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La tentación

En el 'proces', la nueva izquierda se mantiene en el terreno más cómodo de identificar lo que está mal, pero al buscar soluciones las divisiones se hacen más evidentes

El portavoz de En Comú Podem en el Congreso, Xavier Doménech , junto a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.
El portavoz de En Comú Podem en el Congreso, Xavier Doménech , junto a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. EL PAÍS

A primera vista, pocas cosas son tan tentadoras para la nueva izquierda como el proceso soberanista catalán. Es una enmienda al sistema, que sirve para exacerbar las contradicciones de la vieja izquierda del PSOE, mueve a C's más cerca del statu quo, y alimenta la polarización crítica cruzada con el PP. Apoyar el aspecto movilizador y de impugnación sin comprometerse con el contenido nacionalista se antoja como una opción ganadora. Y es ahí precisamente donde Podemos y los comunes se intentan ubicar.

Pero lo que parece una estrategia genial es en realidad una posición precaria hija de la contradicción interna. El paraguas morado (más bien multicolor) contiene ahora mismo a la coalición de votantes más heterogénea posible en la cuestión territorial. Lo mismo sucede con sus cuadros medios, y con las élites del movimiento, como bien se ejemplificó en el cruce de declaraciones y rectificaciones que tuvo lugar en los últimos días. Sucede que el único punto de acuerdo probable entre todas estas sensibilidades nacionales está en el lado de la impugnación, de la crítica.

La nueva izquierda se mantiene así en el terreno más cómodo de identificar lo que está mal, pero cuando las decisiones sobre qué hacer para solucionarlo se acercan, las divisiones se hacen más evidentes. Ante esto, los independentistas, con ERC a la cabeza, sólo necesitan tensar la cuerda al máximo para forzar la toma de posiciones, neutralizando así buena parte de la intención inicial de supuesta enmienda al sistema. Es un particular juego de desafíos: “Si es de verdad una enmienda, ¿por qué no vais hasta el final? Si no lo hacéis, es que no vais en serio”, parecen decir.

Y sin embargo cualquier solución de largo plazo pasa por este espacio ambiguo, más allá de los choques institucionales que han tenido y tendrán lugar en el futuro inmediato. Pero para ello los que se erigen en representantes de dicho espacio deben construir propuestas viables, con potencial de consenso. Pues aunque las soluciones pasan por ellos, no son el único grupo con voz y voto en este asunto: gestionar la heterogeneidad conlleva una gran responsabilidad. @jorgegalindo

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