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Libertades

Los ciudadanos han sido capaces de demostrar que Rajoy y Soria mintieron y de obligar al poder a rectificar

El presidente del Gobierno español en funciones, Mariano Rajoy, en la cumbre del G20 en China.
El presidente del Gobierno español en funciones, Mariano Rajoy, en la cumbre del G20 en China.Juan Carlos Hidalgo / EFE

La etapa previa a la caída del muro de Berlín provocó en la entonces llamada Unión Soviética y los países bien llamados satélites el nacimiento de un espléndido sentido del humor que se mantuvo hasta la completa desaparición del viejo sistema. Cuba, casi el último reducto de eso que se llamó comunismo, es el postrer fabricante de ese humor tan literario, y allí se quejan de que antes les mentían sobre las virtudes del socialismo, pero de que eso sirviera para ocultar que lo que les decían sobre el capitalismo era verdad.

En España tuvimos algo parecido con el franquismo, pero no dio un resultado literario de calidad apreciable, quizá porque el régimen franquista era la perfecta demostración de que el capitalismo puede tener todos los defectos, de que España era el ejemplo de esa verdad espantosa que están viendo aparecer los cubanos.

El capitalismo no está necesariamente ligado a la verdad ni a la libertad. La prueba última de ello la hemos tenido delante estos días: el nombramiento y el desnombramiento de José Manuel Soria como representante español en el Banco Mundial.

Mariano Rajoy y su Gobierno han hecho una gestión franquista del asunto de Soria y el Banco Mundial. Han mentido en todos los foros, han intentado utilizar el poder de una manera completamente abusiva. Y todo ello, en el convencimiento de que nos la iban a colar una vez más.

En este caso han sido las redes sociales, todas las fórmulas que al calor de Internet logran dar voz a los ciudadanos de cualquier estrato social, las que han servido para impedir una nueva tropelía de este Gobierno.

Yo creo que en España ya no hay nadie, desaparecido en la práctica el partido comunista prosoviético, que suspire por el socialismo que Nicolás Maduro les ha vendido con éxito a algunos profesores de Política de la Universidad de Madrid.

Por el contrario, cada vez hay más personas cultivadas que aprovechan las nuevas tecnologías para apoyar la participación ciudadana y la ampliación de las libertades. A la sempiterna teoría paranoica que pronostica que el Estado amenaza con devorarnos, se le puede oponer que igual que los panfletos servían para combatir a la literatura monopólica de la dictadura, las redes sociales superan a los programas que intentan controlarlo todo. Hoy, como ayer, y como siempre, la lucha por la verdad y por la libertad es posible.

José Manuel Soria mintió, Mariano Rajoy mintió, y los ciudadanos han sido capaces de demostrarlo y de obligar al poder a rectificar. Han defendido con éxito sus libertades.

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