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El prestigio del Banco

Conviene aclarar del todo los criterios de inspección bancaria durante la crisis

Luis Linde, gobernador del Banco de España
Luis Linde, gobernador del Banco de España

El papel del Banco de España en la detección y tratamiento de las crisis financieras, cuya consecuencia principal ha sido una factura de dinero público superior a los 40.000 millones, ha sido objeto de controversia y acusaciones cruzadas (algunas muy inoportunas y dañinas) prácticamente desde que se formó el Gobierno de Mariano Rajoy a finales de diciembre de 2011. Existe constancia ahora de que en fechas cruciales de la crisis, concretamente en 2008, la Supervisión del Banco de España modificó las normas contables exigibles a las instituciones financieras. Estos cambios normativos tuvieron como consecuencia aliviar y diferir el apunte en los balances bancarios del crecimiento excesivo de la morosidad causado por la crisis, sobre todo en lo que se refiere a la refinanciación de los préstamos. Dicho de otro modo, gracias a las instrucciones dadas por el Banco de España en el momento de mayor crudeza de la crisis, las entidades de crédito habrían podido disimular el efecto destructivo de la morosidad y diferir las correcciones necesarias.

El Banco de España ha argumentado que se trataba de homogeneizar las normas de control de los balances por parte de la máxima autoridad bancaria. La explicación debería ser detallada; no puede quedarse en un simple término abstracto sin entrar en su origen, finalidad y consecuencias. Puesto que es imperativo mantener la crebilidad de la institución, no parece una buena idea que permanezca en silencio o no haga las aclaraciones necesarias; pero tampoco es aceptable prejuzgar la conducta de la Supervisión sin conocer lo que tienen que decir los responsables del banco sobre el periodo de autos. En estos casos la explicación franca es la más adecuada; si los responsables de Supervisión actuaron siguiendo reglas excepcionales de tolerancia, este es el mejor momento para que argumenten por qué tomaron tales decisiones, cuáles fueron los factores internos y externos que influyeron en su posición y cuáles fueron las reglas de conducta sobre las que se basaron. Es evidente que el estrangulamiento del mercado interbancario era una situación alarmante y excepcional; se trata de saber si lo era tanto como para justificar normas y criterios más flexibles con las calificaciones de morosidad.

Además de las aclaraciones debidas, la credibilidad del banco reclama una actuación más decidida en el ámbito de las normas de inspección. Para reforzar la credibilidad, sería deseable que el Banco pusiera en marcha una revisión de procedimientos y controles internos en supervisión e inspección. El propósito es que los clientes del sistema bancario estén razonablemente seguros de que su dinero permanece a resguardo de malas prácticas bancarias. No es una tarea fácil.

El problema es que no pueden estar permanentemente en cuestión las decisiones tomadas por la autoridad bancaria española entre 2007 y 2013. Hasta ahora no ha existido una explicación convincente, capaz de despejar de una vez por todas las dudas principales de la gestión de la crisis bancaria. El Banco tuvo varios papeles durante el crash: político, supervisor, inspector y generador de soluciones. Los de supervisión e inspección exigen una aclaración rápida, antes de que se conviertan en motivo crónico de debates o descrédito.

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