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PORQUE LO DIGO YO
Columna

Breve recordatorio

La incomodidad que producen la mayoría de estos temas es el síntoma de que se han tratado poco, mal y a destiempo

Una mujer grita por sus derechos en Sao Paulo (Brasil).Fernando Bizerra Jr. (EFE)

Un grupo de hombres violó a una chica en San Fermín. Ella, atemorizada, no pudo ni moverse cuando estaban abusando de ella. Después, intentó seguir con su vida. En algún momento entre la violación y el juicio sonrió. Sigue siendo una víctima de abuso sexual.

Una joven mexicana se fue de fiesta y se emborrachó. Bebió tanto que en el taxi de vuelta a casa se quedó dormida. El conductor decidió grabar un vídeo de la chica explicando que él era un tipo muy honrado y decente, pero que en esas condiciones normal que cualquier otro se aprovechara. ¿Hay que agradecerle a ese señor que no violara, matara y dejara tirada en una zanja a una mujer que decide pasarlo bien? No.

Mujeres y hombres de la industria del cine están denunciando años después que fueron víctimas de distintos tipos de acoso. No es una moda. No es una manera de ganar dinero ni fama ni atención. Es el resultado de años de silencio y miedo.

La sangre de la regla es roja y por recordarlo un grupo de hombres y mujeres periodistas no son guarros. Escribir en 2017 de la menstruación para acabar con el tráfico de tampones en espacios públicos es tan necesario como denunciar, aunque hayan pasado años, una violación.

La incomodidad que producen la mayoría de estos temas, siempre relacionados con el género y el sexo, es el síntoma de que se han tratado poco, mal y a destiempo. Que el periodismo siga ejerciendo y, de paso, incomodando. Es decir, cumpliendo con su misión.

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