Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Escuchad a las mujeres

Me da que la mitad de la población tiene motivos de verdad para estar cabreada

Concentración en la Puerta del Sol de Madrid contra la violencia de género y en apoyo a las mujeres en huelga de hambre.
Concentración en la Puerta del Sol de Madrid contra la violencia de género y en apoyo a las mujeres en huelga de hambre.

Las mujeres nos intentan explicar cómo se sienten y cómo las hacemos sentirse. Pero los hombres no las escuchamos. O no las entendemos.

Las cosas que nos dicen nos incomodan. A nadie le gusta que le pongan enfrente de un espejo en el que no se reconozca. Y ese retrato de discriminación, subordinación, injusticia, desigualdad, incluso acoso y violencia, nos perturba profundamente. Nos parece ajeno, desmesurado o injusto.

Unas veces rechazamos el diagnóstico. “Las cosas no son así”, decimos. Nos sentimos acusados. Otras simpatizamos, pero desde la lejanía. Y otras, por suerte cada vez más, colaboramos, miramos dentro de nosotros mismos. Intentamos cambiar por dentro para poder cambiar desde fuera. Pero no siempre con éxito, pues caemos en el paternalismo, y obstaculizamos en vez de facilitar.

No deja de resultar curioso el tiempo que consumimos hablando de Cataluña con el argumento de que allí un porcentaje elevadísimo de la población, casi la mitad, nos dicen, quiere la independencia. Y debatimos horas y horas sobre cómo responder a ese desafío: ¿referéndum pactado? ¿reforma de la Constitución? ¿ruptura unilateral seguida de mediación internacional?

Nos dicen los indepes que allí hay un pueblo oprimido que ansía su liberación. Y que no se pueden ignorar las demandas de casi dos millones de personas. Incluso plantean que todo esto cambiará el día que haya un muerto en la calle. Pero resulta que desde enero de este año la violencia de género ya ha puesto 44 muertas. Y unas estadísticas que muestran que el salario bruto de las mujeres es 400 euros menor al de los hombres, que el número de ellas que ganan menos de 1.000 euros al mes duplica al de los hombres, que asumen los trabajos más precarios y menos cualificados y que sus carreras laborales son más cortas y, en consecuencia, sus pensiones más bajas. Por no hablar de la asimetría en las tareas domésticas, el cuidado de los niños o el acoso sexual.

La mitad de la población tiene motivos de sobra para estar cabreada, pensar que la igualdad es una etiqueta vacía, y que su derecho a la autodeterminación está todavía lejos de ser reconocido. Queridos políticos: ese referéndum y esa reforma constitucional sobre las mujeres, ¿para cuándo los dejamos? @jitorreblanca

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.