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Onteniente

El drama de la corrupción en España ha evolucionado en las últimas semanas en proporciones monstruosas, siempre a peor

Eduardo Zaplana e Ignacio Gonzalez
Eduardo Zaplana e Ignacio Gonzalez

No sé si Ignacio González escogió el nombre de esta localidad valenciana al azar o si sabía, efectivamente, que Onteniente es la plaza que tiene en propiedad el juez sustituto de Eloy Velasco en la Audiencia Nacional. Supongo que, dado su exhaustivo control sobre el Poder Judicial, la segunda opción es la correcta. Pero hay algo de lo que estoy segura. Si Manuel García Castellón, el juez escogido por González para sí mismo en una conversación telefónica con Zaplana —“vamos a ver, Eduardo, tenemos el Gobierno, el Ministerio de Justicia (…), que venga el titular, que ya me las apañaré con el titular”—, recupera su plaza tal y como ha solicitado, a los 64 años y después de haber trabajado 17 en el extranjero, su futuro inmediato será semejante al que Manuel Moix ha descrito, con muy poca vergüenza, en mi opinión, como su inmolación. Porque el drama de la corrupción en España ha evolucionado en las últimas semanas en proporciones monstruosas, siempre a peor. Y el problema ya no es que roben todos o sólo unos pocos, cuánto han robado ayer o si piensan seguir robando mañana. El aspecto más alarmante de esta cuestión es que un imputado por corrupción, responsable de una trama particularmente grave por su tentacular estructura mafiosa, que ha corrompido y, por lo visto, sigue corrompiendo a diversas instituciones del Estado, haya podido escoger a su antojo primero al fiscal y después al juez que gobernarán su destino. Las grabaciones telefónicas de González revelan un grado de podredumbre incompatible con la serenidad y, sobre todo, con la dignidad de los españoles. García Castellón debería tenerlo en cuenta, renunciar a su traslado y ahorrar a sus compatriotas un nuevo episodio de esta insoportable vergüenza nacional.

 

 

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