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La ‘vida eterna’ de Villar

El presidente reelegido es un supervivente indeseado a los escándalos del fútbol mundial

Ángel María Villar, presidente de la Federación Española de Fútbol
Ángel María Villar, presidente de la Federación Española de Fútbol GETTYIMAGES

La reelección de Ángel María Villar como presidente de la Federación Española de Fútbol es una pésima noticia para los clubs y los aficionados. La presunción de que este será su último mandato, otorgado porque merece lo que suele conocerse como una salida digna, ni justifica ni consuela, porque los dirigentes, deportivos o políticos, merecen una despedida acorde con su gestión. Y la de Villar no solo no ha sido buena en su conjunto, sino que en ocasiones ha producido bochorno y desolación.

Hay muchas razones para lamentar el nuevo periodo de Villar al frente del fútbol español. De menor a mayor gravedad pueden citarse una prolongación insana en el cargo, contraria a todas las normas que recomiendan la higiene y transparencia exigibles en un gestor. Cuando concluya esta legislatura acumulará 32 años en la presidencia de la Federación; durante 29 años de ejercicio, Villar ha tejido una red de intereses clientelares, de favores y de compromisos que perturba gravemente la dirección del fútbol español.

Esos intereses y su obsesión por mantenerse en el poder lo han empujado a frecuentes enfrentamientos con las autoridades políticas o con los propios clubs y a obstaculizar leyes razonables para modernizar el fútbol. Los triunfos indiscutibles de la selección española de fútbol se han visto empañados por conductas despóticas, por sus maniobras para boicotear elecciones en la Federación y por su estrecha conexión con los dirigentes de la FIFA y la UEFA atrapados en los escándalos mundiales de corrupción.

Un directivo consciente hubiera abandonado sus cargos al conocerse los casos Blatter y Platini. Villar además está siendo investigado por presunta malversación de fondos o el sospechoso trato financiero de favor al Recreativo de Huelva y el San Marino. Son razones suficientes para lamentar la reelección de Villar, incluso aunque esta fuese su última legislatura.

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