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AVISO CONTRA LA TIRANÍA PARA USO DE ESPAÑOLES / y 3

“Más divertido que un mitin normal”

Si nada es verdad, nadie puede criticar al poder, porque no hay ninguna base sobre la que hacerlo

Donald Trump durante su mitin en Kentucky en marzo de 2016.
Donald Trump durante su mitin en Kentucky en marzo de 2016. AP

Sobre la tiranía de Timothy Snyder, que hoy acabamos de glosar aquí, tiene subrayados muy nutritivos. Los trae a colación el ensayista norteamericano para explicar "veinte lecciones que aprender del siglo XX". Una de esas lecciones proviene de lo que pasó con el Gobierno de Hitler, que llegó por las urnas y las rompió, en incluso las quemó, para convertir el suyo en un poder dictatorial. Primer subrayado: Tendemos a presuponer que las instituciones se sostendrán automáticamente incluso frente a los ataques más directos. Ese fue justamente el error que cometieron muchos judíos alemanes respecto a Hitler y los nazis después de que formaran gobierno. (...) El error consiste en presuponer que los gobernantes que han accedido al poder a través de las instituciones no pueden modificar ni destruir esas mismas instituciones —aunque eso sea exactamente lo que han anunciado que van a hacer—.

Lo hicieron, dice Snyder, los bolcheviques rusos. Lo hizo Hitler. Se priva a las instituciones de vitalidad y de funciones, se las convierte en un simulacro de lo que eran antaño, de modo que se ajustan al nuevo orden en vez de resistirse a él. Es lo que los nazis denominaban Gleichschaltung (coordinación).

Las mentiras y lo no verificable se presentan "como si fueran hechos"; Trump hizo, en su campaña, un 78% de afirmaciones falsas; y las repitió hasta que parecieron verdad

En su campaña presidencial Donald Trump se hizo acompañar de fuerzas de choque que remedaban o intimidaban a sus adversarios. En el capítulo en el que alerta contra el uso de paramilitares en la sociedad democrática, Snyder cuenta cómo actuaban esas fuerzas en los mítines, expulsando o acosando a los que se mostraran contrarios al candidato. Y extrae del amplio diccionario de frases de Trump (que no ha limitado en el posterior ejercicio de la presidencia) estas que subrayo. Cuando pedía expulsar del local donde daba el mitin a los alborotadores, gritaba: Todavía queda alguno. Si es posible, sacad a los que quedan. Sacad a los que quedan. El público entonces se ocupa de echarlos al grito de "¡U. S. A.!" Satisfecho, el líder terciaba: "¿A que esto es más divertido que un mitin normal? ¡A mí me parece más divertido!" Señala Snyder: "Ese tipo de violencia multitudinaria estaba pensada para transformar la atmósfera política, y lo logró".

Para nosotros, los periodistas, y en general para los ciudadanos, el capítulo 10 del libro de Snyder es clave en este momento. Ya les adelanté en el primero de los capítulos de esta serie su entradilla: Renunciar a los hechos es renunciar a la libertad. Si nada es verdad, nadie puede criticar al poder, porque no hay ninguna base sobre la que hacerlo. Si nada es verdad, todo es espectáculo. La billetera más grande paga las luces más deslumbrantes. Y dice Snyder: "Te sometes a la tiranía cuando renuncias a la diferencia entre lo que quieres oír y lo que oyes realmente". Las mentiras y lo no verificable se presentan "como si fueran hechos"; Trump hizo, en su campaña, un 78% de afirmaciones falsas; y las repitió hasta que parecieron verdad.

Hay antecedentes en el siglo XX: Klemperer (citado por Snyder) decía que "el estilo fascista depende de la repetición constante, diseñada para hacer plausible lo ficticio y deseable lo criminal". El ahora presidente siguió el dogma al pie de la letra. Twitter fue su arma de destrucción de la realidad. Ahí nace la posverdad contemporánea, que George Orwell ya había previsto en su concepto doblepensar.

He aquí la reflexión que extrae Snyder: "Los fascistas despreciaban las pequeñas verdades de experiencia cotidiana, adoraban todas las consignas que resonaron como una nueva religión y preferían los métodos creativos antes que la historia o el periodismo. Utilizaron los nuevos medios de comunicación, que en aquella época era la radio, para crear un son de tambores de propaganda que despertaba los sentimientos de la gente antes de que tuviera tiempo de establecer los hechos. Y ahora, igual que entonces, mucha gente ha confundido la fe en un líder con enormes defectos con la verdad sobre el mundo en que vivimos todos.

Y concluye Snyder ese capítulo sobre la mentira: La posverdad es el fascismo.

Hay mucho más en el pequeño libro. Parafraseando el título de Alexander Luria, Sobre la tiranía es el pequeño libro de una gran memoria, la de ciudadanos de todo el mundo que, lejos de escuchar los tambores del fascismo, encuentran en estos populismos de los que Trump es trompeta (y hay más trompetas) la misma medicina de verdad con la que Hitler y otros dictadores han vendido su venenosa mercancía.

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Cuando escribí el primer capítulo de esta serie un amigo periodista me envió un enlace a un artículo de David Rubio publicado en Política Exterior. Entre otros datos, ahí extrae Rubio los siguientes: hay 2.000 millones de usuarios de Facebook y Twitter. El Pew Research Center ha verificado que el 78% de las entradas de Facebook son falsas o engañosas (como las mentiras de Trump, curiosamente). Entre 2007 y 2017 se han duplicado los digitales en Occidente. El resultado de todos esos datos y del descuido de los fundamentos del periodismo que anida en gran parte de esos nuevos instrumentos de la información es "un lucrativo nicho de mercado en la difusión de prejuicios, manipulación y rumores sin fundamento".

Dice Rubio también, en línea con lo que he leído en el libro de Snyder, algo que concierne a la vulnerabilidad del ciudadano hacia la repetición de opiniones o mentiras: "Internet está facilitando la tendencia humana a evitar aquellas ideas que contradicen las suyas".

Ya nos estamos acostumbrando. Nos parece que no, pero ya nos estamos acostumbrando.

Por eso reitero la necesidad de leer Sobre la tiranía.

Va sobre todos nosotros.

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