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COLUMNA

#YoTampoco

Hay muchos Harvey Weinstein de la vida y no solo en Hollywood

Harvey Weinstein durante un acto el 28 de octubre de 2015
Harvey Weinstein durante un acto el 28 de octubre de 2015

No diré cuántos para mantener el misterio, pero, por unos pocos años de minoría de edad relativa, no voté la Constitución de 1978. Aclarado este extremo, y según Enric Blanes, ideólogo de la Asamblea Nacional Catalana que rebuzna que el grueso de quienes la aprobaron están muertos, aún debe una de andar viva, aunque sea chocheando. El caso es que, pese a sus achaques de premenopáusica, la que firma, como sus coetáneos, y somos masa porque hablamos de los baby-boomers españoles, estrenó la mayoría de edad con los deberes cívicos ya hechos por sus mayores. Nos hicimos mujeres y hombres con los derechos y libertades escritos en aquel librillo color crema —lo estoy viendo— que se buzoneó en casas y colegios y en el que muchos hemos consultado ayer mismo el artículo 155.

Quizá por eso, porque lo gordo ya estaba hecho, nuestra generación no se ha caracterizado precisamente por su ardor revolucionario. Más allá de la insumisión a la mili —ellos— y la resistencia a la derogación de la ya lograda ley del aborto —nosotras—, hemos hecho más bien poco por la colectividad ahí fuera. Bastante teníamos con bregar con las barreras intramuros. Las mujeres, sé de lo que hablo, hemos tragado carros y carretas con tal de seguir en la brecha y en el tajo. Porque sí, yo también he oído según qué ofertas. Y no, yo tampoco dije nada al respecto fuera de mi círculo, o ni eso. Hemos querido ser tan iguales, que hemos actuado como se suponía que actúan los tíos. Hemos renunciado a permisos a los que teníamos derecho porque sabíamos que era un suicidio. Hemos tolerado lo intolerable porque sabíamos quién iba a perder la guerra. Y, sí, hemos callado lo que debíamos haber pregonado porque casi lo considerábamos incluido en el sueldo y en el género. Hay muchos Harvey Weinstein de la vida y no solo en Hollywood. De Mercamadrid a la UE. Lo nuevo es que las nuevas no callen. Benditas sean.

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