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COLUMNA

Europa nada y guarda la ropa

La verdad, primera víctima en la batalla de propaganda en torno al desafío catalán

Un grupo de catalanes a favor de la independencia muestran carteles por la democracia y papeletas del referéndum del 1-O.
Un grupo de catalanes a favor de la independencia muestran carteles por la democracia y papeletas del referéndum del 1-O. Getty Images

La batalla de la propaganda a menudo es decisiva en el resultado de las guerras. Y casi siempre la primera víctima es la verdad. Esta contienda se libra con intensidad en el campo de Agramante del desafío independentista de Cataluña. Y el mayor triunfo logrado hasta el momento por el Govern catalán en esta pugna: su internacionalización, lo ha conseguido con media docena de fotografías y vídeos obtenidos en las calles de Barcelona el 1 de octubre. El proceso de secesión, que no estaba siendo atendido internacionalmente, logró repentinamente simpatía en Europa provocando un daño considerable a la imagen de España.

Basado en una mentira: el derecho de autodeterminación, y un referéndum convocado contra la Constitución española y el Estatuto catalán, sin censo, ni garantías. Con una falsa conclusión para embaucar a ingenuos o desavisados: la lucha de una Cataluña trabajadora, rica y cosmopolita ejerciendo su derecho democrático al voto frente a una España que le esquilma, autoritaria y atrasada, represora de las libertades. Fábula diseñada por los irresponsables dirigentes de la Generalitat, comprada en cierta medida por unos medios de comunicación europeos, y de medio mundo, acampados a cientos en Barcelona para asistir a un conflicto ancestral en una inexistente España donde reaparecería el fantasma del franquismo, y ver nacer una República nacionalista en la cuarta economía de la zona euro.

La gasolina empleada: una mezcla de populismo y nacionalismo y el oportunismo de la izquierda antaño internacionalista. Como salvar a España, se preguntaba The Economist en su portada, sobre una fotografía de jóvenes independentistas amordazados. El uso por el Gobierno de Madrid de los legítimos instrumentos constitucionales ante el desafuero secesionista se equipara con el uso de la fuerza. Porque la agresión contra masas de pacíficos ciudadanos puede funcionar en el Tibet pero no puede ser sostenida en una democracia occidental.

Grandes medios europeos, por ignorancia, pereza intelectual, alientan el resurgimiento de la leyenda negra, y construyen un falso equilibrio entre el golpe ilegal perpetrado por la Generalitat y la defensa legítima y constitucional del orden conculcado ejercida por el Gobierno de Madrid. El falso empate. Gran regalo a Puigdemont que se declara víctima de un estado de excepción al que habría sido sometida Cataluña. Resultado de la inopia de un no relato del Estado español que no ha sabido contrarrestar el agitprop secesionista.

Pasmo inicial de las autoridades comunitarias que se pusieron inicialmente de perfil, "es un asunto interno", luego enmendado. No, es un asunto europeo. Europa, que teme el efecto llamada de la secesión catalana en alguna de sus más de 200 regiones, nada y guarda la ropa. Nada sería más estúpido, nos recuerda el semanario satírico francés Charlie Hebdo. ¿Por qué no proclamar tantas declaraciones de independencia como quesos y vinos hay en Europa? Sobresale el pleno acierto de Macron que revienta la idea de la mediación europea. "Tratar en pie de igualdad a Puigdemont y a Rajoy sería dar la razón a quien no respeta la ley. ¿Se imaginan que un land alemán o una región francesa reclamaran algo parecido?"

fgbasterra@gmail.com

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