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Aquellos meses en los que Ben Affleck y Jennifer Lopez convirtieron su vida en un circo

Fue la primera pareja destruida por Internet. Formaron 'Bennifer', exhibieron su opulencia y acabaron vapuleados por la opinión pública

Jennifer Lopez y Ben Affleck firmando autógrafos en la presentación de su película 'Gigli', en el Mann National Theatre de California (2003).
Jennifer Lopez y Ben Affleck firmando autógrafos en la presentación de su película 'Gigli', en el Mann National Theatre de California (2003). Getty

No había una pareja de famosos que disfrutase tanto con el foco encima. Eran exhibicionistas. Su universo de ostentación llegó al clímax en el vídeo de la canción de Jennifer Lopez, Jenny from the block. Ben Affleck acaricia el trasero a su entonces prometida, que está tomando el sol en la cubierta de un yate vistiendo un pequeño biquini rosa chillón. Todo el mundo lo vio. Es lo que ellos iban buscando. Estuvieron juntos 17 meses (de julio 2002 a enero 2004), fijaron la fecha de la boda, engendraron una criatura llamada Bennifer... Pero, sobre todo, fueron la primera pareja destruida por Internet. Antes de la irrupción de la Red, un publicista podía controlar la narrativa que daban los medios de sus estrellas. Desde la irrupción de la era digital eso es algo incontrolable. Y la relación de Lopez y Affleck fue el primer gran cadáver.

"¡Es horrible! Tiene demasiados colores. Los tatuajes de Ben siempre tienen demasiados colores". Esta burla fue la reacción que tuvo Jennifer Lopez (Nueva York, 47 años) cuando le preguntaron hace un par de meses su opinión acerca del tatuaje de su exnovio. Las fotografías de la enorme espalda de Ben Affleck (California, 44 años) decorada con un fastuoso fénix que no dejaba piel sin pigmentar dieron mucho más juego del que cabría esperar. Su reciente exmujer, Jennifer Garner, también tuvo una opinión al respecto: "¿Se supone que yo soy las cenizas? Me molesta. Me niego a ser cenizas". En vez de quedarse en anécdota, el tatuaje del actor pasó a formar parte de su hemeroteca íntima. Su vida está atestada de maniobras cuestionables que, con ayuda de sus parejas, han sido abiertas en canal, diseccionadas, exhibidas y muchas veces ridiculizadas. Y todo empezó con Jennifer López.

El contrato estipulaba que si Ben era infiel a Jennifer, ella tendría derecho a la mitad de su fortuna. Ella sería la que eligiese el número de hijos que la pareja engendraría, y él se comprometía a mantener relaciones sexuales cuatro veces a la semana

Cuando Ben conoció a Jennifer, él acababa de salir de rehabilitación. Tenía 30 años y ya bebía demasiado. Su relación con Gwyneth Paltrow le había causado una frustración acomplejada, porque ella se propuso "refinarle", sin éxito. Paltrow redecoró su apartamento de soltero, le introdujo en la alta sociedad de Nueva York e intentó convertirle en un galán. Pero a pesar de que Affleck tenga la mandíbula perfecta para ello, todas las tardes que pasó de niño en las calles de Boston pesaron demasiado y Gwyneth se cansó de jugar al Pygmalion. Tras recibir tratamiento para superar su alcoholismo, Affleck no tuvo reparos en manifestar su amor por Jennifer Lopez en marzo de 2002. Pero como esto es Hollywood, en vez de decírselo solo a ella, pagó 18.000 euros para publicar su declaración a doble página en dos revistas, Variety y The Hollywood Reporter.

"Eres un ejemplo de amabilidad, dedicación, humildad, elegancia de espíritu, hermoso coraje, gran empatía, talento impresionante y verdadero equilibrio. Ha sido un honor y un placer trabajar contigo. Ojalá tuviese la suerte de aparecer en todas tus películas. Con amor, respeto y gratitud, Ben Affleck". Esta hiperbólica proeza romántica, casi de película, coronaba la colaboración de Affleck y Lopez en la película Gigli (Martin Brest, 2002). Pero los medios de comunicación salivaron ante el delicioso giro de guion que escondía esta caballerosa declaración de amor: Jennifer Lopez estaba en ese momento casada con el coreógrafo Chris Judd.

Tres meses después, Lopez se divorció de Judd (su segundo marido, ya que primero estuvo casada con Ojani Noa) y empezó a dejarse ver con Affleck. En su primera aparición pública, la pareja fue a cenar a un restaurante de moda de Los Ángeles. Ella llevaba un chándal marrón claro con su propio nombre grabado con tachuelas en la espalda. Era como si Affleck quisiera demostrarle a Gwyneth Paltrow que sus intentos por domesticarle habían fracasado, al refugiarse en la cama de la autodenominada Jenny from the block ("Jenny la del barrio").

Ben Affleck acaricia el cuerpo de Jennifer Lopez en el vídeo de la canción de ella 'Jenny from the block'.
Ben Affleck acaricia el cuerpo de Jennifer Lopez en el vídeo de la canción de ella 'Jenny from the block'.

Así fue como Ben Affleck y Jennifer Lopez murieron, para engendrar a una criatura que les acabaría devorando: Bennifer. Aquel fue el primer apelativo de pareja que los medios inventaron. Después vinieron Brangelina (Jolie y Pitt), Tomkat (Tom Cruise y Katie Holmes), Kimye (Kim Kardashian y Kanye West), Billary (Bill Clinton y Hillary) o Zanessa (Zac Efron y Vanessa Hudgens). Se trata de un grotesco honor que indica que la prensa habla tanto sobre una pareja que necesita acortar sus nombres y, sobre todo, que el poder mediático de esa pareja está oficialmente por encima de sus dos individuos. Y fue cuando Bennifer anuló a sus dos miembros.

La pareja no era ninguna víctima en esta trama. Sus ostentosas muestras de afecto alimentaban al monstruo casi a diario. Al fin y al cabo una relación que había nacido con un anuncio a doble página no podía existir ya al margen del público. La prensa del corazón tenía claro lo que quería contar: Affleck y Lopez eran calaña, dos nuevos ricos que intentaban barrer sus orígenes de barrio debajo de la alfombra, pero ya se encargarían los medios justicieros de impedírselo. Lopez anunció su compromiso en una entrevista exclusiva, como si fuese una famosa de segunda, pavoneando su anillo de 1,2 millones de euros y contando cómo Ben llenó su casa de Boston de pétalos y velas para pedirle en matrimonio con su canción I'm glad sonando de fondo. Luego comieron pollo asado con los padres de él.

Bennifer no quería ocultarse, quería tener un foco permanentemente apuntándole. Solo eso explica que en el vídeo de la canción de Lopez Jenny from the block, el actor apareciese tomando el sol en la cubierta de un yate y acariciándole el trasero a su prometida. Un trasero que en aquel momento era casi más famoso que su dueña por culpa de los rumores (negados recientemente por ella) de que lo tenía asegurado en un millón de dólares. Y si nos encantó creernos aquel bulo (aparte de porque es fascinante) es porque encajaba perfectamente con la imagen de chuleta de Jennifer Lopez.

Y entonces nació 'Bennifer', un monstruo grotesco que anuló y acabó devorando a sus dos miembros, Jennifer Lopez y Ben Affleck

El mundo parecía ofendido por la vulgar desfachatez de la cantante, y a la vez no podía dejar de hablar de ello. Esas posaderas no estarían aseguradas, pero sí eran muy apreciadas por Ben, quien les regaló un retrete incrustado con piedras preciosas valorado en 90.000 euros. Calderilla comparada con el millón de euros que Affleck se gastó en la fiesta de cumpleaños de Lopez. Cuando parecía que Bennifer no podían ser más ordinarios, pasaron a la historia con el acuerdo prenupcial más rocambolesco del Hollywood reciente.

El contrato estipulaba que si Ben era infiel a Jennifer, ella tendría derecho a la mitad de su fortuna. Si él mentía, tendría que compensarla con 900.000 euros. Ella sería la que eligiese el número de hijos que la pareja engendraría, y él se comprometía a mantener relaciones sexuales cuatro veces a la semana. Probablemente el contrato especificase que esos cuatro polvos debían ser con ella. En medio de este esperpéntico compromiso Gigli se estrenó y generó pérdidas millonarias: el público se mostraba insaciable con Bennifer, pero no se los tomaba en serio. No eran artistas, eran famosos.

Ben Affleck corregía a todos los periodistas que se referían a su prometida como "J. Lo", un apelativo con el que ella misma se había rebautizado, pidiéndoles que le llamasen "Jennifer". "Jen ha tenido menos novios que cualquier otra chica en el instituto", aclaraba el actor. Y añadió: "En el sentido físico, ella es extremadamente casta. Ha tenido un historial romántico mucho más simple, más razonable y más limpio que el mío". Los esfuerzos de Affleck por limpiar la imagen de su futura esposa, aunque nadie le preguntase sobre ello, sonaban como rígidas justificaciones.

El actor y la cantante durante una escapada nocturna por Nueva York en 2003.
El actor y la cantante durante una escapada nocturna por Nueva York en 2003. Getty

Y además resultaban una perversa ironía, ya que Ben Affleck estaba haciendo con Jennifer Lopez lo mismo que Gwyneth Paltrow había intentado con él: cambiar a tu pareja por algo que no representa. Como si a Jennifer le hiciera alguna falta. El fuego de J. Lo era indomable, y de hecho funcionaba como su principal reclamo comercial. Ella no tenía ningún problema con ser de barrio, sino que lo explotaba. Era él quien se avergonzaba.

La boda de Bennifer estaba prevista para el 14 de septiembre de 2003, en una ceremonia paradójicamente privada en Montecito (California). Pero nunca tuvo lugar. La cancelaron cuatro días antes, aduciendo "falta de privacidad". ¿Qué esperaban? Los medios no tardaron en montar una teoría en torno al verdadero motivo de esa cancelación. Unos días antes, Affleck se había corrido una juerga en un club de striptease acompañado de Christian Slater y Tara Reid.

Lopez publicó un comunicado en el que aclaraba que ella estaba al tanto de esa parranda y que de hecho le había dado permiso para ir. En enero de 2004 la pareja anunció su ruptura, pero en realidad llevaban separados desde aquella noche. Nunca llegaron a buscar otra fecha para su boda. Ella explicó sin pudor que el motivo era "el estilo de vida" de Ben, y todo el mundo entendió perfectamente a qué se refería.

Cancelaron la boda cuatro días antes, aduciendo "falta de privacidad". Los medios no tardaron en montar otra teoría: días antes, Affleck se había corrido una juerga en un club de 'striptease' acompañado de Christian Slater

Tres días después de su separación, el cantante Marc Anthony se instaló en casa de Jennifer Lopez. Cuatro meses más tarde, Ben Affleck empezó a salir con Jennifer Garner, a quien había conocido en Daredevil (Mark Steven Johnson, 2003). Ambos parecían querer huir cuanto antes de Bennifer, incluso hacer como si no hubiera existido.

Jennifer Lopez ha recordado aquel episodio como si le hubieran arrancado el corazón. Reconoce que no le gusta estar sola, y que el amor que compartió con Affleck fue genuino. Él denunció que el desprecio con el que los medios trataron su relación estuvo relacionado con la raza y la clase. "Todavía sufrimos una poderosa influencia puritana, y nos aferramos a un ideal casto que implica la tradición de que cada persona debería estar con alguien como ella. A nosotros nos vieron como dos personas demasiado diferentes, no solo a nivel racial sino también cultural".

Hoy Ben y Jennifer no son amigos, quizá porque se recuerdan mutuamente a una etapa que prefieren olvidar, pero se escriben mensajes para felicitarse por sus triunfos profesionales. El más espléndido, el Oscar a la mejor película para Argo (Ben Affleck, 2012), le debe su existencia a la crisis post-Bennifer, cuando se convirtió en un hazmerreír que encadenaba un fracaso tras otro, tal y como explica el actor: "Pensé: 'Ya está, la cosa no puede ir a peor', y me encontré a mí mismo al decidir convertirme en director, porque a los directores sí se los toman en serio. Así que eso se convirtió en mi mantra: 'Voy a limitarme a trabajar más duro que los demás".

Doce años después, aquel circo parece un mal sueño. Una extravagancia experimental que observamos como a una pieza de museo, una reliquia de aquel momento en el que las estrellas no sabían gestionar la creciente contaminación de los recién nacidos medios de comunicación digitales.

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