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Visiones pasadas de la ciudad futura. La influencia del cine en la arquitectura.

La influencia del cine de ficción en la arquitectura es evidente cuando se revisan los edificios de hoy y se encuentran sus inspiraciones en películas de ayer. El cine y las ciudades se retroalimentan.

El edificio de la embajada de Estados Unidos, en el frente, ante las Pirámides de Giza, cerca de la plaza Tahrir, en el centro del Cairo, Egipto. Ampliar foto
El edificio de la embajada de Estados Unidos, en el frente, ante las Pirámides de Giza, cerca de la plaza Tahrir, en el centro del Cairo, Egipto. REUTERS

La arquitectura que aparece como marco de la ficción cinematográfica influye en ciertos casos en la futura configuración de la ciudad. Esta arquitectura de cine puede ser la existente más o menos manipulada o una recreación mimética de arquitecturas actuales o pretéritas. También puede consistir en una auténtica invención o en una interpretación de arquitecturas descritas en la literatura.

En cualquiera de los casos anteriores la aparición en la pantalla de estas arquitecturas orienta la percepción del espectador y nutre la memoria colectiva de los espacios y los estilos arquitectónicos. A través de este proceso se crea un circuito de retroalimentación por el cual la arquitectura aparecida en el cine influye en la arquitectura futura de la ciudad. Esto se traduce en una especie de “contaminación figurativa” de esta por aquella. Podemos encontrar ejemplos en el género de ciencia-ficción donde pretendiendo anticipar la arquitectura del futuro se ha generado una influencia real en la configuración de la misma a través de una inspiración más o menos consciente en los proyectos de los arquitectos.

Determinadas visiones científicas, plásticas o literarias han podido influir de modo directo en la arquitectura construida, pero a menudo esta influencia ha llegado a través del filtro cinematográfico, al proporcionar una representación visual mucho más cercana y asimilable y facilitar su sedimentación en nuestra memoria. Con frecuencia el circuito seguido por una idea o imagen arquitectónica habrá transitado de la ciencia a la literatura, de esta al dibujo o la pintura e incluso al cómic y finalmente al cine para de allí acabar materializándose en obras de arquitectura.

Siguiendo un recorrido cronológico podemos encontrarnos con visiones ilustradas como las de Moses King de 1908, titulada Sueño de New York o poco después, en 1913, La ciudad futura de Harvey Willey Corbet. En 1914 aparece el proyecto de La città nuova del arquitecto italiano Antonio Sant’ Ellia, de estética futurista. Estas obras guardan grandes similitudes con las ambientaciones cinematográficas posteriormente aparecidas en Metrópolis, de Fritz Lang en 1927 y Just Imagine, de David Butler en 1930. En la misma época, el arte de vanguardia ofrece sus propias versiones de la ciudad moderna, que coinciden con ciertas exaltaciones literarias coetáneas de la belleza del caos. Sendos collage de Paul Citroën y Kazimierz Podsadecki, titulados Metrópolis y la Ciudad-crisol de vida, respectivamente y fechados en los años 1923 y 1929 son representativos de esas aportaciones artísticas a la imagen de ciudad. También en 1929 aparecen visiones urbanísticas en la misma línea, como Futuro eje industrial de Nicolau Mª Rubió i Tudurí o Centro de negocios del futuro, de Hugh Ferris. Las vías de circulación a distintos niveles entre los altos edificios son una característica común de estas propuestas y de las ya citadas.

Un film paradigma de todas estas influencias y contaminaciones estéticas es La vida futura, de William Cameron Menzies, estrenada en 1936. Después de la casi total destrucción de la civilización a consecuencia de las guerras del siglo XX, en 2036 se construye Everytown, la ciudad subterránea que proporcionará a los supervivientes un habitat tecnológico, ordenado y eficiente. Este modelo de ciudad contrasta con el mucho más caótico y conocido de Metrópolis. Se basa en una novela de H.G. Wells: The Shape of Things to Come. No en vano este autor es conocido por su visiones utópicas a partir de la capacidad transformadora de la ciencia y sus aplicaciones tecnólogicas. La ambientación arquitectónica de esta película contó con aportaciones de personajes como Le Corbusier, Léger y Lazlo Moholy-Nagy. También se le atribuyen influencias estéticas de los cómics de Flash Gordon. A su vez la arquitectura de esta ciudad futura parece haber inspirado el modelo actual de edificio comercial, hotelero o de oficinas desarrollado en torno a un inmenso atrio, con profusión de galerías, pasos elevados y ascensores transparentes. Estas semenjanzas son evidentes por ejemplo en los hoteles de John Portman en los EE UU.

Un ejemplo que podría cerrar el círculo de las relaciones mencionadas entre arquitectura y ficción, en continuo proceso de retroalimentación, es el de la aparición en el cine de la ciudad de Seaside. Obra representativa del New Urbanism construida en Florida de nueva planta con cierto estilo nostálgico, fue elegida para el rodaje en 1998 de la película de Peter Weir titulada el Show de Truman, donde lo que se pretendía es que fuera un decorado de plató para una serie tipo reality show. Es decir la arquitectura real como “actriz que interpretaba el papel de decorado”. Se trata de un caso inverso al habitual en los estudios de Hollywood cuyos complejas recreaciones llegaron a simular ciudades de todas las épocas y continentes de modo más o menos realista, idealizado o incluso delirante. A menudo alguna urbanización o complejo turístico nos recuerda a los decorados de esta última tendencia.