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Los tomates de verdad son feos

Entre el 25 % y el 40 % de las cosechas de frutas y verduras son rechazadas por los supermercados por su aspecto

Portada del libro 'Los tomates de verdad son feos'
Portada del libro 'Los tomates de verdad son feos'

Del tiempo perdido
en causas perdidas
Nunca nunca me he arrepentido
Ni estando vencido
cansado, prohibido.
(Robe)

En más de una ocasión me he asomado a este blog para denunciar una triste realidad: en el mundo una de cada diez personas pasa hambre. Es terrible, sin duda. Pero además resulta que un tercio de los alimentos que producimos acaba en la basura. Suena kafkiano, pero por desgracia es real: tiramos comida, y al mismo tiempo hay gente que muere porque no tiene nada que llevarse a la boca. ¿Cómo puede ser?

En su día decidí emprender un viaje en el que el único objetivo era– y es– luchar contra el desperdicio de alimentos. Comencé a investigar y pronto pasé a escribir artículos y a conceder entrevistas. Me convertí en un activista contra el despilfarro de alimentos. De hecho, cuando quedaba con amigos, conocidos o saludados les repetía mi letanía: “no tires comida”.

Alejandra Zúñiga es, además de buena amiga, una gran ilustradora (o quizá podría decir que es una gran ilustradora que además es una buena amiga). De vez en cuando Alejandra me preguntaba cómo iba mi lucha. Y de repente surgió una idea. “¿Y si preparamos a medias un libro sobre el despilfarro de comida? Tú pones las imágenes y yo los textos”, le propuse. Y a principios de 2016 comenzamos a hilvanar Los tomates de verdad son feos.

Es un libro que recoge algunas cifras y datos sobre el despilfarro de comida. Por ejemplo, en los países europeos cada hogar desperdicia entre 75 y 80 kilos de comida al año, lo que significa que en promedio una familia europea lanza a la basura entre 300 y 400 euros de alimentos al año. Una auténtica barbaridad. Todo ello sin olvidarnos de la terrible dictadura de la estética: entre el 25 % y el 40 % de la mayoría de las cosechas de frutas y verduras son rechazadas por los supermercados en parte por sus rígidas especificaciones en lo relativo al tamaño e imperfecciones. ¿Acaso no nos gusta la fruta fea?

Pero Los tomates de verdad son feos no es un libro exhaustivo sobre el desperdicio de alimentos. Entre otras cosas porque ya hay muchos buenos libros que cumplen este cometido. Es una colección de retazos. Hay nueve capítulos (aunque podían haber sido veinte), y en todos ellos, excepto en el último, hay tres partes: La razón, La ilusión y El corazón. Porque eso soy yo (bueno, eso y unos cuantos defectos).

En La razón detallo las principales razones del despilfarro. Le gustará si es un tipo racional que necesita entender por qué pasan las cosas.

En La ilusión planteo propuestas para acabar con el desperdicio de alimentos. Le gustará si es de los que creen que otro mundo es posible.

En El corazón doy rienda suelta a las emociones. Le gustará si lo que le gusta es sentir.

Además, cada capítulo está envuelto por las preciosas ilustraciones que ha creado Alejandra. Sus emociones también impregnan las páginas de Los Tomates de verdad son feos. De hecho, los dos somos autores del libro.

A mí me gustaría que este libro les arañara, pero también que les acaricie. No quiero que les deje indiferente y espero que remueva sus entrañas y le subleve contra la absurda realidad. Pero que lo haga desde la ilusión, porque otro mundo es posible.

Los tomates de verdad son feos es un proyecto a punto de hacerse realidad. Puede contribuir a nuestra campaña de crowdfunding en este enlace donde puede reservar el libro y acceder a otras recompensas feas.

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