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¿Astucia o liderazgo?

Más allá del temor a la justicia está la negativa a responsabilizarse de un movimiento de alcance

independencia cataluña
Escalinatas del Parlament tras aprobarse en el pleno la declaración de independencia. EFE

Cuando Artur Mas incorporó la palabra “astucia” a la gramática del procés, creó escuela. El pleno del Parlament se retrasó a las 12.00 (en lugar de las 10.00) para asegurar que el Senado se reuniera antes, certificando así que la votación de la declaración unilateral de independencia (DUI) habría sido posterior a la votación del Senado sobre el artículo 155. Del mismo modo, el recurso al voto secreto no fue para garantizar la libertad de los votantes, sino para esquivar acciones judiciales; la presencia de los diputados de Catalunya Sí que es Pot en la votación final, en lugar de abandonar el plenario como el resto de la oposición, legitima la votación (aunque sea votando no) y encubre el voto afirmativo de los demás: ¿cómo saber quién votó a favor de la DUI?

Y más astucia en el propio texto: de nuevo, no se declara la independencia; se encarga al Govern que asuma el resultado del voto ciudadano del 1-O, y adopte las medidas ejecutivas y administrativas necesarias. La épica, al preámbulo, que además se le hace leer a la presidenta Forcadell; en aquello que es jurídicamente controlable, palabras muy medidas.

La primera declaración de independencia de los tiempos modernos, la de EE UU en 1776, empieza diciendo que, cuando un pueblo emprende ese itinerario, su primer deber es explicarse ante el mundo. ¿A qué, pues, tanta astucia?

Hay una razón de fondo, que los espectadores pudieron ver en directo por televisión, en la salutación glacial entre Puigdemont y Junqueras tras la votación, o en las caras de funeral de diputados y consejeros (excepto el alegre Comín) al salir del hemiciclo, o en el lenguaje corporal de muchos de los presentes, salvo la sincera alegría de las gentes de la CUP: ¿quién conduce el procés a partir de hoy?

Anoten que el presidente de la Generalitat, el hombre que tuvo en sus manos la decisión entre elegir un camino y el contrario, no tomó la palabra en el debate; y que en la celebración subsiguiente, quien tomó la palabra en representación del mundo municipal no fue el presidente o portavoz de ninguna entidad municipalista, sino Dolors Sabaté, alcaldesa de Badalona y más o menos integrada en los comunes.

No fue solo el temor a las posibles consecuencias judiciales que puedan derivarse de la acción de ayer. Más allá de esto está la negativa a asumir la responsabilidad política de dirigir un movimiento de un alcance extraordinario, de enorme base popular y que se ha de enfrentar a un Estado en plenitud de poderes y de legitimación.

En esa ausencia de liderazgo, de responsabilidad en la conducción del movimiento, radica la dimensión clave de lo que estamos viviendo. Y hay que preguntarse si seguirá siendo así cuando haya ciudadanos dispuestos a defender en la calle el nuevo orden de cosas.

Joan Botella es catedrático de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Barcelona.

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