Se puede vivir (y triunfar) sin redes sociales

Brad Pitt o Kate Winslet huyen de la presión de exponer su vida. Otros famosos lo hacen sin despertar interés, como Sharon Stone

De izquierda a derecha: Sharon Stone, Brad Pitt y Jennifer Lawrence.
De izquierda a derecha: Sharon Stone, Brad Pitt y Jennifer Lawrence.Cordon press
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La separación de Brad Pitt y Angelina Jolie ha sido una de las noticias del año en cuestión de celebridades. La ruptura de la que se consideraba como la pareja perfecta ha dejado, además, un hecho llamativo. Los fans de los Brangelina han tenido que enterarse de sus vicisitudes exclusivamente a través de los medios de comunicación, ya que ninguno de los dos comparte su vida a través de las redes sociales. No las usan, al menos de forma pública, y por tanto son uno de los mejores ejemplos de que en 2016 se puede vivir, y seguir teniendo éxito, sin ellas. No son los únicos. La lista de famosos que reniegan de la vida social en la Red es amplia, y con nombres con una popularidad a la altura de la de Brad o Angelina. Algunos incluso han declarado que las odian y que prefieren salvaguardar su vida privada en una época en la que Facebook, Twitter o Instagram son una herramienta fundamental en la carrera de la mayoría de estrellas del cine, la música y la moda.

Jennifer Aniston es una enemiga declarada de socializarse a través de las nuevas tecnologías. La actriz declaró que le daba pena “ver a los niños de hoy todo el día con el móvil o la tablet”. Jennifer Lawrence asegura que no tiene Twitter porque apenas le da para estar al día con sus emails y la oscarizada Kate Winslet argumenta su rechazo en que afectan a la autoestima de las mujeres jóvenes, llegando a favorecer trastornos alimentarios. Julia Roberts las compara a un placer momentáneo, como comerse un dulce, y Adele simplemente dice que no se siente cómoda usándolas. George Clooney fue mucho más duro, asegurando que prefiere “un examen rectal a abrirse una página de Facebook”. Scarlett Johansson no tiene actividad en las redes sociales simplemente por preservar su vida personal. El director de cine Quentin Tarantino es otro ejemplo de figura que continúa en plena actividad y sin ver mermado su éxito pese a no participar de las redes sociales. No son solo famosos de mediana edad. Algunos de los ídolos de los más jóvenes tampoco se suben al carro de la principal forma de comunicación de sus fans millennials. Los protagonistas de Crepúsculo Kristen Stewart y Robert Pattinson tienen numerosos perfiles con miles de seguidores, pero ninguno es oficial. Han sido creados por sus incondicionales, exactamente lo mismo que le ocurre a Daniel Radcliffe, el protagonista de la saga Harry Potter.

Una relación, la de los famosos y las redes, que deja otros ejemplos peculiares. Algunos de los más seguidos usan sus perfiles únicamente como herramienta de promoción personal o comunicación con sus fans, ya que siguen a muy pocas personas. Beyoncé, con más de 87 millones de seguidores en Instagram, directamente no sigue a nadie. El rapero Kanye West solo está atento a lo que hace una persona en Twitter, donde acumula 27 millones de followers. Se trata de su mujer, Kim Kardashian. Ella es una de las personas más seguidas del mundo, pero solo corresponde a 101 personas en Instagram. Son solo 27 los afortunados que son seguidos por Lady Gaga, y 67 por Madonna, aunque hasta hace poco eran poco más de veinte. Caitlyn Jenner sigue a 20 pero durante meses no siguió a nadie, y otros como Justin Bieber, Victoria Beckham o Selena Gomez tampoco superan la centena de personas por las que tienen interés.

Para otros el problema es que no despiertan demasiado el interés de la comunidad virtual pese a tener fama mundial. La actriz Neve Campbell, protagonista de la saga Scream, tiene solo 26.000 seguidores en Instagram, menos que muchos usuarios completamente anónimos. Sharon Stone, que fuera icono sexual y de estilo en los años noventa, se queda en 60.000 followers en Twitter, red social que usa principalmente para defender sus causas humanitarias, por lo visto poco populares en la era de los selfies.

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