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Traidores para el diálogo

Si todo el mundo quiere hablar, ¿por qué nadie habla?

Manifestación convocada por la plataforma Parlem, Hablemos.
Manifestación convocada por la plataforma Parlem, Hablemos. AFP PHOTO

Las múltiples manifestaciones de sábanas blancas de la semana pasada. Los mensajes de la comunidad internacional. La DUI en suspenso del martes 10. El debate parlamentario del Congreso al día siguiente. Hemos escuchado la palabra “diálogo” hasta la saciedad. Si todo el mundo quiere hablar, ¿por qué nadie habla?

La política no sólo se hace negociando: también, y a veces sobre todo, se hace cuando se define la agenda de la negociación. Qué está dentro, y qué fuera. En el caso de Cataluña, hay muchas posibilidades: desde las condiciones del sometimiento del independentismo a la ley española vigente hasta las de la independencia cuyo derecho, según ellos, ya fue ganado tras el 1-O. Entre ambas, la reforma constitucional y el referéndum pactado.

Estas dos últimas alternativas son las únicas que podrían resultar en un marco de encuentro, de consenso. En la última semana, por un lado, los movimientos de Mariano Rajoy y de Pedro Sánchez van destinados a explotar las diferencias dentro del independentismo. El primero les pide que aclaren si la independencia es irreversible tras el 1-O; el segundo mueve el marco a la reforma constitucional. En el otro, la suspensión de la DUI parece igualmente una invitación a los sectores más moderados del constitucionalismo a considerar un acercamiento, probablemente con el referéndum pactado como línea roja, aunque a coste de tensar la propia coalición independentista.

La pregunta que cabe hacerse es: ¿son estos movimientos sinceros o se trata de una manera de cubrirse ante una posible escalada futura, una forma de poder decir después “nosotros al menos sí lo intentamos”? Hasta ahora, ambos frentes han intentado conseguir una victoria total frente a sus rivales. El cambio de los últimos días es la búsqueda activa de diferencias en el rival. Una estrategia legítima que, de hecho, no tiene por qué ser una mala noticia. Al fin y al cabo, si algún día llega un diálogo sincero, este necesitará traidores, en el mejor sentido de la palabra: traidores a sus respectivas bases. Dispuestos a explorar un cambio en el marco de referencia. A buscar mínimos, y no máximos. @jorgegalindo

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