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Europa, haz caso a Hezbolá

Sus líderes han dejado claro en muchas ocasiones que es imposible separar el brazo político del militar

Hezbolá celebra el décimo aniversario de la guerra que libró contra Israel en julio de 2006. Ampliar foto
Hezbolá celebra el décimo aniversario de la guerra que libró contra Israel en julio de 2006.

La semana pasada, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó la Resolución 359, por la que pide a la Unión Europea que reconozca el hecho de que Hezbolá, toda Hezbolá, es una organización terrorista. Uno de nosotros hizo la propuesta de resolución y el otro está completamente de acuerdo. Pero los dos estamos asombrados de que fuera necesario llegar a eso. ¿Cómo puede haber alguien en Europa que no crea que Hezbolá es una organización terrorista, cuando la propia Hezbolá lo confirma una y otra vez? No solo de palabra, sino de obra: asesinatos, bombas y ataques con misiles.

En los seis últimos años, Hezbolá ha sido la principal fuerza militar al lado del presidente El Asad en su campaña para destruir su país y matar a su pueblo. La organización, que cuenta con miles de combatientes y jefes militares sobre el terreno, es directamente responsable de una guerra que ha dejado medio millón de muertos y 11 millones de personas desplazadas.

Hezbolá no oculta cuál es su próximo blanco: Israel. Su líder, Hassan Nasrallah, ha dejado muy claro que su meta no es la independencia de Palestina ni la creación de dos Estados. Es la destrucción total de Israel. Nasrallah cuenta que un periodista egipcio le preguntó si está trabajando para acabar con Israel. Él le dio una respuesta sincera: “Ese es el principal objetivo de Hezbolá”.

En una serie de discursos, Nasrallah ha dicho a sus seguidores que Alá creó el Estado de Israel para reunir a todos los judíos y que así fuera más fácil destruirlos. Hezbolá ha esclavizado el sur de Líbano y ha colocado más de 100.000 cohetes a escasos kilómetros de la frontera, como preparativo para su próxima campaña terrorista contra Israel.

Como siempre, quienes odian a Israel odian a Estados Unidos (y a la inversa). “Nuestro lema es sencillo”, dijo Nasrallah delante de una multitud, “y no nos da miedo repetirlo un año tras otro: ¡Muerte a Estados Unidos!”

Hezbolá no se limita a Israel y Estados Unidos. Una de sus alas está dedicada al terrorismo internacional y es responsable de atentados en Argentina, Chipre y Bulgaria. Otros atentados que habían planeado en distintas partes del mundo se desbarataron gracias a la labor conjunta de los servicios de inteligencia.

Lo sorprendente es que toda esta información, fácil de obtener, no basta para convencer a la Unión Europea de que califique de organización terrorista a toda Hezbolá. Su argumento es que la organización tiene un brazo político, separado del brazo militar, con el que es posible mantener relaciones diplomáticas.

Esa es una distinción falsa. Hezbolá ha dejado claro en muchas ocasiones que es imposible separar los dos brazos. Ellos son los primeros en reconocer que son una misma organización bajo una misma dirección y que Nasrallah aprueba personalmente cada atentado terrorista.

La situación es todavía más absurda si se piensa que hasta la Liga Árabe considera que toda Hezbolá es una organización terrorista. Los países musulmanes de la región, a los que no se puede acusar precisamente de tener grandes simpatías respecto a Israel, saben muy bien que no existe esa diferencia entre sus “brazos”.

Se trata de una mera artimaña de relaciones públicas como las que utilizan muchos otros grupos terroristas actuales. Bajo la apariencia de ser un “movimiento de resistencia” o unos “combatientes por la libertad”, estos extremistas buscan comprensión mientras fabrican sus bombas y orquestan sus atentados contra judíos, cristianos e incluso musulmanes. Con su falsa legitimidad, Hezbolá puede recaudar dinero y reclutar abiertamente a voluntarios en Europa. Algunos dirigentes europeos creen —sin razón— que, si mantienen una comunicación educada y comprensiva con los terroristas, quizá ellos se vayan a volar discotecas y centros comerciales en otro sitio. Nunca ha servido de nada, ni nunca servirá.

Instamos a la Unión Europea a seguir los pasos de Francia y Holanda y califique a Hezbolá —toda Hezbolá— como una organización terrorista. Necesitamos que nuestros socios se unan a la coalición mundial contra Hezbolá e impida sus actividades en Europa. El terrorismo no se combate con palabras, sino con actos.

Ted Deutch es congresista estadounidense y Yair Lapid es diputado israelí

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

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