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EP Aventura BLOGS Por ISIDORO MERINO

¡Tiburón!

Un ‘post’ dedicado a los que aún estáis de vacaciones en la playa

El autor del 'blog' saludando a un amiguito en Benidorm.
El autor del 'blog' saludando a un amiguito en Benidorm. Getty Images

“Soy un buen tiburón, no una descerebrada máquina de comer. Si quiero cambiar mi imagen, primero debo cambiar yo. Los peces son amigos, no comida”. Pese a las buenas intenciones de Bruce, Chum y Anchor, los tres escualos en terapia de grupo de Buscando a Nemo, los tiburones sí son máquinas de comer y de matar. Son tan eficientes, que en cuatrocientos cincuenta millones de años apenas han cambiado. Salvo las cafeteras italianas y algunos coches, no hay nada que los supere en diseño.

El tiburón blanco o jaquetón (Carcharodon carcharias), la especie a la que pertenece Bruce, está en la cima de la cadena alimentaria de los océanos. El pez depredador más grande del planeta puede pesar más de dos mil kilos y medir más de seis metros de longitud; tiene una fuerza de mordida de 1,8 toneladas. Una sardinilla comparado con su antepasado el megalodón (Carcharodon megalodon), que vivió hace veinte millones de años y medía dieciséis metros, aunque se cree que podían llegar a los veinticinco.

Tiburón blanco atacando a una foca.
Tiburón blanco atacando a una foca. Getty Images

Y entonces llegó Spielberg

La película Tiburón (1975), de Steven Spielberg, cambió la relación de mucha gente con el agua. Después de ver la primera secuencia, la de la chica en la playa (¡chan, chan, chan, chan!), daba miedo hasta meterse en la bañera. Era una época sin efectos digitales, y para rodar algunos planos se utilizó un tiburón mecánico llamado Bruce, como el abogado del director. Para las secuencias rodadas con tiburones reales, Spielberg llamó al australiano Rodney Fox, excampeón de pesca submarina y sobreviviente de un ataque de tiburón: en 1963, mientras cazaba meros con un fusil submarino, un gran blanco casi lo destripa. Lo pasó muy mal y, cuando salió del hospital y pudo volver al mar, lo hizo como vengador enmascarado (por la máscara de buceo): en varios documentales se lo ve matando tiburones con arpones de cabeza explosiva. Con el tiempo fue conociendo mejor a su enemigo, y desde entonces dedicó su vida al estudio y defensa de estos animales.

El implacable tiburón tigre

La culpa de que el capitán Quint, el rudo cazador de tiburones que interpreta Robert Shaw en la película de Spielberg, le tenga tanta tirria a los escualos la tiene el USS Indianapolis, el barco que entregó la bomba de Hiroshima. El 29 de julio de 1945, casi al final de la II Guerra Mundial, este crucero de guerra de la armada de Estados Unidos fue hundido en mar de Filipinas por un torpedo japonés a su regreso de una misión secreta entre Guam y Leyte, en las islas Marianas: transportar los componentes de Little Boy, como se bautizó la bomba atómica que cayó sobre Hiroshima (Japón) el 6 de agosto de 1945. Sus restos fueron encontrados el pasado 18 de agosto, setenta y dos años después del naufragio, a 5,5 kilómetros de profundidad en el lecho del océano Pacífico. Cerca de novecientos hombres de los mil ciento noventa y seis que llevaba a bordo consiguieron saltar al agua antes de que se hundiera, agrupándose alrededor de unos pocos botes de goma y chalecos salvavidas. Muchos de ellos estaban heridos o sufrían quemaduras, pero la misión era tan secreta, que nunca se mandó una señal alertando del naufragio y los supervivientes fueron rescatados por casualidad cuatro días después. Los que sí llegaron pronto fueron los tiburones, atraídos por la sangre de los heridos. A centenares.

El tiburón tigre es responsable de muchos de los ataques a humanos.
El tiburón tigre es responsable de muchos de los ataques a humanos. Getty Images

Según contaron después los supervivientes, los voraces tiburones tigre (Galeocerdo cuvier), los más peligrosos y agresivos, daban vueltas a su alrededor como si escogieran la carne en el supermercado. Cuando al final fueron rescatados, solo quedaban 317 marineros, la mayor pérdida de vidas sufrida por la fuerza naval de los Estados Unidos en su historia.

Tiburón toro en Playa del Carmen (México).
Tiburón toro en Playa del Carmen (México). Getty Images

Otro villano con fauces es el tiburón toro, sarda o lamia (Carcharhinus leucas; no confundir con el jaquetón toro, Carcharias taurus, la especie que vive en los acuarios de Madrid y Barcelona), un elasmobranquio carcarriniforme de hasta 3,4 metros capaz de remontar los estuarios de ríos como el Amazonas o los africanos Zambeze y Limpopo y vivir en aguas dulces poco profundas, lo que los hace especialmente temibles (se calcula que son responsables de la mitad de los ataques de tiburones a humanos). En 2011, durante las riadas que anegaron el noreste de Australia, los tiburones toro ocuparon las calles inundadas de la ciudad de Brisbane entrando en casas y tiendas. Lo peor de todo es que se fueron sin pagar.