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Migrados
Coordinado por Lola Hierro
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Danzas desde el exilio

Que los jóvenes refugiados aprendan y se expresen es importante para su bienestar mental y físico. La bailarina Luwam lo prueba

Entrevista con Luwam, refugiada en Etiopía.Vídeo: Servicio Jesuita de Refugiados
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Que los jóvenes refugiados puedan aprender y expresarse mientras se encuentran en el exilio es un aspecto clave para su bienestar mental y físico. La prueba viviente de ello es Luwam, una joven eritrea que, antes de huir, llegó a ser el centro de atención de su país. Llegó a formar parte del equipo nacional de danza y bailó ante funcionarios del Gobierno y miles de civiles durante las celebraciones de la fiesta nacional. "La gente venía de diferentes pueblos y ciudades. Las grandes multitudes siempre se reunían allí. Solía realizar las danzas Tigray y Tigrinya para la multitud", recuerda.

Su vida cambió el día que ella y su familia se vieron obligados a marcharse a Etiopía para escapar del mismo Gobierno que la había admirado. La razón: su padre había sido uno de los 400.000 eritreos obligados a cumplir una sentencia militar indefinida.

En Etiopía, su vida cambió de manera radical desde el primer instante en que entró a vivir en un campo de refugiados, algo que nunca antes le había ocurrido. ¿Cómo le ha ido desde entonces? Ella misma explica en este vídeo cómo su danza ayudó a superar obstáculos y vicisitudes.

Este vídeo es el segundo capítulo de una serie sobre Mercy in Motion, una campaña del Servicio Jesuita a Refugiados con la que pretenden sensibilizar a la población sobre la situación de miles de desplazados y recaudar 35 millones de dólares con el fin de escolarizar a 220.000 niños y adultos desde ahora hasta 2020.

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