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Corregir la política de becas

El sistema de ayudas mejora el rendimiento académico pero afecta gravemente a la equidad

El ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo.
El ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo. EFE

Cinco años después de haberse aprobado la reforma del sistema de becas bajo el mandato del ministro José Ignacio Wert, algunos indicadores muestran que el nuevo modelo incentiva el rendimiento académico, lo cual es muy positivo, pero afecta gravemente a la igualdad de oportunidades y a la equidad. Se ha confirmado lo que muchos expertos vaticinaron. El informe anual de la Conferencia de Rectores de las Universidades españolas constata que, aunque ha aumentado el número de estudiantes con beca, la cuantía de las ayudas se ha reducido en una media de 483 euros. En concreto ha pasado de 2.231 euros por curso en 2011 a 1.748 en 2015, es decir, un 23,4% menos. Contando el importe de la matrícula gratuita, que es distinto según los estudios y el territorio donde se ubica la universidad, el gasto total por cada becado ha caído de 3.256 euros a 2.562. Este recorte tiene graves efectos sobre la equidad. Su impacto social es mayor por haber coincidido con unos años en los que las rentas familiares del segmento de población más desfavorecido ha caído como consecuencia de la alta tasa de paro, la precarización laboral y la devaluación de los salarios.

El hecho de que se exija una nota mínima de entre 5.5 y 6.5 ha permitido que el rendimiento medio de los estudiantes becados haya aumentado: el número de créditos aprobados ha sido en 2016 un 23% superior a 2008. Hay que celebrar que eso haya sido así, pero habría que evaluar también el impacto que estos requisitos tienen sobre la equidad. La exigencia de una nota superior al aprobado se convierte en una barrera para muchos jóvenes cuyos resultados académicos están negativamente condicionados por circunstancias socioeconómicas adversas. Los rectores estiman que 70.000 potenciales beneficiarios no han podido estudiar por los requisitos del nuevo sistema. De hecho, el 7% de los 220.000 nuevos estudiantes que se matriculan no alcanza una nota del 5.5 en su expediente y el 15% no llega al 6.5.

El resultado es que mientras en los países de la OCDE uno de cada tres alumnos estudia con beca, en España solo recibe ayuda uno de cada cuatro. Hay que tener en cuenta, además, que España figura entre los países con las tasas universitarias más altas. De hecho, solo cinco países tienen en Europa precios de matrícula superiores.

La política de becas es uno de los instrumentos más importantes de redistribución de la riqueza, pero sobre todo es un instrumento imprescindible para garantizar la igualdad de oportunidades. Ha llegado la hora de realizar una evaluación rigurosa de los resultados de la reforma tanto desde el punto de vista de la eficiencia como de la equidad. Y corregir con urgencia algunos desajustes organizativos que además de suponer una dificultad innecesaria para todos los becados, acaban afectando también en mayor medida a los más desfavorecidos pues puede disuadirles de iniciar estudios universitarios. En concreto, el hecho de que el estudiante no sepa en muchos casos si ha obtenido la ayuda o la cuantía de la misma hasta bien entrado el curso. Eso afecta especialmente a las familias más vulnerables, que no disponen de recursos para adelantar el dinero que luego recibirán de la beca. Sería mejor que la nota a tener en cuenta fuera la del curso anterior.

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