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Yo gané un Goya a la mejor actriz y hoy soy diputada de Podemos

La intérprete valenciana Rosana Pastor fue expulsada del Congreso en 2003 por protestar contra la guerra. Hoy tiene un escaño

Premios Goya 2017
Rosana Pastor en la presentación de 'La herida' en el Festival de cine de San Sebastián de 2013. Cordon

A Rosana Pastor la expulsaron de mala manera del Congreso. Por rebelde. Fue en 2003. Ella llevaba una camiseta donde se leía: "No la guerra". Un mensaje tan obvio que cuesta creer que a alguien le incomodase. Pero pasó. Algunos diputados conservadores mostraron su alegría cuando los ujieres del Congreso enseñaron la puerta de salida a Pastor, Ana Belén (Goya de Honor en 2017) o Aitana Sánchez-Gijón, entre otros actores, que acudieron al hemiciclo para protestar contra el apoyo de España a la Guerra de Irak. Aquel día, el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, argumentaba lo conveniente que era para nuestro país aquella contienda. Hoy, Aznar y muchos de aquellos parlamentarios ya no están en el Congreso. Rosana Pastor sí: es diputada.

Rosana Pastor es la única intérprete con un Goya que es parlamentaria en la actualidad. Lo consiguió como Mejor Actriz Revelación por la reivindicativa Tierra y libertad (Ken Loach, 1995). Y no lo recogió en la ceremonia, que se celebró en 1996. Su compañera Candela Peña abrió el sobre y gritó: "¡Rosana Pastor por Tierra y libertad!". Ante la sorpresa de todos, el director Fernando Colomo subió a por el premio y se disculpó por la ausencia de la ganadora: "Está rodando en Nueva York". Entonces la actriz tenía 35 años. Hoy, con 56 años (nació en Alboraya, Valencia), ha salido elegida en la lista de Compromís-Podemos de las pasadas elecciones generales del 20 de diciembre.

"Cuando era joven, aún sin saber que eso era una posición feminista, ya me quejaba de hacer siempre de la tía, la prima, la hermana o la novia del protagonista"

Además del Goya, Tierra y libertad le despertó la conciencia política."Fueron ellos, Podemos, los que me ofrecieron ir en sus listas", cuenta la actriz/diputada a ICON. No era la primera vez que un partido la tentaba, pero sí la primera iniciativa con la se sintió identificada: "Una sensibilidad amplia, que aglutinaba fuerzas progresistas". Ambas profesiones no se han solapado, porque durante estos cuatro años de legislatura Pastor prefiere dedicarse a la política a tiempo completo.

Sin embargo, sigue sintiendo fervor por el cine y el teatro. Sus 25 años de carrera exhiben películas como Juana la loca o Sobreviviré y series como Amar es para siempre. Pero ahora le importan más cosas. Habla con entusiasmo, pero con prudencia. Suena más sincera que un político, pero más discreta que un actor. "Cuando me entrevistaban como actriz, me sentía muy suelta", reconoce, "porque dijese lo que dijese, gustase más o menos, solo hablaba por mí. Ahora me resulta más delicado porque no hablo solo por mí, sino que represento a un partido y a las personas que han puesto su confianza en nosotros. Y eso me importa mucho".

Lo primero que hizo, cuando aún no sabía siquiera si conseguiría el escaño, fue renunciar a una subvención de la Generalitat valenciana para escribir un guion. "Me concedieron la ayuda en septiembre de 2016, y firmé con Podemos en noviembre, pero no quería que nadie tuviera ningún motivo para atacar al partido vinculándolo con esta ayuda", recuerda. "Este proyecto político me importa mucho, y no quise meterme a medias". Estaba a punto de dirigir su primera película. Pero la aparcó. Dice que sintió que las circunstancias eran las adecuadas para defender una justicia social que ha apoyado tanto como el arte: antes de sentarse en ese escaño, Pastor llevaba años batallando al otro lado.

A la izquierda, Pilar López de Ayala y Rosana Pastor en 'Juana la loca' (2001). A la derecha, interpretando a Josefina Peñafiel (rebeca naranja) en la serie 'Amar es para siempre' (2013).
A la izquierda, Pilar López de Ayala y Rosana Pastor en 'Juana la loca' (2001). A la derecha, interpretando a Josefina Peñafiel (rebeca naranja) en la serie 'Amar es para siempre' (2013).

Fue especialmente activa en la condena de la guerra durante la legislatura de Aznar. Aquellas protestas germinaron en uno de los tópicos que, casi 15 años después, sigue ahí: la percepción generalizada de que los intérpretes son de izquierdas. La diputada entiende esta tendencia de los artistas: "Los actores tienen una mirada abierta, su herramienta es la empatía, y eso les conecta con la realidad de una manera diferente. Eso puede conducir a que te posiciones en partidos que no restringen la libertad de expresión, y con una mirada social".

Pastor señala aquel momento, aquel eslogan de clamor popular catalizado y desgañitado por los artistas ("No a la guerra") que fagocitó la ceremonia de los Goya en 2003 presentada por Alberto San Juan y Willy Toledo, como el estallido de otra guerra, la política, contra "los titiriteros y los saltimbanquis". "Recuerdo leer artículos de intelectuales respetados que hablaban de los 'artistas subvencionados' y 'consentidos por el poder'. En este país no hay ninguna industria que no sea apoyada a nivel estatal. Creo que es una hipocresía decir que el cine está subvencionado. Si miramos las cifras, el cine aporta más al PIB de este país de lo que recibe. Es injusta esa campaña desatada contra el sector del cine. Ha hecho mucho daño, y no ha parado. Aviva un fuego que no sabes qué va a quemar, porque se lo lleva todo por delante".

Cartel de 'Tierra y libertad', película con la que Pastor ganó el Goya a Mejor Actriz Revelación en 1996. Ella es la tercera por la derecha.
Cartel de 'Tierra y libertad', película con la que Pastor ganó el Goya a Mejor Actriz Revelación en 1996. Ella es la tercera por la derecha.

El último incendio (azuzado por el combustible de las redes sociales) abrasó en noviembre a Fernando Trueba y su película La reina de España. Ocurrió cuando fueron rescatadas unas declaraciones del director de hace dos años en las que aseguraba no haberse sentido español nunca. Una campaña, según Pastor, "brutal, injusta y despiadada, sin sentido ni razón, y verdaderamente hiriente". Ella le defiende: "Trueba ha hecho más por la imagen de nuestro país que muchos que dicen estar trabajando por la marca España con campañas, algunas de ellas, muy marcianas".

Pastor explica la diferencia en el día a día entre la interpretación y la política: "He salido de un trabajo absorbente, en el que no hay horas y te llevas el trabajo a casa, para meterme en otro que es cinco veces más. En la política es muy difícil parcelar, no puedes desconectar o dejar de pensar en todo lo que tienes que hacer. Cuando eres actriz, acabas el esfuerzo y hay espacios en blanco, en los que vuelves a la vida real, y esperas al siguiente proyecto. Aquí no".

¿Y qué va a pasar cuando termine la legislatura? Seguramente regresará al mundo del arte ya que no habla como alguien con grandes aspiraciones políticas a largo plazo. Tarde o temprano volverá a contar historias. "Cuando era joven, aún sin saber que eso era una posición feminista, ya me quejaba de hacer siempre de la tía, la prima, la hermana o la novia del protagonista. Siempre era un personaje subsidiario de otro, del varón al que sí le pasan cosas. Cuando he hecho comedia, el personaje gracioso que hace locuras es el del hombre. A la mujer siempre nos reparten el papel de la señorita que controla, que pone orden, que es muy sensata", lamenta.

A la izquierda, Rosana Rastor (de pie, abajo derecha) con Aitana Sánchez-Gijón y Ana Belén, entre otros, protestan contra la guerra en el Congreso (2003). A la derecha, en la manifestación Mujeres rumbo a Gaza (2016).
A la izquierda, Rosana Rastor (de pie, abajo derecha) con Aitana Sánchez-Gijón y Ana Belén, entre otros, protestan contra la guerra en el Congreso (2003). A la derecha, en la manifestación Mujeres rumbo a Gaza (2016). Cordon

Cuando finalice la legislatura, Pastor tendrá casi 60 años, una edad en la que a las actrices no les llueven los buenos papeles. "En esta profesión, como en tantas otras, quienes toman las decisiones (directores, guionistas, productores) son hombres. A nadie le extraña que la gran mayoría de las películas estén protagonizadas por hombres, mientras que las mujeres aparecen en la periferia de lo que le sucede al protagonista", señala.

"Esa desigualdad, sin darnos cuenta, va calando. De ahí nace la percepción de que la mujer solo está para servir al hombre cuando la necesita, o para hacer determinados trabajos sin acceso a derechos igualitarios". Pastor es consciente del poder masivo del cine para influir en la sociedad, lo cual despierta pasión en ella, pero también un sentido de la responsabilidad del que simplemente no se puede despojar. "Ha habido momentos de mi vida en los que he pensado que me gustaría ser panadera, trabajar con las manos, pero siempre me gustó demasiado la interpretación", reconoce.

De momento, en los cuatro siguientes años no interpretará. O sí: pero esta vez en un Congreso del que la echaron, y ahora es su lugar de trabajo.

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