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Thurston Moore: vivir sin la marca Sonic Youth

La vida de Thurston Moore dio un triple salto mortal cuando se divorció de Kim Gordon. Ese periodo capitaliza su nuevo disco

Thurston Moore, fotografiado por ICON con la pose desdeñosa del adolescente de 58 años.
Thurston Moore, fotografiado por ICON con la pose desdeñosa del adolescente de 58 años.

Es curioso: no tiene uno mucho interés en hablar de la vida personal de Thurston Moore, pero la realidad es terca y se impone. Hasta una pregunta tan anodina como “¿dónde conoció al guitarrista de su grupo?” termina llevando a su divorcio. “Conocí a James porque vivía en el mismo bloque de apartamentos diminutos en Londres que mi novia. Fue hace siete años. Eva me dijo que en el piso de abajo un chaval se pasaba el día tocando la guitarra: ‘Pero ten cuidado de no cruzarte con él. Le he dicho que mi novio viene a verme, pero no quién eres y es un gran fan de Sonic Youth’. Un día pasó: me lo crucé en la cocina común y se me quedó mirando preguntándose: ‘¿Qué hace Thurston Moore en mi cocina?’. Le dije: ‘Hola, soy el novio de Eva’ y él reaccionó alucinando: ‘Vale, ahora lo entiendo todo’. Porque en aquel momento era un secreto y no se lo podía creer. Nos hicimos amigos. Cuando encontré un piso para Eva y para mí y pensé en montar mi propia banda, llamarle fue lo natural”.

Eva es Eva Prinz, la novia de Moore desde varios años antes de divorciarse de Kim Gordon, su mujer desde 1984 y compañera en Sonic Youth, uno de los grupos de rock más influyentes de los últimos 30 años. Pero también es Radio Radieux, un imaginario “poeta transgénero” que firma gran parte de las letras de Rock’n’roll consciousness, el nuevo disco de Moore. “Nos inventamos esa historia porque ella no está interesada en ser famosa. Desafortunadamente, porque es difícil evitarlo cuando estás relacionada con alguien como yo. Es genial escribir con ella. Ni siquiera nos lo planteamos, solo pasó. Sus referencias encajan con mi forma de ver la vida. Ella encarna esa visión mía de una feminidad muy fuerte”.

"Siempre le digo a mi hija que no espere ninguna luz al final del túnel, no la hay. La vida es un camino. Es todo un trayecto, no hay meta a la que llegar”

Si las cosas son como las cuenta, con 58 años Thurston Moore está viviendo una etapa de completa libertad. Ya ha asumido las ventajas y los inconvenientes de trabajar en solitario. “Sonic Youth es una marca. Convocamos mucho más público que como individuos. No pasa nada, lo entiendo. Es la historia, aunque en mis canciones de ahora no percibo gran diferencia con lo que hacía”.

Es verdad, las cinco largas canciones que componen Rock’n’roll conciousness podrían forma parte de cualquier álbum de la banda madre. En parte porque en su grupo actual hay otro componente de Sonic Youth, el batería Steve Shelley. Los otros dos miembros no desmerecen. James Sedwards, el antiguo compañero de piso de Eva Pridz, es un guitarrista excepcional, y la bajista, Debbie Googe, viene nada menos que de My Bloody Valentine.

Thurston Moore, con camiseta de Can y ni una sola cana.
Thurston Moore, con camiseta de Can y ni una sola cana.

Sonic Youth fue el modelo de la generación de Nirvana. Cuentan que si el grupo de Kurt Cobain firmó con la discográfica Geffen fue porque Sonic Youth publicaba allí sus discos. Teniendo en cuenta las cantidades que los de Seattle le hicieron ganar, aquel sello les debe mucho dinero. “Nos deben, pero no por eso”, dice con un deje de amargura. “No hay nada que puedas hacer para evitarlo. No se trata de dinero, si eres un artista nunca va de eso. El dinero es para los hombres de negocios o los managers. Pero si eres un músico y estás en esto por la pasta tienes un problema. No me fijé en el dinero hasta que nació mi hija”.

Coco Gordon Moore, su hija, tiene hoy 23 años. “Es una chica fantástica. Hemos pasado mucho tiempo juntos. Viajamos de Los Ángeles a Nueva York en coche, en medio del invierno. Cuatro días y medio los dos solos, y fue genial. Ella es independiente, curiosa y superinteresante. Es una artista. Ha pasado toda su vida lidiando con que sus padres eran muy importantes para otras personas y necesita definirse por sí misma. Veintitres es una gran edad. Y puedo ver que ella lo sabe. Yo le digo que no espere ninguna luz al final del túnel, porque no la hay. La vida es un camino. Es todo un trayecto. No hay meta a la que llegar. Yo creo que la mejor edad es los 40. Aunque estoy disfrutando la cincuentena. Tengo el privilegio de hacer lo que me da la gana. Quizás no toco delante de 50.000 personas. Pero ya he estado ahí, y no me interesa volver”.

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