conocido porque muchas de sus obras decorativas de gran formato se encuentran en mansiones particulares

Nuestro oficial y artista, adscrito como comandante de tanque a la División Blindada de Guardias, participó en la fallida y sangrienta Operación Goodwood. Al igual que su joven compatriota, el poeta Keith Douglas, también comandante de tanque y asimismo muerto en acción en Normandía unos días antes, el 9 de junio –hay que ver la efectividad de los nazis matando ingleses brillantes–, Whistler no dejaba de ser artista por vestir de uniforme. Si Douglas escribió algunos de sus mejores textos y poemas a bordo de su blindado, Whistler se hizo construir un contenedor metálico fijado a la torreta del suyo en el que guardaba sus pinceles (probablemente los mismos de su autorretrato), pinturas e incluso algunos pequeños lienzos. Solo un británico puede ir en tanque pintando. En el blindado (un Cromwell MK VIII) cargaba algo más que le daba mal fario a su tripulación: 20 cruces de madera para sepulturas. Lo habían nombrado oficial de enterramientos de la unidad.

'The west or entrance front in 1939’, con Plas Newydd al fondo.
'The west or entrance front in 1939’, con Plas Newydd al fondo.

A diferencia de Douglas, que había peleado en El Alamein, aquel 18 de julio Whistler entraba en combate por primera vez. Fue la última. En Giberville, un tanque de su escuadrón se atascó en una alambrada, Whistler bajó a ayudar (nunca hay que bajar del tanque y menos cuando está cerca la 21ª División Panzer) y los atacaron. Corrió hacia su blindado y un morterazo lo envió por los aires: se rompió el cuello y murió en el acto. Su cuerpo, sin embargo, quedó aparentemente intacto.

Un retrato de Lady Caroline Paget (1937), de la que estuvo enamorado en una trama digna de una novela de E. M. Forster.
Un retrato de Lady Caroline Paget (1937), de la que estuvo enamorado en una trama digna de una novela de E. M. Forster.

Reginald (Rex) Whistler dejaba atrás con 39 años ya una notable carrera artística y una vida fascinante y acaso algo frívola (lo que desde luego no es antagónico). En ella, el luego joven oficial que se pintó de uniforme y después quedó tendido como un Galahad prerrafaelita en un campo normando trabó amistad con mucha de la gente más interesante y à la page de su época, como Cecil Beaton (que lo retrató: en una de las fotos aparece semidesnudo sobre unas rocas; recuerda a George Mallory), Evelyn Waugh (del que parece un personaje, y, como veremos, quizá lo es) o Siegfried Sassoon. Tuvo amores imposibles y realizó obras maravillosas, entre ellas ocho inolvidables murales y un centenar de magníficos retratos.

Nacido en Eltham en 1905, Whistler (nada que ver con el pintor estadounidense James McNeill Whistler) era de orígenes modestos, con un padre constructor y una madre hija de clérigo que sin embargo le animaron a cultivar su talento natural para el dibujo. A los 16 años entró en la Slade School of Art de Londres, donde su maestro Henry Tonks, que reivindicaba la tradición del mural, le encauzó hacia ese arte, y donde se hizo amigo de Stephen Tennant, vástago de una familia rica y cultivada (y amante de Sassoon).

Fotografía de Rex Whistler pintando el mural de The Rex Whistler Room junto a Lady Caroline Paget y Lord Anglesey.
Fotografía de Rex Whistler pintando el mural de The Rex Whistler Room junto a Lady Caroline Paget y Lord Anglesey.

La relación, ciertamente muy parecida a la de Charles Ryder (siempre se ha dicho que Waugh se inspiró en él) con Sebastian Flyte en Retorno a Brideshead, permitió a Whistler viajar (decisivamente a Italia) y le abrió la puerta al mundo de la alta sociedad, donde encontraría clientes para su trabajo artístico. Precisamente, una de las cosas que ha hecho de Rex Whistler un artista si no secreto sí relativamente poco conocido ha sido el que muchas de sus obras decorativas de gran formato se encuentran en mansiones particulares y muchos de sus retratos en colecciones privadas de gente adinerada. No es el caso del célebre mural que pintó, con 22 años, para el café de la Tate Gallery londinense (actualmente el restaurante Rex Whistler).

Entre 1936 y 1938 realizó una de sus obras maestras, el mural de 18 metros Kingdom by the sea para el comedor de la mansión del marqués de Anglesey en Plas Newydd (Gales), una pintura realizada por un artista en estado de gracia, admirador de Poussin, rebosante de joie de vivre… y enamorado. Efectivamente, Rex Whistler se enamoró (uno diría que imprudentemente si no fuera un romántico) de la hija del marqués, Lady Caroline Paget, de la que realizó una serie de preciosos retratos incluido uno en plan Titanic completamente desnuda.

Diseño de Whistler para la cubierta de ‘A thatched roof’ (1933), de Beverly Nichols.
Diseño de Whistler para la cubierta de ‘A thatched roof’ (1933), de Beverly Nichols.

Hay dudas de si ella posó o no (yo espero que sí), pero lo cierto es que la diferencia social hacía impensable consolidar cualquier relación. De hecho, ella se casó con un baronet, sir Michael Duff. Quién sabe si en aquella balaustrada sobre Regent’s Park Rex no está recordando los felices días en Plas Newydd, Et in Arcadia ego. Tuvo otras relaciones, con ambos sexos, mayormente infelices. Fue miembro del grupo de dorada y disipada bohemia de los años veinte conocido como Bright Young Things, jóvenes brillantes, y del que formaban parte Tennant (The brightest), Beaton, Harold Acton, el viajero Robert Byron, Daphne Thynne (la mujer de Xan Fielding, el camarada de Paddy Leigh Fermor en Creta), Diana y Nancy Mitford o el propio Waugh. El ejército, al que se presentó voluntario en 1940, le hizo más oscuro y naturalista: algunos de sus mejores retratos son de esa época.

Se ha dicho, con muy mala leche, que sin Rex Whistler la historia del arte inglés se escribiría igual (y de hecho generalmente así se escribe). Vale, pero pocos artistas han mostrado una versatilidad como él, que pintó murales, paisajes, espléndidos retratos (de gente tan variada como Jock Lewes, miembro fundador del SAS de Stirling, muerto también en acción, o Edith Sitwell; algunos de aire expresionista), ilustró libros (notablemente Los viajes de Gulliver), diseñó cubiertas, anuncios para marcas como Guiness y Shell, hizo escenografías para teatro, ópera, ballet y cine, y sobre todo vivió una de esas vidas inspiradoras y refulgentes que todos secretamente soñamos con tener.

Junto a estas líneas, diseño de Whistler para la cubierta de ‘A thatched roof’ Ángulo noroeste de The Rex Whistler Room en Plas Newydd (Anglesey, Gales), con vista parcial del mural en ‘trompe l’oeil’ los críticos consideran como la obra pictórica más importante de este artista de vida convulsa.
Junto a estas líneas, diseño de Whistler para la cubierta de ‘A thatched roof’ Ángulo noroeste de The Rex Whistler Room en Plas Newydd (Anglesey, Gales), con vista parcial del mural en ‘trompe l’oeil’ los críticos consideran como la obra pictórica más importante de este artista de vida convulsa.

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