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¿Crónica de una catástrofe anunciada en Sierra Leona?

Cambio climático, mala planificación urbanística, deforestación y corrupción se alían en Freetown y provocan inundaciones letales para sus habitantes

Entierro de 300 de las víctimas del corrimiento de tierra de Freetown en el cementerio de Waterloo, el 17 de agosto. Ampliar foto
Entierro de 300 de las víctimas del corrimiento de tierra de Freetown en el cementerio de Waterloo, el 17 de agosto. AP

El domingo 3 de septiembre llovía fuerte en Freetown, la capital de Sierra Leona, desde bien temprano y en pocas horas empezaron a sonar las voces de alarma: una nueva zona de la ciudad se inundaba, esta vez se trataba de Congo Cross. Justo bajo el puente que une el este con el oeste de la urbe, el río se desbordaba y el agua llegaba a la altura de las ventanas de las casas. Fuera de la ciudad, en Ogoo Farm, las lluvias se cobraban la vida de dos niños y destruían cientos de casas. Una semana antes, el sábado 25, los residentes de Kroo Bay tuvieron que subirse a los tejados de sus viviendas para no ser llevados por el agua. Todos tenían en el recuerdo lo sucedido el 14 de agosto cuando las lluvias provocaron enormes inundaciones por toda la ciudad y un corrimiento de tierra en la montaña conocida como Loaf of Bread que se llevó por delante a un número indeterminado de viviendas y que causó más de mil muertos y desaparecidos y que unas 5.000 personas perdieran todas sus posesiones.

Hacinamiento

Freetown cuenta con una población de algo más de un millón de personas, según el censo oficial de 2015; es 10 veces más que cuando el país alcanzó la independencia en 1961. La guerra (1991-2002) originó que muchas personas llegasen a la capital en busca de refugio. La ciudad, comprimida entre el mar y la montaña, no tenía espacio para acoger a todos. Se empezó a construir en cualquier lugar, trepando por las montañas u ocupando tierras cercanas al mar, sin que existiera un plan o estrategia urbanística.

Intentando poner orden, en 2004, se aprobó la Ley de Gobierno Local, que asignó a las autoridades locales la planificación urbana. En el caso de Freetown, esta responsabilidad recaía sobre el Ayuntamiento, pero la corrupción de sus funcionarios facilitó que cualquier persona capaz de sobornar pudiera construir en cualquier lugar. A pesar del boom de construcción, diversos estudios sugieren que en la ciudad hay una gran carencia de viviendas y que se necesitaría erigir una media de 166.000 casas por año antes de 2028 para poder cobijar a toda la población. Es por eso por lo que ahora viven hacinados o en construcciones hechas con chapas de cinc conocidas como panbody. Los alquileres están por las nubes y además se exige pagar dos años por adelantado y en dólares.

En Freetown hay, al menos, 61 barrios formados por asentamientos informales

De ahí la proliferación de asentamientos informales que pueblan la ciudad. En 2014, Shack/Slum Dwelers International (SDI) identificó, al menos, 61 de ellos. Los nombres de algunos sugieren su cercanía al mar como Kroo Bay, Susan’s Bay, Magazine Wharf o Queen Elizabeth II Quay. Otros suben por las montañas que dieron nombre al país (La Sierra de la leona), ocupan el lugar que hasta hace poco tenían los bosques y contribuyen a la deforestación.

Meteorología

Otra característica de Freetown es que es una de las ciudades donde más llueve en África y agosto el mes más húmedo de todo el año. Es justo en esa época cuando alguno de los barrios cercanos al mar suele inundarse. Pero año a año, este fenómeno se vuelve más virulento. Ya en 2015, unas inundaciones sin precedente causaron la muerte de, al menos, siete personas y dejaron sin hogar a varios miles. Wilberforce y Signal Hill, comunidades que están en alto, fueron afectadas por primera vez en la historia. Varios corrimientos de tierra en esas zonas causaron el desplazamiento de cientos de personas, muchas de las cuales se refugiaron en el estadio nacional.

Del 1 de julio al 14 de agosto, se registró un 300% más de precipitaciones que en años anteriores

Estas inundaciones afectan mayoritariamente a los asentamientos informales. El caso más grave es el de Kroo Bay, uno de los barrios costeros más grandes, con una población estimada de 6.000 personas, que se inunda todos los años desde 2008. A pesar de las promesas del gobierno todavía no se ha tomado ninguna acción para poner remedio a esta situación.

Este año ha llovido mucho más y de forma más fuerte que lo habitual. Del 1 de julio al 14 de agosto, se registró un 300% más de precipitaciones que en años anteriores. Y las lluvias han seguido y se esperan muchas más hasta finales de septiembre.

Los habitantes de estos barrios se niegan a abandonarlos. Allí está todo lo que poseen y suelen estar bien situados con respecto a los centros de transporte, otro de los grandes problemas de la ciudad. De ahí, la resistencia mostrada cuando el Gobierno ha insinuado el traslado de los residentes de estos slums a otras zonas. En 2015, se movió forzosamente a la comunidad de Crab Town a las afueras de la ciudad, en un intento de evitar los riesgos de las inundaciones, se dijo. Aunque en realidad aquel desplazamiento ocultaba una maniobra urbanística del Ayuntamiento encaminada a la construcción de viviendas de lujo.

Residuos y falta de saneamiento

La falta de alcantarillado y drenaje ayuda a la acumulación de desechos en las calles de la ciudad

Otro de los grandes problemas de Freetown es la gestión de las basuras. En 2013 se firmó un contrato con MASDA Energy para gestionar los residuos de la ciudad, y a pesar de ello, se acumulan en cualquier esquina e incluso bloquean calles. La compañía emplea a jóvenes a los que paga salarios ínfimos que motivan más hacia el absentismo laboral. En un país donde la tasa de paro juvenil alcanza el 70% es fácil encontrar mano de obra barata y sin cualificar. Además, los vertederos de Freetown están ubicados en medio de zonas residenciales y se encuentran al tope de su capacidad, lo que presenta grandes riesgos para la salud de los habitantes.

Igualmente, la falta de suficiente y adecuado alcantarillado y drenaje ayuda a la acumulación de desechos en las calles de la ciudad. Los desagües están permanentemente bloqueados por la abundancia de basura. Durante la estación de las lluvias (de finales de mayo a principios de noviembre), el bloqueo del alcantarillado causa que los residuos -incluso médicos y otros materiales peligrosamente insalubres - terminen en los barrios marginales de la ciudad. Por tanto, las inundaciones no solo acarrean pérdida de vidas y propiedades sino también un mayor riesgo de enfermedades. Esto provocaría que en los asentamientos informales la esperanza de vida sea de 35 años, 10 por debajo de la media nacional, como es el caso de Kroo Town.

Deforestación y cambio climático

A todo esto hay que añadir los efectos derivados del cambio climático. La Agencia de Protección Ambiental sierraleonesa (EPA) ha reconocido los efectos de la deforestación en los alrededores de Freetown. La erosión del suelo es solo uno de los principales problemas. Los árboles ya no protegen el terreno, el suelo está expuesto y es arrastrado colina abajo por las fuertes lluvias. Últimamente, las élites del país han decidido construir sus mansiones en las colinas. El llamado triángulo más seguro de Freetown, ubicado en la carretera que lleva a la aldea de Regen con sus ángulos el cuartel de las tropas británicas estacionadas en el país, la sede de la Unión Europea y la Embajada estadounidense (que por motivos de seguridad deforestó una colina entera), ha sufrido una fuerte presión constructora en los últimos 10 años. Es cerca de esta zona donde se produjo el corrimiento de tierras que causó más de mil muertos y desaparecidos el pasado 14 de agosto.

Sierra Leona ocupa el puesto 138, de 172, en el índice de Riesgo Mundial de países propensos a desastres naturales. E investigaciones del Banco Mundial sugieren que cada año las estaciones secas se agudizarán y las de lluvia serán más húmedas, sobre todo en las ciudades costeras y de manera muy especial en África. Esto, evidentemente, no es una buena noticia para Freetown. A pesar de las inundaciones de agosto y septiembre, la ciudad sufre una grave escasez de agua a partir, especialmente, del mes de marzo. Y otra vez la corrupción entra en juego en este punto. Los que pueden permitírselo negocian con Guma Valley, la compañía que suministra el agua a la ciudad, para conseguir que llegue a sus casas en detrimento de los barrios más marginales. Y las veces que llega hasta allí, el precio del servicio se triplica y cuadriplica por lo que la mayoría de los ciudadanos no tienen más remedio que acudir a los arroyos que cruzan la ciudad, cargados de basura, para conseguir agua.

La catástrofe

Así las cosas, el 14 de agosto, antes de amanecer, bajo una intensa lluvia, parte de Loaf of bread se deslizó cubriendo un número indeterminado de casas y causando la muerte y desaparición de más de 1.000 personas, mientras otras 5.000 perdían todas sus posesiones. La zona no era un slum. Era un barrio de clase media, donde funcionarios, militares, policías y pequeños emprendedores que tenían suficiente dinero para sobornar a los funcionarios del Ayuntamiento habían construido sus casas.

Sucedió la catástrofe y no había medios para ayudar a las víctimas. Voluntarios con sus propias manos y Cruz Roja hicieron lo que pudieron. El Gobierno sierraleonés pidió ayuda a la comunidad internacional. Inmediatamente empezaron a llegar aviones con recursos materiales y dinero. Pero la población no se fía. Durante la guerra gran parte de las ayudas que llegaron al país quedaron en manos de miembros del Gobierno y funcionarios. En la crisis del ébola (2014-2015) desaparecieron millones llegados para socorrer a las víctimas y nunca se ha investigado. Hace un par de semanas se descubría que varios funcionarios dependientes del vicepresidente se habían quedado con parte de los fondos donados, principalmente, por países árabes para ayudar a los musulmanes que querían peregrinar a La Meca. ¿Por qué ahora va a ser diferente?, se preguntan muchos sierraleoneses. Las desgracias de muchos son oportunidad de negocios para unos pocos en este país.

No es nada nuevo. Ha sorprendido por la cantidad de víctimas, pero todo el mundo sabía que tarde o temprano algo similar iba a suceder. La desidia del Gobierno, la corrupción de los funcionarios, la deforestación, la falta de planificación, la necesidad de vivienda, la superpoblación… y todo lo que queramos añadir, han causado esta catástrofe que seguramente el próximo año sea peor como consecuencia de la falta de acciones y las consecuencias agudizadas del cambio climático. Una vez más, los más necesitados han sido las principales víctimas.


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