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El jardín impresionista de Claude Monet

Nenúfares.
Nenúfares.
Desde 1895 hasta su muerte, en el año 1926, Claude Monet pintó sin descanso su jardín de Giverny. Este es un recorrido fotográfico por los rincones preferidos del maestro del impresionismo en aquel vergel de Normandía cuyos paisajes de agua y reflejos se volvieron obsesivos en su vida y en su obra.

TARDES DE SOL. Mirlos disfrutando y cantando. Durante casi un año, con Monet en la mente, he tenido el privilegio de pasearme con mi cámara por este jardín de Normandía, en Giverny, a solo unos 50 kilómetros de París. Me han maravillado los amaneceres y los atardeceres, cuando los turistas regresan a sus autocares y ya solo mandan el silencio y la paz. Hasta las flores y los árboles parecen apreciarlo. Claude Monet amaba esos momentos del día, cuando cae el sol y las ranas del estanque empiezan a croar. Se levantaba de su taburete y abandonaba el caballete y el cuadro en proceso. En verano, a partir de las cinco de la tarde, los nenúfares se cierran. Fumando su pipa, el viejo maestro, enfadado con la catarata que dificultaba su trabajo, se paseaba entre el Estanque Japonés y Le Clos Normand admirando capuchinas, cerezos, glicinias, sauces y nenúfares. Miraba los reflejos y el agua temblando. Es un jardín de pintor, no se parece a ningún otro. De inspiración francesa, británica y japonesa, también tiene un toque mediterráneo. “Esos paisajes de agua y reflejos se han vuelto obsesivos para mí, pero quiero seguir pintando más allá de mis fuerzas de viejo”, decía el artista.

Una dalia rosa.pulsa en la fotoUna dalia rosa.